
Las micosis profundas y tropicales son infecciones emergentes desde la aparición del sida. En Francia continental, los médicos pueden encontrarse con casos de enfermedades importadas por viajeros o inmigrantes, cuyo diagnóstico diferencial resulta difícil. El diagnóstico se realiza a menudo por métodos de laboratorio (examen directo, cultivos micológicos, histología, microbiología molecular en algunos centros especializados), aunque el conocimiento de las manifestaciones clínicas (frecuentemente cutaneomucosas y a menudo reveladoras) y de la epidemiología sigue siendo esencial.
Las heridas agudas y crónicas no cicatrizan de la misma manera. Deben adaptarse los cuidados locales, en particular los apósitos, elegidos en función del tipo de herida. En el caso de las heridas agudas, en las que se espera una cicatrización rápida, generalmente como complemento del tratamiento quirúrgico, el control de la hemorragia, la prevención de la infección y la comodidad del paciente son factores decisivos en esta elección. En el caso de las heridas crónicas, en las que la cicatrización es un proceso a largo plazo (>6 semanas), el apósito debe ayudar a la detersión, al control de la infección, al control de los exudados y a la preservación de la piel periférica. Deben ser capaces de "acelerar" la cicatrización, que a menudo se retrasa por factores biológicos complejos y las comorbilidades del paciente. Los profesionales se enfrentan siempre a la difícil decisión de elegir el apósito adecuado para el paciente, basándose no sólo en el estado de la herida, sino también en criterios de disponibilidad, precio y reembolso. A continuación se presenta una clasificación de los distintos apósitos actualmente disponibles en Francia, con detalles sobre su composición, presentaciones, instrucciones de uso, indicaciones y contraindicaciones, indicaciones incorrectas, ventajas e inconvenientes.
El prurito es el principal signo funcional en dermatología. El conocimiento de su fisiopatología está progresando rápidamente, en particular con la identificación de vías no histaminérgicas. Existen muchas causas de prurito, tanto cutáneas como extracutáneas. Muchas enfermedades renales, hepáticas, endocrinas, hematológicas, neurológicas y de otro tipo pueden causar prurito. El prurito también puede ser iatrogénico, vinculado al envejecimiento de la piel o a trastornos psíquicos. El tratamiento del prurito es muy importante para la calidad de vida del paciente. En la actualidad existen posibilidades terapéuticas cada vez más eficaces.
Los linfomas B cutáneos, menos frecuentes que los linfomas T cutáneos, representan el 20-25% de todos los linfomas cutáneos. Su presentación anatomoclínica difiere de la de los linfomas B sistémicos con localizaciones cutáneas secundarias, y su tratamiento es específico. Se observan tres subtipos principales, según la clasificación de linfomas cutáneos de 2018 de la Organización Mundial de la Salud-Organización Europea para la Investigación y el Tratamiento del Cáncer (OMS-EORTC) y la clasificación de neoplasias hematológicas de la OMS de 2022: linfomas cutáneos B centrofoliculares, linfomas cutáneos B de la zona marginal y linfomas B de células grandes de tipo miembro inferior. Los linfomas cutáneos B centrofoliculares y los linfomas cutáneos B de la zona marginal suelen tener un curso indolente y un buen pronóstico. Se dice que los linfomas B de células grandes de tipo miembro inferior son de agresividad intermedia, y su pronóstico ha mejorado notablemente desde el uso de la poliquimioterapia combinada con rituximab. Una clasificación TNM para todos los linfomas cutáneos distintos de la micosis fungoide y el síndrome de Sézary permite estadificar estos linfomas B cutáneos. Se han propuesto recomendaciones de gestión tanto a escala nacional como internacional. La biopsia de piel se utiliza para hacer el diagnóstico, pero la comparación anatómica y clínica suele ser muy útil en el proceso diagnóstico. Un estudio de extensión, que incluya una TC toraco-abdomino-pélvica o una tomografía por emisión de positrones, ayudará a descartar una localización cutánea secundaria de un linfoma B sistémico. En cuanto al tratamiento, para los linfomas cutáneos B indolentes de la zona marginal y los linfomas centrofoliculares, generalmente se propone el tratamiento local como terapia de primera línea. En algunos casos, incluso es aceptable un enfoque de vigilancia simple. En otros tipos de linfoma B cutáneo, a menudo se recomienda una poliquimioterapia combinada con rituximab.
Las reacciones cutáneas a medicamentos son un motivo frecuente de consulta. Las más frecuentes son las reacciones de hipersensibilidad inmunomediadas. El término de toxidermia podría aplicarse a todas las reacciones medicamentosas, pero hoy en día suele reservarse para las reacciones de hipersensibilidad retardada (inmunomediadas o no). Pueden ir desde un exantema leve hasta cuadros clínicos graves y potencialmente mortales como la necrólisis epidérmica tóxica. Las reacciones de hipersensibilidad inmediata, cuya gravedad es igualmente variable, también se tratan en este artículo. El manejo terapéutico de las reacciones cutáneas a medicamentos no se limita al tratamiento de urgencia; es necesario un seguimiento prolongado de las reacciones más graves debido a la posible aparición de reactivaciones (erupción medicamentosa con eosinofilia y síntomas sistémicos), secuelas (necrólisis epidérmica tóxica) o complicaciones. La recogida inicial de datos de la anamnesis y una descripción semiológica precisa de las lesiones son vitales para establecer las recomendaciones que se pueden dar al paciente y para orientar la investigación alergológica que se llevará a cabo a continuación de forma sistemática. El objetivo de esta última es confirmar o refutar las hipótesis formuladas y precisar los medicamentos contraindicados, así como las posibles alternativas para limitar la pérdida de oportunidad asociada a la suspensión del medicamento. Este tema está en constante evolución debido a la llegada continua de nuevas moléculas y nuevas técnicas terapéuticas, con el desarrollo de protocolos de farmacodependencia, e incluso la posible decisión de continuar o no un tratamiento imputable (treating through).
Los nevos melanocíticos, también conocidos como nevos pigmentarios, son tumores cutáneos benignos, a menudo pigmentados, caracterizados por un aumento del número de melanocitos, tras una proliferación transitoria y limitada. Las clasificaciones más recientes describen varios tipos de nevos melanocíticos. La forma más frecuente es el nevo melanocítico compuesto común, que corresponde al «lunar». Otros tipos de nevos melanocíticos que destacan por sus características clínicas, su evolución y las anomalías moleculares asociadas son los nevos de Spitz y los nevos azules. Las dos cuestiones principales son la distinción clínica e histológica entre un nevo y un melanoma, en el marco de la detección clínica y el diagnóstico, así como el diagnóstico diferencial con otras lesiones cutáneas pigmentadas que no son de naturaleza melanocítica.
Las enfermedades hereditarias del tejido conjuntivo (EHTC) constituyen un vasto grupo de trastornos genéticos heterogéneos en cuanto a sus manifestaciones clínicas, frecuencia, modo de transmisión y gravedad. Estas enfermedades suelen tener una presentación cutánea, razón por la cual deben ser conocidas por los dermatólogos, pero también tienen una amplia gama de manifestaciones extracutáneas, que pueden tener un pronóstico grave. Este artículo aborda las EHTC clásicas asociadas a anomalías en la biología de las fibras de colágeno (incluidos los tipos clásicos, hipermóviles y vasculares de los síndromes de Ehlers-Danlos), así como las displasias y distrofias de las fibras elásticas determinadas genéticamente (enfermedad de Marfan, cutis laxa, seudoxantoma elástico, etc.). Su descripción clínica sigue perfeccionándose año tras año. La nosología de las EHTC también sigue enriqueciéndose con la descripción de nuevos fenotipos y la asociación de nuevos genes. La mayoría de las EHTC son afecciones graves, con lesiones cardíacas, vasculares o respiratorias. Aunque el pronóstico vital no está comprometido de forma sistemática, el dolor, el deterioro de la función articular y el carácter visible de las lesiones cutáneas pueden tener un impacto considerable en la calidad de vida. En 2025, el manejo de las EHTC sigue siendo principalmente sintomático, centrándose en las manifestaciones clínicas y en su impacto funcional o pronóstico. Esto subraya la importancia de seguir investigando los mecanismos fisiopatológicos (implicación de las vías de señalización) y las posibles dianas terapéuticas etiológicas.
La morfea pertenece a un grupo de dermatosis inflamatorias caracterizadas por una infiltración esclerosante circunscrita de la piel. La morfea ya no debe denominarse «esclerodermia localizada», para evitar la confusión con las esclerodermias sistémicas, en particular con la esclerodermia sistémica cutánea limitada. Se han descrito tres formas: morfea en placas, morfea lineal y morfea generalizada. Hay una mayor frecuencia de formas lineales en niños y de formas en placa en adultos. Las manifestaciones extracutáneas, esencialmente locales, son posibles, sobre todo en las formas lineales de los niños. Casi el 50% de los pacientes de morfea presentan liquen escleroso genital. Por lo tanto, una exploración física completa, que incluya todas las mucosas, es indispensable. En presencia de liquen escleroso genital, debe tratarse y vigilarse, debido al riesgo asociado de transformación maligna. El diagnóstico de la morfea es ante todo clínico. La biopsia cutánea está indicada en caso de duda diagnóstica. La elección del tratamiento depende del subtipo clínico, la extensión de las lesiones y su gravedad. Para la morfea en placas o lineal superficial, el tratamiento tópico es suficiente. La morfea profunda, lineal o generalizada suele requerir un tratamiento sistémico.
La micosis fungoide y el síndrome de Sézary representan más del 50% de todos los linfomas cutáneos. Son linfomas T primariamente cutáneos, identificados con claridad en el seno del conjunto de los linfomas en la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2018. El diagnóstico se sospecha por la clínica en la gran mayoría de los casos y se confirma mediante la biopsia cutánea. El estadio del linfoma se precisa mediante la clasificación TNMB (tumor, ganglios [nodes], metástasis, sangre [blood]) revisada por la ISCL (International Society for Cutaneous Lymphoma)/EORTC (European Organization for Research and Treatment of Cancer), y está determinado por el tipo lesional y la extensión de las lesiones cutáneas, así como por la posible presencia de una afectación extracutánea ganglionar e incluso visceral. El estudio de extensión requerido varía según el estadio. El pronóstico depende también del estadio; los estadios iniciales tienen muy buen pronóstico, pero puede empeorar como consecuencia de la transformación citológica de la micosis fungoide. La etiología y la fisiopatología de estos linfomas no se conocen con precisión. Se han elaborado recomendaciones con el fin de guiar al médico en la elección del tratamiento. En la micosis fungoide en estadio de máculas o placas infiltradas sin afectación ganglionar clínica ni histológica, se proponen tratamientos locales como primera línea. Se trata de dermocorticoides, fototerapia o quimioterapia local de tipo clormetina en gel. En los otros estadios, incluido el síndrome de Sézary, se propone un tratamiento sistémico de entrada: interferón, metotrexato o bexaroteno, o anticuerpos monoclonales como el mogamulizumab o el brentuximab.
Las quemaduras constituyen una urgencia terapéutica y, por tanto, el dermatólogo debe conocerlas. La etiología principal es térmica, pero también existen quemaduras químicas, eléctricas y por irradiación. La evaluación inicial de la quemadura es fundamental e incluye en particular la estimación de la superficie corporal afectada y la profundidad de las lesiones. De esta forma se puede establecer la gravedad de la lesión y considerar un pronóstico. Se describen medidas prácticas de tratamiento. Se analizan las complicaciones y secuelas, especialmente las que interesan más particularmente a los dermatólogos y se benefician de su experiencia (cicatrices hipertróficas, eccematización, discromía, transformación maligna, etc.).
Las malformaciones vasculares son anomalías congénitas en el desarrollo de los vasos. Pueden causar en particular molestias estéticas, dolor, supuración o hemorragias, deformaciones e incluso insuficiencia cardíaca en unos pocos casos. Hay distintas formas de malformación: localizada, sistematizada o diseminada por varias zonas del cuerpo. Afectan principalmente a un tipo de vaso (capilar, venoso, arterial, linfático), pero también pueden ser complejas y combinadas, puramente vasculares o asociadas a otras anomalías. La exploración física incluye una serie de elementos básicos que permitirán sospechar el diagnóstico en la mayoría de los casos: color, aspecto, tamaño, distribución, localización, palpación, temperatura local, dolor y auscultación. La ecografía Doppler permite diferenciar dos grandes grupos: las malformaciones de alto y bajo flujo. La mayoría son esporádicas, pero algunas se transmiten por vía genética. La clasificación clinicorradiológica e histopatológica de la International Society for the Study of Vascular Anomalies ha permitido crear una nomenclatura uniforme que facilita la práctica clínica y la investigación. En los últimos 20 años se ha descubierto el origen genético y el mecanismo molecular del desarrollo de estas malformaciones. Desde que se identificaron las primeras mutaciones somáticas tisulares en las malformaciones venosas, ahora se reconoce que la mayoría de las malformaciones vasculares están inducidas por mutaciones hereditarias o somáticas que hiperactivan dos importantes vías de señalización intracelular: la vía RAS/MAPK/ERK y la vía PI3K/AKT/mTOR.
Las glándulas sudoríparas y sebáceas forman parte de los anexos de la piel y desempeñan un papel importante en el mantenimiento de la homeostasis epidérmica. Existen dos tipos de glándulas sudoríparas: ecrinas y apocrinas. Se diferencian en su histofisiología, número, localización y función. Además de su papel bien establecido en la termorregulación, algunas tienen funciones inmunomoduladoras, antimicrobianas o excretoras. El sudor secretado es un líquido acuoso inodoro e hipotónico cuya composición difiere según sea de origen ecrino o apocrino. Pueden aparecer trastornos funcionales de la producción de sudor, y su evaluación cualitativa y cuantitativa se determina mediante pruebas no invasivas. Pueden utilizarse diversos métodos para distinguir de forma objetiva las zonas cutáneas hiper, hipo o anhidróticas, así como para comparar la actividad de las glándulas sudoríparas. Las glándulas sebáceas se encuentran por todo el cuerpo y forman parte de los folículos pilosebáceos. Se identifican tres tipos de folículos pilosebáceos, en función del volumen de la glándula sebácea y del tamaño del pelo. Los sebocitos que componen la glándula sebácea sufren un proceso de maduración seguido de muerte celular, lo que da lugar a la secreción holocrina de sebo. El sebo es rico en triglicéridos, ésteres de cera, esteroles y escualeno, y tiene muchas funciones, como barrera cutánea, hidratación, actividad antibacteriana, antioxidante e inmunitaria. Las alteraciones de su producción y composición pueden provocar trastornos cutáneos como acné, xerosis y alopecia.
Las infecciones humanas por poxvirus se manifiestan principalmente en forma de lesiones cutáneas, en general benignas y de extensión limitada. Algunos pueden causar manifestaciones dermatológicas o sistémicas graves. Algunas infecciones por poxvirus, como el molusco contagioso, son comunes en todo el mundo debido a su reservorio y a su transmisión estricta de persona a persona, como lo era la viruela antes de su erradicación en 1980. Otros poxvirus (orthopoxvirus y parapoxvirus) son responsables de zoonosis contraídas por el ser humano a través del contacto directo con un animal infectado. Estos poxvirus zoonóticos causan epidemias que suelen limitarse a una región o a un grupo de trabajadores expuestos a un animal huésped. Desde hace varios años, algunos orthopoxvirus (virus Monkeypox, virus de la viruela bovina), responsables de infecciones potencialmente graves o mortales, se consideran emergentes debido al aumento de las infecciones humanas vinculado al incremento del contacto con los reservorios (aumento de los viajes, nuevos animales de compañía), a la pérdida de inmunidad a la viruela y a una adaptación de la capacidad de transmisión de persona a persona de los poxvirus. El temor a una epidemia a gran escala se hizo realidad en mayo de 2022 con la epidemia de viruela símica, primero en Europa y luego en todo el mundo. Este artículo examina la epidemiología, la clínica y el tratamiento de las infecciones humanas por orthopoxvirus, parapoxvirus y molluscipoxvirus.
La mayoría de los procedimientos quirúrgicos en dermatología se realizan con anestesia local o locorregional. Su uso forma parte de la práctica dermatológica diaria. Los pacientes ancianos con múltiples comorbilidades son candidatos a las intervenciones con anestesia local, ya que reduce los riesgos quirúrgicos de forma significativa. La gravedad de algunas complicaciones exige que el médico que aplique la anestesia local disponga de documentación y conocimientos suficientes al respecto. Por lo tanto, el dermatólogo quirúrgico debe estar familiarizado con el modo de acción y la toxicidad de los anestésicos locales (AL), así como con el tratamiento de urgencia de sus posibles complicaciones, para poder administrar la anestesia local con seguridad. El objetivo de este artículo es resumir y simplificar lo que se sabe sobre la práctica de la anestesia local y presentar la información más reciente sobre el tema basada en la literatura disponible, en particular descartando algunas viejas creencias (por ejemplo, el uso de adrenalina en las extremidades).
Las micosis de la piel y las mucosas son motivos frecuentes de consulta. Su diagnóstico es clínico. Sin embargo, es importante comprobar la presencia de hongos en las lesiones antes de iniciar el tratamiento, que suele ser prolongado. El examen directo suele ser suficientemente informativo para iniciar el tratamiento antes de que se identifique el agente responsable mediante cultivo, lo que puede llevar varias semanas. El tratamiento consiste en una terapia tópica y/o sistémica, dependiendo del aspecto clínico y la extensión de las lesiones. Para las infecciones de la piel y las mucosas por levaduras del género Candida, el tratamiento se basa en azoles. Para las infecciones por Malassezia, el tratamiento de primera línea se basa en azoles en forma de gel. Para los dermatofitos, el tratamiento depende de la localización y debe combinar el tratamiento de los contactos y medidas de desinfección. Se basa en la terbinafina para la tiña tricofítica y el itraconazol para la tiña microspórica, ya que la griseofulvina ha sido retirada del mercado. Para la afectación limitada de la piel lampiña, puede bastar con cremas a base de ciclopirox o terbinafina, mientras que la terbinafina oral es necesaria para la afectación múltiple o extensa. En el caso de las uñas, debe hacerse hincapié en la avulsión de la uña patológica. Si la lesión es limitada, pueden ser suficientes lacas a base de ciclopirox o amorolfina. En caso de afectación de la matriz, debe continuarse el tratamiento con terbinafina o itraconazol por vía oral durante al menos 6 meses. En caso de onixis por mohos, el diagnóstico debe hacerse antes de un tratamiento prolongado con itraconazol; la aplicación tópica de polienos puede ser adecuada en ausencia de terapias eficaces. Por lo tanto, existen varias opciones de tratamiento, en función del agente responsable y del tipo de lesión, que deben discutirse con el paciente para garantizar un buen cumplimiento, ya que el mal cumplimiento es la principal fuente de fracaso.
El término mastocitosis engloba un conjunto heterogéneo de enfermedades raras. Ha sido una patología huérfana de cualquier tratamiento hasta 2018. En la actualidad, se dispone ya de dos moléculas con una autorización de comercialización europea para la mastocitosis sistémica (MS) avanzada y una de ellas también tiene la indicación para la MS indolente (incluida la forma de MS únicamente medular). Es probable que dos nuevos inhibidores de tirosina cinasa logren la autorización de comercialización de aquí a 2028. Sin embargo, la mastocitosis cutánea aislada, así como otras patologías mastocíticas, siguen siendo enfermedades huérfanas. En este artículo, se presentan los conocimientos actuales sobre el mastocito y sus funciones, sobre la fisiopatología de la mastocitosis, la clínica, el diagnóstico, el tratamiento sintomático, pero también citorreductor, y el pronóstico de las diversas formas de las mastocitosis. Por último, se comentarán las otras patologías mastocíticas.
Los cambios fisiológicos y patológicos que conlleva el embarazo son frecuentes y a veces graves, y pueden requerir la opinión de un dermatólogo. En este artículo se examinan los motivos de consulta frecuentes, las conductas que hay que seguir ante las dermatosis propias del embarazo, las dermatosis agravadas por el embarazo y otras afecciones dermatológicas que entrañan un riesgo maternofetal. La conducta práctica se guía por las posibles repercusiones maternas o fetales de la enfermedad, pero también por la posible toxicidad de los tratamientos: hay que pensar en tratar a la madre sin perjudicar al feto, dando preferencia a los medicamentos tópicos o sistémicos que no hayan demostrado aumentar el riesgo de toxicidad maternofetal.