
La desaparición de la histeria como categoría diagnóstica unitaria no supuso la desaparición de los fenómenos clínicos que históricamente agrupaba. Este trabajo examina la posible relación entre determinadas formas clásicas de histeria y el trastorno límite de la personalidad (TLP) desde una perspectiva histórico-conceptual y psicopatológica. Se propone que algunas formas de sufrimiento expresadas predominantemente mediante alteraciones corporales en la histeria clásica podrían adquirir en el TLP una configuración preferentemente conductual e interpersonal. Los estudios comparativos disponibles muestran un considerable solapamiento entre ambas categorías, pero también una mayor relevancia en el TLP de las dimensiones de impulso-acción y relaciones interpersonales. La autolesión constituye un fenómeno particularmente útil para examinar este desplazamiento, ya que mantiene al cuerpo en el centro de la expresión psicopatológica, aunque como objeto de una acción con funciones reguladoras. Las amenazas suicidas permiten, a su vez, analizar funciones interpersonales sin reducirlas a una intención manipuladora consciente. El segundo eje del trabajo aborda la interpretación clínica de estas manifestaciones. La semejanza del síntoma histérico con una enfermedad podía favorecer la sospecha de simulación; de forma análoga, los efectos interpersonales de determinadas conductas del TLP pueden favorecer atribuciones de manipulación. La distinción entre forma clínica, función e intención permite integrar ambos procesos y evita inferir intencionalidad consciente a partir de los efectos observados de un síntoma o una conducta.
**Background:** Vaccination is a key element of occupational health programmes, especially for workers exposed to infectious hazards and those caring for people at high risk of severe vaccine-preventable disease. Uptake depends on access, organizational and behavioral factors, confidence, and legal and ethical context. **Objective:** To synthesize evidence on occupational immunization strategies for healthcare workers and other groups with relevant biological exposure, integrating clinical, organizational, behavioral, ethical, and legal considerations. **Methods:** A structured narrative review examined literature and official guidance on occupational and adult vaccination, workplace interventions, vaccine hesitancy, biological risk, informed consent, and vaccination policy. Evidence from January 2020 to February 2025 was prioritized, supplemented by key earlier studies and authoritative legal and policy documents. Heterogeneous findings were synthesized thematically. **Results:** Systematic reviews and meta-analyses suggest that multicomponent interventions can improve healthcare-worker vaccination uptake, although effects vary by setting, vaccine, baseline coverage, and implementation. Convenient access, reminders, active invitation, and behavioral facilitation are most useful when paired with credible communication and institutional support. Ethical and legal sources stress proportionality, informed consent, confidentiality, equity, and context-specific assessment of restrictive policies. Spanish occupational-health law centers prevention on risk assessment and worker protection while safeguarding health surveillance and confidentiality. **Conclusions:** Occupational vaccination should form part of biological-risk management rather than operate solely as an annual campaign. The most transferable model combines risk assessment, equitable access, behavioral support, evidence-based counseling, confidentiality, and continuous evaluation. Restrictive measures require separate legal and ethical assessment and should not be generalized across jurisdictions or occupational settings.
**Objectives:** To describe trends in Bulgaria's routinely reported healthcare-associated infections (HAIs) during 2003–2024 and compare them descriptively with findings from three European point-prevalence surveys (PPS). **Methods:** We conducted a retrospective descriptive study using aggregate national data. The annual routine indicator, defined as recorded HAI episodes per 100 hospital discharges, was summarised descriptively and modelled by ordinary least-squares regression with year coded 0–21. A sensitivity analysis excluded 2020–2021. Published PPS estimates and confidence intervals were reproduced; no inferential test compared PPS prevalence with the routine indicator because the measures have different designs and denominators. **Results:** The mean routinely reported HAI rate was 0.97 per 100 hospital discharges. It decreased from 1.48 in 2003 to 0.64 in 2024; the fitted average change was −0.0354 percentage points per year (R²=0.883) and was similar after excluding 2020–2021 (−0.0373; R²=0.898). In contrast, primary national PPS prevalence estimates were 3.7% (95% CI 2.8–5.0), 3.5% (1.7–6.8), and 3.7% (2.3–6.0). The PPS surveys included 42, 12, and 23 Bulgarian hospitals, with ECDC representativeness classified as optimal, poor, and medium, respectively. **Conclusions:** The two surveillance approaches produced discordant but non-interchangeable patterns. The discordance alone does not prove under-ascertainment, but it does warrant evaluation of case detection, reporting practices, sample composition, and changes in the surveillance system.
**Caso clínico:** Mujer de 76 años con shock séptico inicialmente no filiado, evolución fulminante con citopenias, hiperferritinemia extrema e insuficiencia multiorgánica
La monografía analizada, publicada en Madrid en 1907 por el Dr. Fernández Cenedese, permite comprender la evolución histórica del conocimiento sobre la enfermedad renal. El denominado *mal de Bright*, concepto que en aquella época agrupaba diversas formas de nefritis, actualmente ha sido sustituido por clasificaciones basadas en criterios etiológicos, fisiopatológicos y clínicos. El autor demuestra una notable capacidad de observación clínica concediendo especial importancia a manifestaciones clínicas incluso cuando la albuminuria era mínima o negativa. Entre ellas: alteraciones urinarias, parestesias, palidez de los dedos, prurito, calambres, sacudidas musculares, intolerancia al frío, zumbidos y epistaxis. Destaca el valor pronóstico de la presencia de urea en la sangre y otros fluidos, interpretándolo como expresión de intoxicación y signo de gravedad. Respecto al tratamiento, reconoce las limitaciones del conocimiento médico de su época y destaca que no se disponía de un tratamiento farmacológico específico para el *mal de Bright*, por lo que el abordaje terapéutico se centraba en el alivio de los síntomas y el control de las complicaciones. Resulta significativa su afirmación sobre la escasa importancia de la etiología en las diferentes formas de nefritis, planteamiento que contrasta con la medicina actual, en la que conocer la causa resulta esencial para establecer el diagnóstico, tratamiento y pronóstico. Cabe señalar su atención a los factores sociales y una concepción integral del enfermo. Estas reflexiones pueden relacionarse retrospectivamente con la definición de salud de la OMS de 1946, basada en el bienestar físico, mental y social.