
La composición corporal es un determinante crítico de la salud metabólica y funcional, cuya regulación depende de la interacción dinámica entre la homeostasis energética, la inflamación sistémica y la integridad de la barrera intestinal. En este contexto, la microbiota intestinal es un eje fisiopatológico que modula la partición energética, el metabolismo de nutrientes, la sensibilidad a la insulina, y la distribución de la masa grasa y magra. La presente revisión analiza el papel de los nutribióticos y farmabióticos en la modulación de la composición corporal al integrar los mecanismos fisiometabólicos, los procesos inflamatorios y las rutas energéticas con implicación clínica actual y futura. Desde una perspectiva funcional, los nutribióticos favorecen la biotransformación de los sustratos dietarios, la biodisponibilidad de nutrientes y la regulación metabólica de los macro y micronutrientes, lo que contribuye a la homeostasis energética y al mantenimiento del tejido muscular. En contraste, los farmabióticos ejercen efectos bioterapéuticos mediante la modulación inmunometabólica, la producción de postbióticos en particular los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), y el fortalecimiento de la barrera intestinal, procesos asociados con la reducción de la endotoxemia y la inflamación de bajo grado. La evidencia sugiere que estas intervenciones reprograman rutas metabólicas relaciona das con la lipogénesis, la señalización insulínica, y la síntesis proteica favoreciendo las modificaciones en los compartimentos corporales. No obstante, lo heterogéneo de los hallazgos limita su integración mecanística y su aplicación clínica. En conjunto, nutribióticos y farmabióticos se perfilan como herramientas prometedoras para el tratamiento de la obesidad, la sarcopenia y el síndrome metabólico; sin embargo, su incorporación terapéutica exige ensayos clínicos robustos, biomarcadores estandarizados y marcos regulatorios que garanticen seguridad y reproducibilidad para su implementación en la práctica clínica.
La contaminación por metales pesados representa una amenaza ambiental significativa en cuerpos de agua, especialmente en las regiones con alta actividad minera y agrícola como es en el estado de Chihuahua, México. En este estudio se evaluó la capacidad de una cepa nativa de Chlorella vulgaris para tolerar y remover el plomo (Pb) y el cromo hexavalente [Cr(VI)] en condiciones de laboratorio. La microalga fue cultivada en medio Miracle-Gro y condiciones controladas de fotoperiodo, temperatura y aireación. Se determinaron la concentración mínima inhibitoria (CMI), la cinética de crecimiento y la eficiencia de remoción de los metales a concentraciones de 5 y 50 mg/L. Los resultados mostraron que C. vulgaris tolera concentraciones bajas de Pb y logra remover más del 90% en las primeras 48 horas. En contraste, el Cr(VI) mostró una toxicidad significativa, al reducir drásticamente a la biomasa incluso a 5 mg/L. Las observaciones microscópicas evidenciaron daño celular asociado a la exposición al Cr(VI). Se concluye que C. vulgaris presenta un alto potencial para la biorremediación de aguas contaminadas con plomo, aunque se identifican limitaciones críticas para el cromo hexavalente. El presente estudio respalda el desarrollo de tecnologías sustentables con base en la utilización de microalgas para el tratamiento de aguas residuales en regiones del norte de México.
El estudio de las infecciones multiespecie en las plantas es determinante para comprender su impacto en la salud y en el rendimiento de los cultivos, y para establecer estrategias hacia un manejo sustentable. En esta revisión, se discuten las principales coinfecciones causadas por fitopatógenos, con especial atención a las aproximaciones experimentales para identificar las interacciones sinérgicas y antagónicas mediante ensayos de coinoculación. También se menciona el potencial de la ecología sintética en la generación de comunidades microbianas y su contribución al estudio y control de las coinfecciones. Aunque la ecología de las coinfecciones ha sido explorada, su estudio en sistemas experimentales convencionales presenta múltiples limitantes, por desconocerse: la diversidad y dinámica de las comunidades microbianas, la contribución individual en la coinfección, la evolución de los mecanismos de virulencia, los mecanismos de defensa del hospedero y el efecto de las condiciones ambientales en la incidencia y severidad de la coinfección. Una alternativa es la utilización de la ecología sintética por su posible aportación al desarrollo de nuevos modelos experimentales que expliquen las interacciones en una infección multiespecie, y en el diseño de estrategias sostenibles de protección a los cultivos agrícolas para garantizar la seguridad alimentaria. Esta revisión propone el estudio de las infecciones multiespecie desde una perspectiva ecológica, con herramientas de ecología sintética, para un biocontrol sustentable y un manejo integral.
Se mencionan períodos importantes para el origen de la biodiversidad de las plantas terrestres en un contexto evolutivo que refleja el patrón de cambio estructural y de ambientes a través del tiempo profundo. Se entiende que la biodiversidad actual representa una síntesis de los cambios y relaciones de los procesos del Sistema Tierra, en donde la vida interacciona con la litósfera, hidrósfera y atmósfera. La interacción de los componentes de este Sistema se manifiesta como respuesta en las formas de vida a lo largo del tiempo geológico, documentados a través del registro fósil. Además, se resalta la importancia de la conservación de la biodiversidad, su entorno abiótico y desde el origen de la vida en la Tierra, hasta nuestros días. Esto para lograr una mejor comprensión de la interrelación del Sistema Tierra, que se manifiesta en la biodiversidad actual.
La Acrilamida (AA) es un compuesto tóxico que se forma al reaccionar los azúcares reductores y aminoácidos contenidos en los alimentos cocinados a elevadas temperaturas. Por otra parte, el extracto de cáscara de rambután (ECR) es una fuente de diversos compuestos bioactivos con reconocida actividad antioxidante. El objetivo fue evaluar esta actividad del ECR (4 – 64 μg /mL), así como su CL50 en un cultivo primario de leucocitos, con el fin de asegurar su inocuidad y evaluar su efecto genoprotector contra el daño causado en un modelo de toxicidad in vivo, en ratas Wistar expuestas a la acrilamida (20 mg/kg de pc). Se observó una viabilidad mayor al 75% después de la exposición de los leucocitos al ECR, en todas las concentraciones utilizadas, por lo que se consideró no tóxico. Se estableció una CL50= 94.61 μM para la AA en este modelo experimental. El ECR mostró una notable disminución en el daño al DNA, al reducirse la formación de micronúcleos (MN) en los eritrocitos policromáticos (EP) procedentes de la médula ósea de ratas Wistar tratadas con AA vía oral. Se concluye que por estas características se perfila como un potencial nutraceútico.