
El trabajo reciente de Max Núñez Arquitectos ha tendido al diseño de sofisticados proyectos en acero, donde las dobles bóvedas de cañón aparecen como un tema significativo para la oficina. En este contexto, la Casa Doble Bóveda (2025) representa un avance para esta exploración en curso al compararla con su anterior Casa de Vidrio (2018). En este comentario, el autor revisa las innovaciones de diseño -utilizando la Silver Hut de Toyo Ito como un dispositivo de encuadre-, preguntando cómo las estrategias materiales impactan en la concepción programática y espacial en el interior y exterior de la casa.
En 2026, ARQ dedica su ciclo anual a la vivienda, aproximándose desde tres escalas: la vida que transcurre entre sus muros; la vivienda colectiva como pieza constitutiva de la forma urbana; y los espacios intermedios -infraestructuras, umbrales o zonas grises- que median entre el hogar y la ciudad. Desde políticas habitacionales hasta tipología, este ciclo invita a repensar los supuestos sobre los que la vivienda se discute, se construye y se proyecta.
Kawelluco es una casa en una serie con la que sus arquitectas cuestionan la necesidad del pasillo. Tradicionalmente encargado de organizar y jerarquizar un interior doméstico, aquí se exterioriza y se hibrida. Ni circulación ni terraza, este espesor habitable -que no termina de estar protegido de los elementos ni abierto completamente a ellos- desplaza el centro de atención desde el corazón de la casa hacia lo que ocurre en sus bordes, mediado por los movimientos de sus ocupantes, el paisaje circundante y las condiciones climáticas y lumínicas del bosque que la rodea.
La destrucción de viviendas tras una catástrofe tiene el potencial de afectar no sólo el espacio doméstico, sino la forma en que muchas personas se ganan la vida. Este es el caso de las viviendas de emergencia construidas en la Región de Atacama tras los aluviones de 2015, cuyos usuarios han modificado y ampliado para dar cabida a actividades productivas. Analizando sus patrones de adaptación y expansión a escala familiar y barrial, este artículo subraya la necesidad de superar la dicotomía vivienda/ trabajo y de comprender la casa como un “espacio híbrido”, un tema que se demuestra crítico en contextos posdesastre.
Distinct from the conventional dwelling, model homes have served as a pivotal instrument of architectural, social, and economic persuasion throughout twentieth century United States. Unlike traditional residences, which prioritize privacy, model homes are defined by their function as visitor spectacles, serving as "dialogic devices" that communicate specific cultural and consumerist values. This article examines the role that this building type has played in mediating between architectural innovation and the lived reality of the domestic environment, establishing model homes as compelling objects of historical inquiry.
En Malibú, como en muchas comunidades costeras del mundo, la vivienda frente al mar ha funcionado históricamente como una barrera para el espacio público de la playa. Este proyecto de título propone una nueva zona de superposición normativa -Malibu Ocean Front Overlay Zone (MOFOZ)- que redefine la relación entre vivienda, acceso y línea de pleamar. Al introducir nuevas tipologías domésticas y corredores públicos que atraviesan los lotes privados, y al reformular con cierta dosis de juego la noción de “carácter” arquitectónico, el proyecto subraya el potencial de la zonificación como instrumento de diseño -uno capaz de producir litorales más accesibles e inclusivos.
Tomando como referencia tradiciones preindustriales de la vivienda, esta casa reúne producción y reproducción en un interior programáticamente indeterminado pero espacialmente diferenciado. Un espacio central rematado por dos patios, perforado por lucernarios de distintas alturas y paneles móviles, regula luz, ventilación y sonido. Deslizar dos paneles establece una conexión directa entre la calle y el fondo del sitio, permitiendo múltiples formas de ocupación privada y pública -desde habitar y trabajar hasta reuniones y exposiciones-. Una paleta material deliberadamente sobria aborda la huella de carbono del edificio y refuerza la conocida idea de que la generosidad espacial puede surgir de la restricción material.
El cine mexicano de la Época de Oro puso las nuevas tecnologías domésticas -hasta entonces reservadas a espacios privados e íntimos dentro de las viviendas- frente a audiencias masivas. Esta inclusión, sin embargo, no se limitó a la utilería: los productos contribuyeron a interpelar los nuevos valores sociales del período en México. Este estudio invita a reflexionar sobre cómo la actuación melodramática de cocinas, aspiradoras y refrigeradores construyó un imaginario sociotécnico doméstico que sirvió como alegoría nacional sobre procesos acelerados de transformación social a mediados del siglo XX.
Una referencia es, con frecuencia, más de lo que aparenta. La Casa Doble Bóveda revisita la casona colonial chilena, pero pasa por encima de su materialidad y tectónica (gruesos muros de adobe, galerías con pilares de madera, pesadas tejas de arcilla) para concentrarse en sus fundamentos tipológicos: el patio como vacío estructurante, la prominencia espacial de los altos interiores con sus cerchas a la vista y la indiferencia de la forma frente al programa. Dos naves paralelas se organizan en torno a cuatro patios que median entre lo común y lo privado, entre adentro y afuera. Lo que las diferencia son las subdivisiones interiores; lo que las unifica está siempre visible arriba: dos bóvedas de acero liviano y prefabricado con sus juntas y fijaciones a la vista.
En algunas casas, la etiqueta “experimental” alude a decisiones de diseño o construcción poco comunes. Aquí describe una condición doméstica en curso. Posada en las laderas de Quito, dos esbeltos volúmenes de ladrillo albergan la casa y el taller de un investigador junto a una segunda vivienda, organizadas en torno a un patio compartido. Troncos de eucalipto arriostrados por barras de acero conforman la estructura, mientras estrategias climáticas pasivas y sensores integrados median y registran su desempeño. Los materiales se dejan a la vista-un gesto estético que también señala que La Vicentina, prototipo de investigación para una vivienda urbana resiliente, permanece bajo la mirada conjunta de la ciencia y de sus habitantes.
En el contexto actual de crisis ecológica y escasez de suelo urbano bien localizado, la ampliación y actualización de viviendas existentes debería constituir un campo relevante para la práctica contemporánea. Si habitar es un acto creativo, como afirma el autor de esta obra, la operación central del proyecto es disponer un soporte espacial capaz de responder a nuevas formas de vida, al mismo tiempo que asegura el confort térmico y la calidad espacial de la propuesta. Esto se logra mediante una grilla acotada de elementos, a la espera de ser reinterpretada por sus habitantes.
Interior and exterior; artifice and nature. The dualities that shape the relationship between architecture and landscape may not be as fixed as we think. In a photographic session devoted to the Glass/Wood House-designed in the 1950s by Joe Black Leigh and renovated by Kengo Kuma between 2006 and 2010-visual representation serves as a tool to collapse the binary perception of space. In this photographic essay, Erieta Attali recounts her process, revealing her references and the personal character that marks her work.
Inserto en una zona urbana de baja densidad donde predominan las viviendas unifamiliares aisladas, este proyecto explora cómo densificar un lote de esquina sin perder la escala ni la vida de barrio. La respuesta al encargo son cuatro unidades estrechas pero profundas que, aprovechando el desnivel natural del sitio, se organizan en una secuencia de medios niveles articulados por un vacío central que introduce luz, aire y vegetación al interior. Paneles plegables regulan la relación entre los recintos y la calle, permitiendo que la vida doméstica oscile, con diversos gradientes, entre la privacidad y la exposición.
Deserta Ecofolie reimagina el mito de origen de la arquitectura a través del “objeto ecotécnico” mínimo. El prototipo autosuficiente, instalado en la Bienal de Venecia 2025, combina tecnologías low-tech para desafiar la mirada extractivista sobre el desierto de Atacama y ensayar formas radicales de habitar en un clima extremo. En un contexto discursivo donde la frontera entre naturaleza y cultura tecnológica es porosa, el prototipo expone la fragilidad de la utopía ecológica contemporánea e insta a imaginar alternativas críticas frente a nuestra persistente incapacidad de responder a la crisis ambiental.
Los asentamientos de Fordlândia y Belterra (1927-1945) marcan el fallido intento de Henry Ford de crear una utopía industrializada en el Amazonas brasileño. El proyecto, cuyo objetivo era establecer una industria del caucho, enfrentó graves desafíos ecológicos que podrían descartarse como mala planificación. Sin embargo, resalta un conflicto más profundo entre dos modelos maquínicos: el modelo abstracto y controlado del fordismo y el modelo dinámico e interconectado de los ecosistemas vegetales del Amazonas. Esta investigación sostiene que el fracaso de Ford no sólo obedece a errores técnicos, sino también a la incompatibilidad fundamental entre el capitalismo industrial y las ecologías relacionales de la naturaleza misma.
Uno de los edificios más viralizados de 2025 es en realidad la escenografía de un artista urbano latinoamericano. Sin embargo, por su naturaleza -y la del proyecto musical que lo enmarca-, esta construcción se puede leer en clave de pabellón expositivo, de manifiesto. En esa línea, este texto reflexiona en torno a esta “casita” puertorriqueña y cómo esta obra de arquitectura encarna las vicisitudes de una identidad local y regional que se mueve entre lo que fue y lo que será, entre la nostalgia, la utopía y la resistencia.
Desde el momento de su llamado “descubrimiento”, América ha sido imaginada como un lugar de posibilidad. El Nuevo Mundo: un sobrenombre construido desde fuera y a la distancia; tierra de promesas, riesgos, abundancia y mito. Estas visiones de potencial inexplorado -entrelazadas con la conquista y el extractivismo- convirtieron al continente en un escenario donde las utopías podían realizarse, muchas veces al costo de borrar a sus habitantes originales y sus ecologías. Acuñada por Tomás Moro en 1516, la palabra utopía contiene una ambigüedad reveladora: significa “no lugar” (ou-topos), pero se asemeja a “buen lugar” (eu-topos). Desde entonces, el concepto oscila entre la aspiración y la crítica, entre imaginar alternativas radicales y evidenciar los fracasos más profundos de la sociedad. En un contexto marcado por el colapso climático y la inestabilidad política, este número de ARQ se pregunta qué puede ser la utopía hoy. ¿Cómo siguen operando sus ideas -de rechazo, de posibilidad, de transformación- en los territorios y en la arquitectura en América? ¿Qué proyectos contemporáneos movilizan la utopía no como evasión, sino como herramienta para pensar futuros más justos, más situados y no por ello menos radicales?
Inicialmente concebido como una utopía modernista -que abordaba la escasez de viviendas mediante arquitectura prefabricada y cultivaba un “espíritu universitario” a través de vida estudiantil común-, el Complejo Residencial de la Universidad de São Paulo (CRUSP) pronto trascendió su función original. Durante la dictadura militar de Brasil, se convirtió en un lugar de resistencia, apropiación y disputa simbólica. Basándose en el trabajo de campo, la investigación de archivo y la teoría crítica, este artículo muestra cómo la arquitectura del CRUSP permitió la vida colectiva, el agenciamiento político y la resonancia simbólica duradera, erigiéndose hoy como una utopía inacabada que continúa dando forma a los imaginarios de pertenencia y disidencia.
En 1959, Fernando Belaúnde Terry, expresidente y arquitecto peruano, publicó La conquista del Perú por los peruanos, un documento que detalla las bases de una utopía nacional que miraba a la Amazonía como motor de progreso. Sin embargo, al revisar los proyectos clave de su visión, como la Carretera Marginal de la Selva y el Servicio Cívico Fluvial, el territorio es constantemente caracterizado como un “espacio vacío”. A partir de testimonios y lecturas amazónicas, la narrativa modernizadora revela sus consecuencias de despojo e invisibilización, constatando la mentalidad colonial que subyace a la retórica del progreso.
La abstracción del espacio jugó un papel clave en la ocupación europea de las Américas, convirtiéndose en un fundamento de la modernidad y la colonialidad. Al examinar las transformaciones filosóficas, cartográficas y arquitectónicas entre los siglos XV y XVII, Lara muestra cómo la abstracción espacial redujo realidades diversas a superficies medibles, abriendo camino a la noción cartesiana del espacio. Al relacionarla con el desarrollo de la modernidad -como el cogito ergo sum de Descartes-, este ensayo revela su rol en la configuración y control de todo un continente.