
Visual reconstructions play a central role in paleoecology, where past ecosystems must be inferred from fragmentary and indirect evidence. Paleoart has long contributed to this task, yet it has traditionally been dominated by a zoocentric perspective in which vegetation functions as a secondary or decorative element. This article examines botanical paleoart as a distinct and necessary practice for depicting paleoecosystems, arguing that plants are not merely background components but primary ecological agents that structure landscapes, climates, and evolutionary trajectories through deep time. We provide a historical and methodological analysis of botanical paleoart, tracing its origins from nineteenth-century collaborations—most notably that between Franz Unger and Josef Kuwasseg—through twentieth-century syntheses such as Rudolph Zallinger’s murals, to contemporary practices grounded in paleoecology. Particular attention is given to the epistemic challenges posed by the plant fossil record, including fragmentary macrofossils, ambiguous palynomorphs, architectural uncertainty, and competing biological interpretations. Drawing on recent Quaternary case studies developed within the ECCE HOMO research group (University of Murcia), we illustrate how botanical paleoart can function as an explicit visual synthesis of palynological, macrofossil, and ecological data. These reconstructions demonstrate that paleoart is not merely illustrative but heuristic, capable of integrating evidence, highlighting uncertainty, and generating new paleoecological insights.
Amburana cearensis es una especie forestal que se encuentra “En Peligro” según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, por lo que es necesario identificar aquellas áreas potenciales de distribución espacial de esta especie dentro de la Amazonía. En ese contexto, el objetivo del presente estudio fue modelar la distribución potencial de Amburana cearensis en Madre de Dios, Perú. Se empleó la metodología de modelos de distribución de especies utilizando el software MaxEnt. Según los resultados obtenidos, las variables de "isotermalidad", "temperatura media anual" y el "contenido de carbono orgánico del suelo" fueron los predictores más importantes de la distribución de la especie. Se identificaron cuatro categorías de distribución potencial, donde los hábitats de idoneidad “muy alto” y “alto” representaron el 18.80 % y 15.56 % de la distribución actual de la especie. En conclusión, menos del 35 % de la superficie de la región presenta condiciones óptimas para la especie y, además, está bajo presión por actividades antrópicas como la agricultura y ganadería, lo que provoca que las áreas de distribución potencial de Amburana cearensis estén amenazadas y restringidas en el área de estudio.
The Common Agricultural Policy (CAP) is one of the public policies with the greatest capacity for territorial transformation in Europe. In the 2023–2027 period, a key innovation has been introduced: each Member State must define explicit environmental, social and economic objectives within its national Strategic Plan (PEPAC), and demonstrate their fulfilment through direct evaluation systems, thereby reinforcing a performance-based governance framework. These direct evaluation systems rely on the use of biodiversity indicators measured at field and landscape scales in areas where CAP measures are implemented, following standardised protocols compatible with national monitoring schemes and supported by spatially explicit information on land use, agricultural practices and environmental variables. Numerous studies have in fact pointed out that the environmental and social effectiveness of the CAP largely depends on the existence of robust monitoring systems and on the integration of scientific knowledge into its implementation. In the absence of such mechanisms, evaluation has tended to focus on administrative or formal compliance indicators, rather than measuring real impacts on biodiversity, ecosystem services or rural socio-economic viability.
El océano desempeña un papel fundamental en la regulación del clima global y en la vida humana; sin embargo, su inclusión en la educación secundaria continúa siendo limitada. Se presenta un estudio de aula sobre cultura oceánica (CO) que implicó a un grupo de estudiantes de 4º de ESO (N=25) en la modelización de fenómenos oceánicos vinculados al cambio climático. La propuesta consistió en una situación de aprendizaje compuesta por cuatro actividades, entre ellas la elaboración de modelos de circulación oceánica para realizar predicciones climáticas y el análisis crítico de información mediática sobre fenómenos oceánicos y cambio climático. El principal objetivo fue explorar el conocimiento del alumnado sobre principios fundamentales de CO relativos a las características y fenómenos del océano, y su relación con el clima mediante la modelización. Se empleó una metodología cualitativa, basada en el análisis del discurso y del contenido de las respuestas escritas del alumnado. Los resultados revelan dificultades en la comprensión de conceptos clave, en concreto las corrientes oceánicas, su influencia en el clima y los afloramientos marinos. No obstante, las actividades contextualizadas favorecieron la conexión entre conceptos teóricos y la realidad local. El uso de modelos y un enfoque crítico contribuyeron a mejorar la percepción del alumnado sobre el papel del océano en el cambio climático. Estos resultados sugieren que integrar tareas de modelización contextualizadas puede mejorar la CO al facilitar la comprensión de la relación océano-clima.
El presente estudio evalúa la prueba piloto del proyecto educativo Patios Biodivers, para alumnado primaria, que incluye diferentes materiales educativos para investigar las aves, los invertebrados y las plantas de los patios de los centros educativos con el objetivo de mejorar la Biodiversidad. El objetivo de la evaluación se centra en elementos relevantes de la construcción de la competencia ecociudadana concretamente: a) construir una representación más compleja de los ecosistemas terrestres, y b) promover acciones ajustadas para la mejora de la biodiversidad. La evaluación se ha realizado a través de un análisis del contenido de unos grupos de discusión con alumnado de educación primaria de tres centros educativos que participaron en la prueba piloto. En concreto, se organizaron 13 grupos de discusión con un total de 49 niños y niñas realizados justo al inicio del proyecto y nuevamente al finalizarlo. Los resultados muestran como el alumnado que participó en el proyecto en general: a) identificaron más factores que promueven la biodiversidad; b) propusieron acciones más ajustadas para abordar la problemática, sobre todo, aquellas que hacían más énfasis en la mejora de la vegetación. En conclusión, trabajar en contextos próximos al alumnado y siguiendo procesos propios de la actividad científica puede ayudar a mejorar el conocimiento ecológico y también la competencia para la acción.