
Se describe el caso clínico de una mujer de 56 años con síndrome febril ictérico, cuya evolución clínica condujo al diagnóstico de leptospirosis grave, conocida como enfermedad de Weil. La leptospirosis es una zoonosis reemergente transmitida principalmente por contacto con orina de roedores infectados. Se manifiesta en dos fases: una septicémica y otra inmune, que puede progresar a falla multiorgánica. La paciente presentó ictericia, trombocitopenia grave, elevación de bilirrubinas y deterioro respiratorio. El diagnóstico se confirmó mediante inmunoensayo automatizado (IEA) positivo para Leptospira. Debido a alergia a las penicilinas, se trató con ceftriaxona. Requirió manejo en la unidad de cuidados intensivos (UCI) por compromiso pulmonar, evidenciado por neumonitis y síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA). Evolucionó favorablemente con resolución de síntomas y parámetros clínicos. El caso destaca la importancia del abordaje temprano, diagnóstico certero y manejo multidisciplinario. Se enfatiza la necesidad de considerar esta infección en pacientes con exposición a factores de riesgo como aguas estancadas o roedores. Además, se resalta la utilidad del protocolo nacional del Instituto Nacional de Salud (INS) para el diagnóstico y tratamiento. Este reporte aporta información útil para el abordaje clínico y vigilancia epidemiológica.
La agenesia dorsal del páncreas (ADP) es una malformación congénita excepcional, resultado de la ausencia parcial o total del brote pancreático dorsal y responsable de menos de 200 casos descritos en la literatura mundial. Se presenta el caso de un varón de 62 años con diabetes mellitus tipo 2 requirente de insulina que acudió por dolor abdominal posprandial e ictericia obstructiva. Las pruebas iniciales mostraron vesícula biliar distendida sin litiasis y colestasis bioquímica. La colangiopancreatografía por resonancia magnética (MRCP) reveló ausencia de cuello, cuerpo y cola pancreáticos, que confirmó ADP, y descartó obstrucción biliar quirúrgica. El manejo fue conservador: hidratación, analgesia, optimización de la insulinoterapia y vigilancia estrecha. El paciente evolucionó con mejoría clínica, normalización de enzimas hepáticas y control glucémico aceptable, y fue dado de alta con seguimiento multidisciplinario para monitorizar complicaciones metabólicas y pancreáticas a largo plazo. Este caso resalta la importancia de incluir la ADP en el algoritmo diagnóstico de ictericia obstructiva no litiásica, así como el papel decisivo de la colangiopancreatografía por resonancia magnética y la ecografía endoscópica para delimitar la anatomía ductal y prevenir intervenciones innecesarias. Además, subraya la necesidad de un enfoque integral que contemple el riesgo elevado de pancreatitis crónica, insuficiencia exocrina y posible transformación neoplásica del remanente ventral.
Introducción: se reporta el caso de una paciente con sospecha de enfermedad inflamatoria intestinal (EII) sin respuesta a vedolizumab, en quien se detectó una infección por Clostridioides difficile y tuberculosis gastrointestinal (TBGI). Caso clínico: una mujer de 21 años con EII, tratada con terapia biológica y corticoides, ingresó con vómitos, dolor abdominal y diarrea con sangre. La toxina para CD fue positiva y se inició el tratamiento con vancomicina. Al persistir los síntomas, se practicó una la colonoscopia, que mostró colitis segmentaria ulcerada, y las biopsias y cultivos confirmaron la presencia de Mycobacterium tuberculosis, por lo que se inició el tratamiento antituberculoso tetraconjugado. Conclusión: la TBGI y la enfermedad de Crohn presentan hallazgos clínicos e histológicos similares, lo que complica su diagnóstico. Considerar TBGI en EII refractaria y su coexistencia con CD es esencial para un manejo adecuado y prevenir complicaciones por el uso inapropiado de inmunosupresores y terapias biológicas.
Introducción: las enfermedades hepáticas autoinmunes, como la hepatitis autoinmune (HAI), colangitis biliar primaria (CBP) y colangitis esclerosante primaria (CEP), son infrecuentes, con fenotipos variables y escasa caracterización en la población latinoamericana. Objetivo: describir las características clínicas y sociodemográficas, así como los desenlaces de los pacientes con diagnóstico confirmado de HAI, CBP y CEP atendidos en un centro nacional de referencia en México entre el 2012 y 2022. Materiales y métodos: estudio observacional descriptivo de corte transversal y fuente secundaria. Se incluyeron adultos con diagnóstico confirmado de enfermedad hepática autoinmune. Se analizaron variables clínicas, serológicas y desenlaces, aplicando estadística descriptiva con el software Stata v. 17. Resultados: se analizaron a 303 pacientes, de los cuales 77,9% fueron mujeres y tuvieron una edad promedio de 50 años. Los diagnósticos incluyeron HAI (78,9%), CBP (46,5%) y CEP (8,2%), con 98 casos de síndromes de sobreposición (HAI-CBP: 93; HAI-CEP: 7). Las comorbilidades más frecuentes fueron sobrepeso, hipotiroidismo, dislipidemia y colitis ulcerativa. La respuesta al tratamiento fue mayor en CBP (88,6%) y HAI (84,9%), mientras que CEP mostró mayor necesidad de trasplante (68%) y recurrencia (100%). Conclusiones: en este centro, la HAI fue la entidad más frecuente, seguida de CBP y CEP, con una cantidad considerable de síndromes de sobreposición, y el más frecuente fue HAI-CBP. Los desenlaces más favorables se observaron en HAI y CBP, mientras que CEP presentó peor evolución clínica. Estos resultados aportan evidencia regional relevante y refuerzan la necesidad de estudios multicéntricos de las enfermedades hepáticas autoinmunes en Latinoamérica.
Introducción: la coexistencia de dos o más enfermedades autoinmunes define el síndrome autoinmune múltiple. La colangitis biliar primaria (CBP) puede presentarse junto con otras entidades inmunomediadas. Se describe un caso de CBP asociada a lupus eritematoso sistémico (LES), enfermedad celíaca (EC) y tiroiditis de Hashimoto (TH). Caso clínico: mujer de 45 años con alteración colestásica de enzimas hepáticas y autoanticuerpos positivos. Antecedentes de TH y familia con EC. La serología mostró antiendomisio positivo, antitransglutaminasa IgA 117 U/mL, AMA‑M2 positivo, FAN 1:320, anti‑DNA positivo y descenso de C3/C4. La biopsia duodenal evidenció atrofia vellositaria, y la biopsia hepática, granulomas, daño de conductillos biliares e inflamación portal con fibrosis portal, que confirmó la CBP. Se indicó dieta sin gluten, ácido ursodesoxicólico (15 mg/kg/día), hidroxicloroquina (400 mg/día), prednisona (0,5 mg/kg con descenso) y azatioprina. Evolucionó con normalización de la bioquímica hepática y mejoría clínica. Discusión: la poliautoinmunidad en CBP es reconocida y suele involucrar tiroidopatías, LES y EC. Este caso ilustra la necesidad de cribado dirigido de enfermedades autoinmunes asociadas y un manejo multidisciplinario. La presencia de autoanticuerpos múltiples y hallazgos histológicos característicos orientaron el diagnóstico y tratamiento. Conclusión: en pacientes con CBP deben considerarse diagnósticos autoinmunes concomitantes; la detección oportuna y el tratamiento integral optimizan los desenlaces.