
El artículo analiza la aparente paradoja en la crítica de Platón a la poesía en el Libro X de la República. Tradicionalmente, se interpreta que Platón propone expulsar a los poetas por su carácter imitativo y su incapacidad para transmitir verdadero conocimiento o virtud. Como señala David Reeve, el ataque se dirige específicamente a los poetas técnico-imitativos, considerados maestros culturales de la virtud sin poseer auténtico saber. Sin embargo, el trabajo destaca un aspecto menos atendido: en el mismo momento en que Sócrates formula esta crítica, también deja abierta la posibilidad de seguir disfrutando de la poesía, ya sean los cantos de Homero o las tragedias. Esto sugiere que la condena platónica no implica una prohibición absoluta, sino una invitación a una lectura crítica y “segura” de la poesía. La clave radica en reconocer su carácter imitativo y no tomar sus contenidos como fuentes de verdad moral o conocimiento. Así, la propuesta platónica no elimina la poesía de la vida cultural, sino que redefine su estatuto: de autoridad educativa a objeto de disfrute estético bajo vigilancia racional. El texto concluye que Platón no rechaza la poesía en sí, sino su uso acrítico como guía de vida.
El artículo analiza la concepción aristotélica de la cualidad poética a partir del problema de las propiedades estéticas del lenguaje en la Poética. Partiendo de la conocida afirmación de que la belleza reside en la medida y el orden, se observa que tales criterios se aplican con claridad a estructuras espaciales o narrativas —como un organismo o una trama dramática—, pero no de modo directo a la secuencia lineal del lenguaje. En el plano lingüístico, las cualidades estéticas no derivan principalmente del orden métrico o rítmico, aunque estos puedan aportar un componente musical, sino de la selección léxica y de los procedimientos que producen extrañeza o desviación respecto del uso ordinario. En este sentido, el estudio examina los distintos recursos que Aristóteles identifica en la dicción poética —metáfora, palabras raras, alargamientos, formas dialectales u otras variantes— y su función en la producción de un lenguaje que resulte simultáneamente claro y elevado. El análisis muestra que la teoría aristotélica de la léxis se orienta a equilibrar inteligibilidad y extrañamiento, evitando tanto la trivialidad del lenguaje cotidiano como la oscuridad excesiva. De este modo, la cualidad poética surge de una estrategia de selección y combinación léxica que permite conferir al discurso una forma distintiva y estéticamente eficaz dentro de la composición dramática.
Me propongo aquí mostrar que en el Fedro Platón aborda τὸ εἰκός de una manera compleja de modo tal que se pueden distinguir dos sentidos fundamentales de dicho término en este diálogo platónico. Por un lado, τὸ εἰκός se toma en su sentido habitual de “lo que es plausible/probable/posible”, incluyendo cosas que son plausibles pero contrarias a lo que realmente ocurre (Phdr. 273a-c), y finalmente Platón lo identifica con τὰ δόξαντα (apariencias) como opuesto a τὰ ὄντα (seres; realidades) (Phdr. 260a). Por otro lado, τὸ εἰκός puede referirse a algo que se asemeja a la realidad y que el filósofo inventa a sabiendas para acercar a alguien a la comprensión de la verdad (Phdr. 273d-e). Así mi propuesta sigue la línea exegética de autores como Centrone y Fedele, quienes afirman que Platón formula en realidad una nueva retórica que puede describirse como una forma positiva de ἀπάτη, y cuyo objetivo es persuadir a alguien de la verdad cuando el λόγος dialéctico puro no puede cumplir este objetivo.
En este trabajo nos focalizaremos en el tratamiento aristotélico de la noción de πάθος en Metaph. V 14 y 21, y Cat. 8, esto es, en dos libros en las que el enfoque de esta noción es claramente lógico-metafísico. En función de que Aristóteles retoma y resignifica muchos de los sentidos que el término tenía en su época, previamente haremos un breve recorrido por las acepciones que πάθος tenía en la Antigüedad, para luego centrarnos en el análisis de las obras señaladas. Si bien, al hacer esto, deberemos hacer referencia al hecho ineludible de que el Estagirita emplea este término para referirse a fenómenos afectivos, no es nuestra intención realizar un análisis de las emociones y pasiones en este pensador, sino examinar la complejidad semántica de πάθος y, por lo tanto, la necesidad de repensar su traducción atendiendo al contexto de aparición.