
En años recientes ha habido una gran discusión pública y académica acerca de los trabajos inútiles, siguiendo la concepción de David Graeber sobre los trabajos basura. Immanuel Kant sostiene que debemos ser medios para otras personas y que es un deber ser de provecho para otros. Tanto Graeber como Kant se preocupan por el tipo de daño que a menudo es ignorado en la ética y filosofía política contemporánea, a saber, la inutilidad impuesta o forzada. El fenómeno de los trabajos basura puede ayudarnos a entender mejor lo que está implicado en el deber de ser de provecho para otros o de fungir como medio para otras personas. En este artículo sostengo que, para Kant, los agentes deben ser verdaderos medios para otros. Propongo que, para ser un verdadero medio, un agente debe funcionar como un medio para los fines de los demás, independientemente de si al hacerlo está motivado por el respeto a la ley moral. A esta interpretación del ser de provecho la llamaré Beneficencia Externa. Una de las razones por las que los trabajos basura son moralmente problemáticos es que impiden el ejercicio de la beneficencia externa.
Nada sería más espeluznante que confiar la resolución de nuestros dilemas morales a una inteligencia artificial, por considerarla más competente y objetiva. Por muy portentosa que sea su capacidad para calcular, con esas reglas de juego nunca saldríamos del ámbito meramente pragmático. De ahí que una buena voluntad sea lo más valioso para Kant. Nada ni nadie puede suplantarnos al timón de la ética. Es una tarea irrenunciable que no cabe transferir y de la que no podemos absolvernos. Estamos condenados a ser libres y equivocarnos al emitir juicios morales. Por eso, el presente texto urge a reivindicar ese aserto que Kant enarboló como divisa de la Ilustración, atreverse a servirnos de nuestras propias neuronas y asumir que siempre podemos equivocarnos.
Este artículo interroga la posibilidad de un juicio estético del espacio arquitectónico, a partir de un riguroso examen de la Crítica de la facultad de juzgar y de la “Estética trascendental” de la Crítica de la razón pura de Kant. La tesis que organiza la investigación es que el espacio —concebido por la arquitectura como su “materia” privilegiada— no puede ser un objeto para los juicios de gusto, en sentido kantiano, sin una operación previa de abstracción formal. Esta hipótesis conduce a un problema: si el espacio arquitectónico se piensa como figura pura, un juicio de gusto sobre él sólo podría ser puro y libre, pero se perdería la dimensión técnica y teleológica que distingue a la arquitectura de otras artes.
Romanticismos hay muchos y diversos, interpretaciones románticas hay todavía más. El “otro romanticismo” de Kierkegaard de Fabio Bartoli asume el desafío de presentarnos el romanticismo en la exacta medida kierkegaardiana, y a Kierkegaard en su original versión romántica. La tarea principal del autor consiste en cribar el romanticismo de Kierkegaard de todos aquellos elementos aleatorios y ajenos al núcleo duro de su pensamiento, donde el encuentro con el romanticismo juega una función determinante. El medio de acceso a ese “otro” romántico son los diarios íntimos más tempranos de Kierkegaard, en los cuales germina la semilla de su pensamiento.
Kant se preguntaba cómo podríamos evitar extraviarnos en ámbitos, temáticas y —podríamos añadir— épocas que resulten perjudiciales para el ejercicio de la propia razón. En particular, le preocupaban aquellos casos en los que la razón se atasca en discusiones infinitas sobre objetos que necesariamente desconocemos, y que conducen a distintos problemas, de los cuales caben destacar tres, señalados por el propio Kant.
Robert Pippin and Film: Politics, Ethics and Psychology after Modernism de Dominic Lash logra exponer el pensamiento filosófico de Robert Pippin en torno al cine y películas western y noirs, además de establecer un diálogo entre el filósofo, sus contemporáneos y él mismo. El resultado es una obra que invita al lector a adentrarse en los textos de Pippin por sí solo, así como a establecer la posibilidad de un pensamiento filosófico más democrático dentro del cine, en el que cualquier persona con el suficiente tiempo y atención para analizar una película puede enfrentarse con problemas filosóficamente profundos desde el cine mismo.
Las primeras obras de Michel Foucault, publicadas en 1954, constituyen un momento fundacional en su trayectoria intelectual y permiten vislumbrar los hilos que, con el tiempo, tejerán su pensamiento maduro. En ese año aparecen dos textos claves: Enfermedad mental y personalidad e Introducción a Ludwig Binswanger y el análisis existencial. Ambas obras están profundamente marcadas por la influencia de la fenomenología, el existencialismo y el psicoanálisis, pero también revelan tensiones que anuncian el giro arqueológico y genealógico que caracterizará la filosofía foucaultiana en los años sesenta y setenta. Estos manuscritos ofrecen una comprensión de la enfermedad mental distinta del reduccionismo biológico, subrayando el espacio que el análisis existencial abre para captar el sentido subjetivo de la enfermedad mental, de la que se ocupará años más tarde en Historia de la locura, pero que aquí encuentran su antecedente.
Dado que en su obra Kant expresa la metáfora de “la madera torcida” en distintos contextos y de diversas maneras, en este artículo propongo realizar una análisis ético-político a fin de dar una unidad a la interpretación de sus apariciones. Dicho análisis se centrará en mostrar, por un lado, que la idea de la “madera torcida” se explica con la doctrina kantiana del mal radical en la humanidad, y por otro lado, que lo que se puede esperar de ella, pese a la raíz torcida, es el desarrollo de la humanidad hacia su destinación como fruto de su propio trabajo.
Dios, ruido e hiperproducción. En una misma frase parecen términos incongruentes o antónimos. Sin embargo, son los parámetros de la ecuación espiritual a despejar para proveer de sentido trascendental a la vida en el siglo XXI. En tiempos marcados por la productividad, el consumo y la sobreestimulación, Sobre Dios: pensar con Simone Weil recupera las claves de la contemplación y la meditación para liberar la mortificación de la vida anulada de ser. La investigación, llevada a cabo por el filósofo y teólogo Byung-Chul Han, es otra rama de sus arborescentes estudios sobre crítica al capitalismo y la sociedad del cansancio, análisis que realiza utilizando los estudios culturales como bastión metodológico.
A raíz del desarrollo de la inteligencia artificial, el espacio público actual nos confronta a sistemas informáticos que neutralizan las identidades a través de deepfakes. En este texto se argumenta que la resistencia ante ellos depende de usos alternativos de la tecnología. Las herramientas desarrolladas por Michel Foucault pueden clarificar estos conflictos y ayudar a concebir estrategias. Para mostrarlo, se caracterizarán estos espacios públicos, donde la autenticidad se vuelve irrelevante, a través de la noción de profilicity propuesta por Hans-Georg Moeller y Paul J. D’Ambrosio. Posteriormente, a partir de la interpretación de Foucault sobre qué es la Ilustración, de su análisis de las tecnologías del yo y su conversación con Gilles Deleuze sobre el rol del intelectual, se precisará cómo mantener el proyecto de defensa de la autonomía, a condición de considerarlo un proceso técnico y de desarrollo de estrategias variables.
En Sobre la paz perpetua, Kant sostuvo que “aun en medio de la guerra debe quedar cierta confianza en el modo de pensar del enemigo” (Vertrauen auf die Denkungsart des Feindes).1 ¿Por qué debemos confiar en alguien que prefiere resolver con violencia lo que podría resolver con palabras? Para un realista político, lo más prudente sería desconfiar del enemigo. Sin embargo, Kant piensa que esta confianza es una condición necesaria para que la guerra conduzca efectivamente a la paz. Sin ella, “las hostilidades degenerarían en una guerra de exterminio (bellum internecinum)”, anularían la posibilidad de establecer la paz. El objetivo de este artículo es explicar esta aparente paradoja y por qué, para Kant, confiar en el modo de pensar del enemigo es una condición necesaria para una paz duradera.
A partir de algunas obras de Shakespeare, este artículo intenta mostrar (con independencia de que existiera también en el tiempo isabelino), la tensión resultante entre la ley y la clemencia; es decir, entre una justicia que no se identifica ni se reduce al derecho y un derecho que toma por injusto todo lo que escapa a su dominio. Dicho de otro modo, entre "forzar la ley" y la "fuerza de ley".
Este ensayo tiene como objetivo aproximarse a la verdad política del fascismo europeo del siglo xx desde la perspectiva del arte. Esta perspectiva se justifica a la luz de una caracterización de los regímenes totalitarios en Italia y Alemania como una "estetización de la política" (Benjamín). Nuestra búsqueda de la verdad en el arte durante el fascismo nos lleva a detectar ambigüedades estéticas que ponen en tela de juicio interpretaciones tradicionales del fascismo como política meramente anticuaria, anacrónica, opuesta a la modernidad. Se concluye que el fascismo histórico se centraba plenamente en la temporalidad de la modernidad europea y que sus ambigüedades estéticas reflejaban la propia ambivalencia de esa misma modernidad.
El tema de la animalidad y del animal en general ha sido una metáfora recurrente en el pensamiento filosófico moderno, aunque su utilización, como se sabe, puede remontarse a los orígenes de todo pensamiento. Pareciera que la figura del animal es una suerte de piedra de toque para suponer, inferir, referir y expresar cualquier universo que vaya más allá de los lenguajes "convencionales" en el campo de ciencias sociales y humanidades. Ir más allá no hace sino empujarnos hacia un problema crucial de cualquier reflexión fundante, es decir, nos obliga a trabajar a partir de y a través de los límites de las categorías que usamos para significar el mundo y particularmente aquellos mundos donde la animalidad es, a un tiempo, afuera y adentro constitutivo de lo humano y no pura exterioridad.
El estudio está conformado por diez capítulos, divididos en dos partes desiguales. La primera parte está conformada por los seis primeros capítulos. Son ensayos sobre el Humanismo para una Nueva Época. Los cuatro últimos son Nuevos ensayos sobre el pensamiento de Luis Villoro. Lo que anima la reflexión filosófica en todos los capítulos de la obra es la convicción que tiene el autor de que estamos en los albores de una nueva época (epojé) y que, de suyo, esa nueva época nos está exigiendo ser pensada desde la tradición, con la tradición, pero más allá de la tradición, de un modo comprometido y diferente.
La existencia humana parece ser un imposible: por un lado, es en esencia tiempo, movimiento, devenir, caducidad, flujo de un estado a otro, aniquilación del presente en pasado o en porvenir; por otro lado, se pretende detenerlo, distenderlo, retardarlo, como una incesante agonía que se niega a cumplir con su destino final en la muerte.
El presente ensayo dilucida algunas proposiciones sobre los estilos de escritura. Siguiendo el célebre Tractatus lógico-philosophicus, de Wittgenstein, se entiende por proposiciones símbolos que expresan determinado estado de cosas. No obstante que la literatura no cumpla con las condiciones del significado y el principio de verificación, nos da luz sobre verdades esenciales. De manera indirecta y oblicua, dilucidar algunas de las proposiciones que circunscriben el estilo de la escritura tiene como finalidad pensar la literatura en su relación con el mundo y con los seres humanos. Algunas de las proposiciones sobre el estilo de escritura que aquí se dilucidan son: 1. La escritura es la hospitalidad (im)posible (Edmond Jabes). 2. La escritura es la voluntad de nada (Bartleby, de Melville). 3. La escritura es la encarnación de la finitud (Heidegger y Nancy).
El artículo aborda la noción de belleza en la época posmoderna y busca un nuevo paradigma que satisfaga la tarea propia de las ciencias sociales de reconstrucción del mundo para definir la belleza a partir del concepto de lo sublime propuesto por Amador Vega en cuanto vaciamiento de los esquemas tradicionales de equilibrio y mesura para enfrentarse con algo que es más grande y, por ende, incognoscible. Se sostiene la tesis que afirma que la estética posmoderna marca la dirección de retorno del hombre a su sed de infinito.
Desde el ámbito de la filosofía práctica, Victoria Camps propone una teoría moral que tiene como objetivo la formación del carácter del individuo, en el que coincidan las normas con el deseo de cumplirlas, tomando en cuenta el papel de las emociones como acicates para la virtud. La estructura del libro consta de dos partes: en la primera, la autora nos ofrece una propuesta ética, que la procura articular con algunas tesis de Aristóteles, Spinoza y Hume, basada en la soberanía del sentimiento.
Esta nota pone en contexto la reseña que Émile Durkheim publicó en 1909 sobre el artículo "Sociología de la cognición" del filósofo y sociólogo austriaco Wilhelm Jerusalem. Se proveen datos sobre la trayectoria intelectual de Jerusalem, sobre su relación con Durkheim y su escuela, y se analiza la postura de Durkheim respecto a Jerusalem.