
Introducción. Las abejas melíferas (Apis mellifera) desempeñan un papel fundamental en la polinización y equilibrio de los ecosistemas. Sin embargo, la expansión de la frontera agrícola, la deforestación y la ganadería han reducido sus hábitats naturales, lo que favorece el asentamiento de colmenas en entornos humanos y aumenta el riesgo de accidentes por picaduras. Aunque el choque anafiláctico es la complicación descrita con mayor frecuencia en la literatura, las picaduras múltiples pueden ocasionar manifestaciones sistémicas graves como lesión renal aguda con requerimiento de terapia de reemplazo renal. Presentación del caso. Hombre de 77 años, sin antecedentes médicos ni ocupacionales de relevancia, quien tras un ataque masivo de abejas melíferas sufrió un choque anafiláctico que requirió manejo inicial con epinefrina. Durante su evolución clínica presentó deterioro progresivo de la función renal, con criterios de urgencia dialítica, lo que motivó el inicio de terapia de reemplazo renal mediante hemodiálisis intermitente. Tras recibir abordaje multidisciplinario en la unidad de cuidados intensivos y manejo de los efectos adversos del veneno, se evidenció mejoría de la función renal y recuperación del gasto urinario, por lo que se decidió suspender la terapia de reemplazo renal. Conclusiones. El envenenamiento por múltiples picaduras de Apis mellifera puede desencadenar fallas orgánicas graves más allá de la anafilaxia, destacando la lesión renal aguda refractaria. La gravedad del cuadro clínico está condicionada de forma directa por el número de picaduras y la carga total de veneno inoculado, factores que determinan el desarrollo de disfunción multiorgánica.
Introducción. La atresia esofágica (AE) es una anomalía congénita del aparato digestivo que puede o no estar asociada a una fístula traqueoesofágica (FTE). La AE tipo I (aislada sin FTE) se caracteriza por una discontinuidad esofágica amplia que impide la anastomosis primaria, lo cual representa un desafío quirúrgico. Presentación del caso. Recién nacido pretérmino (36 semanas y 1 día) con diagnóstico prenatal de AE tipo A que fue sometido a 7 intervenciones, incluyendo medición seriada de cabos esofágicos, gastrostomía y reparación toracoscópica diferida con anastomosis término-terminal. En el posoperatorio presentó fuga anastomótica y estenosis, por lo que requirió colocación de un stent esofágico autoexpandible, dilataciones esofágicas y tratamiento médico para reflujo gastroesofágico. Durante su estancia hospitalaria presentó bacteriemia asociada a dispositivo intravascular que fue tratada con antibiótico escalonado. A los 4 meses de edad se le realizó un esofagograma contrastado de control que mostró integridad de la anastomosis, por lo que se procedió al retiro endoscópico del stent y, tras una evolución favorable y adecuada tolerancia a la vía oral, fue dado de alta. Sin embargo, un mes después reingresó por estenosis anastomótica y reflujo gastroesofágico grado II, por lo cual se realizó recambio de la gastrostomía por botón gástrico, con resolución de la sintomatología. Se restableció la vía oral y se indicó seguimiento ambulatorio, en el cual se evidenció evolución adecuada. Conclusiones. La AE tipo A requiere un enfoque de atención integral desde el diagnóstico prenatal hasta la reconstrucción esofágica. El uso de stents esofágicos autoexpandibles es una alternativa eficaz para el manejo de complicaciones postoperatorias como la fuga anastomótica y la estenosis.
Paciente femenina de 31 años con antecedentes de diabetes mellitus tipo 1, insuficiencia renal crónica en estadio terminal en tratamiento con hemodiálisis y anemia por deficiencia de hierro. En este contexto, se trata de una infección por Gemella Sanguinis, un agente bacteriano grampositivo conocido principalmente por su asociación con la endocarditis infecciosa. Sin embargo, en este caso se habla de una bacteriemia por este microorganismo, lo cual constituye un hallazgo poco común, sin registros en la literatura sobre la bacteriemia en pacientes inmunocomprometidos con Gemella Sanguinis. Esto plantea la necesidad de estudiar más a fondo las características propias de la bacteria y como esta puede afectar a este tipo de huéspedes. Además, su detección poco frecuente hace esencial un enfoque más práctico para identificarlo y tratarlo adecuadamente.
Resumen Introducción. La arteritis de Takayasu (AT) es una vasculitis de grandes vasos poco frecuente que compromete la aorta y sus ramas principales. Sus causas son desconocidas y su diagnóstico suele retrasarse ya que, en la fase inicial, predominan los síntomas sistémicos inespecíficos. Presentación del caso. Mujer de 18 años, quien fue remitida a una institución de tercer nivel de complejidad de Ibagué, Colombia, por disnea progresiva, edema en extremidades inferiores y palpitaciones durante las últimas 2 semanas. En la evaluación inicial se encontró paciente con hipertensión y taquicardia. Aunque en la exploración de cuello se evidenciaron soplos carotídeos bilaterales, en la auscultación cardíaca no se encontraron soplos, hallazgo que se mantuvo durante la hospitalización. El ecocardiograma transtorácico de ingreso mostró miocardiopatía dilatada con fracción de eyección del 27%, disfunción diastólica severa y dilatación del ventrículo izquierdo. En la resonancia magnética cardíaca no se observó edema miocárdico ni realce tardío con gadolinio. Durante la hospitalización se realizó una angiografía cerebral que mostró estenosis de la arteria subclavia derecha y del ostium de la arteria vertebral derecha, y un aortograma abdominal que mostró un pseudoaneurisma en la región inguinal derecha derivado de la arteria femoral común derecha. A partir de los hallazgos imagenológicos se confirmó diagnóstico de AT y se inició tratamiento inmunosupresor mediante pulsos de metilprednisolona intravenosa, terapia ahorradora de esteroides, profilaxis antiparasitaria y tratamiento anticoagulante, y se optimizó el manejo de la insuficiencia cardíaca. La paciente mantuvo estabilidad hemodinámica y clínica, sin presentar efectos adversos al tratamiento, pero a los 23 días del ingreso presentó episodios de hipertensión refractaria y fue ingresada a la unidad de cuidados intensivos por un componente cardiogénico probable, donde requirió soporte vasopresor y manejo con antibióticos de amplio espectro. Después de su estabilización y el desmonte del soporte vasopresor, fue trasladada a una institución de cuarto nivel de atención dada la necesidad de ajustar el tratamiento inmunosupresor y cardiovascular y realizar estudios avanzados para definir el compromiso de grandes vasos. Conclusiones. La identificación temprana de la AT permite iniciar un tratamiento inmunosupresor oportuno y adecuado, lo cual ayuda a controlar la enfermedad y prevenir complicaciones graves a largo plazo. Se debe sospechar en pacientes jóvenes con disfunción ventricular sin causa clara y tratar mediante un enfoque diagnóstico integral.
Resumen Introducción. La enfermedad de anticuerpos antimembrana basal glomerular es una vasculitis de vasos pequeños de muy baja prevalencia que puede presentarse como una enfermedad limitada a los riñones, cuyas manifestaciones varían desde insuficiencia renal relativamente leve hasta glomerulonefritis rápidamente progresiva (GRP), o como un síndrome pulmonar-renal (síndrome de Goodpasture), que incluye GRP y hemorragia alveolar difusa (HAD). Presentación del caso. Hombre de 49 años sin antecedentes médicos de importancia, quien ingresó a una institución de cuarto nivel de atención de Bogotá (Colombia) por fatiga, debilidad muscular, pérdida de apetito, múltiples episodios de vómito, evacuación de heces negras y anuria durante la última semana. Los laboratorios de ingreso mostraron sedimento activo y presencia de anticuerpos antimembrana basal glomerular (anti-MBG). Se realizó una tomografía computarizada de alta resolución de tórax en la que se observó compromiso alveolar multilobar bilateral y una biopsia renal cuyos hallazgos fueron compatibles con depósitos lineales de inmunoglobulina G (IgG) en la membrana basal glomerular. Teniendo en cuenta estos resultados y la presencia de HAD, se realizó diagnosticó de síndrome de Goodpasture y se instauró manejo con 3 dosis de metilprednisolona (500 mg vía intravenosa) por 3 días, seguido de prednisolona a 0.5 mg/kg/día oral por 30 días y 7 sesiones de plasmaféresis (1 diaria). Debido a la persistencia de HAD, a los 7 días del ingreso se indicó manejo con ciclofosfamida vía intravenosa. Aunque la afectación pulmonar fue resuelta, la función renal no se recuperó, por lo que el paciente egresó con requerimiento de diálisis. Conclusión. La enfermedad anti MBG es una vasculitis de vasos pequeños poco frecuente con una morbimortalidad bastante alta, por lo que su diagnóstico temprano es determinante para lograr un buen pronóstico. El diagnóstico se confirma con la realización de pruebas de anticuerpos anti MBG y biopsia renal, cuyos resultados, además, permiten establecer el tratamiento según recomendaciones basadas en la evidencia actual.