
En este artículo se buscó conocer que tanto varían las mediciones realizadas con método tradicional manual –con el uso de flexómetro– en relación con las mediciones LiDAR con escáner láser terrestre, en espacios arquitectónicos y sus mobiliarios. Estas dimensiones son evaluadas a partir de mediciones realizadas con Escáner Láser Terrestre (TLS). El registro manual es más económico, requiere únicamente de una cinta métrica. Por otro lado, el sensor LiDAR de un TLS realiza las mediciones a partir del tiempo de vuelo (ToF), estimando las dimensiones con el tiempo que tarda el haz de luz en ir desde el sensor hasta una superficie opaca de rebote de la luz. Este último, está calibrado y utiliza directamente el patrón del metro actual. Como caso de estudio se capturó un espacio interior, utilizado como sala de lectura. Se estimó el error contrastando 307 mediciones realizadas utilizando el método manual tradicional con flexómetro y las mediciones de la nube densa de puntos capturada con un LiDAR. Como resultado se obtuvo un error relativo promedio es de 3.895%. La raíz del error cuadrático medio obtenido fue RMSE (0.062684 m). El alto nivel de exactitud en las mediciones es de utilidad para investigaciones que buscan conocer las deformaciones, desplomes y daños existentes en los edificios históricos. La utilidad de esta investigación radica en proporcionar indicadores paramétricos asociados con la exactitud de las mediciones, para quienes toman decisiones sobre el tipo de medición que es necesaria en función de los requerimientos de documentación o intervención.
El espacio público no se agota en su forma física; su sentido se va construyendo en el uso cotidiano, en las condiciones del entorno y en los significados que las personas le atribuyen. En contextos no metropolitanos, no es raro que ese uso constante conviva con diversas limitaciones materiales. El estudio se propone analizar cómo los habitantes de Tres Palos utilizan, perciben y se apropian del espacio público, considerando tanto las condiciones del entorno como las experiencias y significados construidos en la vida cotidiana. La investigación se llevó a cabo desde un enfoque cualitativo, utilizando recorridos de campo, observación directa y entrevistas semiestructuradas. Con estas herramientas fue posible recuperar experiencias y percepciones de la comunidad en torno a espacios como el mercado, la cancha y la laguna. Los hallazgos muestran que el uso del espacio público no está determinado únicamente por sus condiciones físicas, sino también por la manera en que estos lugares forman parte de la vida diaria de la comunidad. A pesar de las distintas carencias presentes en el entorno, las personas continúan utilizando estos espacios y ajustando sus prácticas a las condiciones existentes. De igual forma, se identificó una relación significativa entre el espacio y el sentido de identidad de los habitantes, especialmente en el caso de la laguna. Sin embargo, este vínculo también aparece atravesado por preocupaciones relacionadas con el deterioro ambiental, una situación que influye en la manera en que las personas perciben y valoran este espacio. En conjunto, el estudio permite entender que el espacio público se construye de manera continua a partir de las prácticas cotidianas, las condiciones materiales y los significados atribuidos por la comunidad en su experiencia diaria.
Este ensayo reconstruye históricamente la figura de Lawrence Halprin como parte de los orígenes del Diseño Participativo (DP) en arquitectura y urbanismo, un campo con desarrollo historiográfico desigual. Frente a la frecuente improvisación en las prácticas participativas actuales, se identifica en la obra de Halprin un episodio fundacional y metodológicamente estructurado. La investigación sostiene que las claves metodológicas desarrolladas por Halprin y su esposa Anna, particularmente en su ciclo RSVP (1969) -referido a Recursos, Scores, Valuación y Performance-, recibieron la influencia de las vanguardias de la arquitectura moderna, anticipando conceptos centrales del DP contemporáneo. Al analizar su legado, este trabajo no solo contribuye a una comprensión más profunda del pasado del DP, sino que también proporciona un marco histórico para problematizar desafíos actuales como la tensión entre el control centralizado de la creatividad individual y la apertura hacia las dinámicas colectivas.
La vivienda social debe ser entendida no como un objeto arquitectónico estático, sino como un proceso dinámico que se transforma a lo largo de su vida útil, particularmente a través de las ampliaciones residenciales, las cuales constituyen una fase estructural del ciclo de producción habitacional en contextos latinoamericanos. Estos procesos de crecimiento, mayoritariamente autogestionados por los hogares, suelen desarrollarse sin criterios de eficiencia energética, generando impactos significativos durante la fase de uso. El presente artículo propone una metodología de evaluación diacrónica orientada a analizar las ampliaciones residenciales como parte constitutiva del ciclo de vida de la vivienda social, integrando la evolución de la arquitectura, la envolvente, el desempeño energético y los patrones de uso. La metodología adopta un enfoque mixto, cualitativo–cuantitativo, y se estructura en seis etapas secuenciales que combinan relevamientos arquitectónicos, consumos energéticos reales y técnicas estadísticas multivariadas. Los resultados posibilitan identificar patrones diferenciados de crecimiento residencial y variables clave con mayor incidencia sobre el desempeño energético. Asimismo, se formulan lineamientos de ampliación eficiente orientados a reducir el consumo energético, las emisiones asociadas y los costos económicos. El trabajo aporta una herramienta metodológica, con potencial aplicación en políticas públicas destinadas a la gestión del crecimiento de la vivienda social.
La sostenibilidad ha adquirido un papel central en la agenda global ante los crecientes niveles de contaminación que amenazan tanto a las personas como a los ecosistemas que sustentan nuestra vida cotidiana. En el ámbito de la construcción, este desafío ha impulsado el desarrollo de una arquitectura capaz de reducir el consumo energético mediante sistemas más eficientes, y de integrar vegetación para reducir la huella de carbono y mejorar las condiciones ambientales de los espacios habitados. Aunque suele asociarse a la arquitectura contemporánea, la sostenibilidad también puede incorporarse en los inmuebles patrimoniales sin comprometer su valor histórico. Este artículo examina dos estrategias fundamentales para lograrlo: el uso responsable de la energía eléctrica y la integración de áreas verdes como parte del diseño y mantenimiento de estos edificios. La energía deja de concebirse únicamente como una instalación técnica y se analiza como un recurso que, aplicado de forma eficiente, contribuye tanto al ahorro como al confort de los usuarios. De manera complementaria, la inclusión de vegetación se plantea como una herramienta eficaz para mejorar la calidad del aire, disminuir la contaminación urbana y favorecer el bienestar psicológico de quienes habitan o visitan estos espacios. La conservación del patrimonio no debe limitarse al tratamiento estético de las fachadas ni a cambios de uso que ignoren su esencia histórica. Integrar criterios sostenibles permite que estos inmuebles respondan a las necesidades actuales del planeta, al mismo tiempo que fortalece su relevancia cultural. En este sentido, la sostenibilidad se convierte en una vía para revalorizar el patrimonio, transformándolo en un ejemplo vigente de identidad, memoria y responsabilidad ambiental.