
El hogar moderno está construido sobre una lógica espacial antibiótica que excluye a los cohabitantes más-que-humanos e invisibiliza el trabajo metabólico y de cuidados que lo sostiene. Siguiendo la leche a través del umbral de un hogar-almacén ( noikokyrió-pantopoleío) en la Tesalia griega, esta autoetnografía material introduce dos herramientas analíticas: el clúster y el umbral metabólico. Una partida fallida de yogur, recreada en una cocina contemporánea, revela que la vida microbiana es espacialmente dependiente, poniendo de manifiesto una lógica espacial relacional que la tipología no logra acoger. A partir de esto, emergen cuatro principios de diseño que proponen el hogar como una microinfraestructura probiótica de cuidados y al microbio como un co-ocupante que co-configura el espacio arquitectónico.
Haciendo foco en la ocupación de edificios patrimoniales de Lausana (Suiza) por parte del vencejo alpino (Tachymarptis melba), este artículo rastrea la evolución del diseño y la conservación a través de las renovaciones de las fachadas del campanario de Saint-François (1990-1995) y del Château Saint-Maire (2016-2017). A partir de investigación de archivo, trabajo de campo y entrevistas, el artículo desarrolla el concepto de hábitat como patrimonio, replanteando la renovación y la intervención arquitectónica como un proceso continuo, informado por la ocupación más-que-humana y las prácticas de cuidado.
Los seres humanos no somos más que una minoría entre los ocupantes de las edificaciones y, a su vez, estamos ocupados por billones de microbios. Sin embargo, la arquitectura se ha concebido a sí misma como una defensa frente a otras formas de vida: separando a los seres humanos del suelo, reduciendo la biodiversidad y tratando las edificaciones como objetos estables y estériles. No obstante, ningún espacio está simplemente ocupado. Los espacios, los materiales y los cuerpos son producidos mediante intercambios continuos entre innumerables organismos. La arquitectura protege contra ciertas amenazas mientras cultiva otras, incluidas las enfermedades. Pensar en términos microbianos supone, por tanto, cuestionar el excepcionalismo humano y replantear la salud, la ocupación y el diseño. La arquitectura biótica no sería un nuevo estilo, sino un desplazamiento desde la exclusión hacia la hospitalidad, desde el monocultivo hacia la diversidad y desde la sostenibilidad centrada en el ser humano hacia una salud planetaria compartida.