
Las malformaciones congénitas del antepié están presentes desde el nacimiento, pero pueden ser evolutivas. La sindactilia, la polidactilia y la clinodactilia son las afecciones más frecuentes, mientras que la hemimelia, la macrodactilia y las bridas amnióticas son más infrecuentes. La colaboración entre cirujanos, kinesiterapeutas, ortesistas y podólogos es esencial para proporcionar una atención específica al paciente. Debido al rápido crecimiento del pie en el primer año de vida, debe realizarse lo antes posible, para que el niño pueda adquirir la capacidad de caminar en las mejores condiciones posibles, anticipándose a cualquier necesidad de cirugía.
Aunque a veces está protegido, el pie puede verse gravemente afectado por quemaduras térmicas, eléctricas, químicas o, más raramente, radiológicas. La gravedad de la afección se ve amplificada por el impacto inmediato sobre la marcha y el calzado, así como por las posibles secuelas a largo plazo. La profundidad de las quemaduras, de primer a tercer grado o incluso carbonización, determina su manejo. Las quemaduras superficiales se curan espontáneamente, mientras que las profundas requieren escisión quirúrgica seguida de injerto de piel. Los procedimientos de urgencia, como las incisiones de descarga, son a veces esenciales para evitar complicaciones vasculares graves. En casos extremos, puede ser necesaria la amputación. La piel plantar, gruesa y poco elástica, es más resistente pero también más compleja de reconstruir. La piel dorsal, fina y frágil, suele verse más gravemente afectada por las quemaduras, con riesgo de retracción cicatricial y secuelas articulares. El uso de sustitutos dérmicos y colgajos puede mejorar los resultados funcionales y estéticos. Los cuidados posteriores incluyen rehabilitación, dispositivos ortopédicos, tratamiento de cicatrices, presoterapia y, a veces, tratamientos termales. Las secuelas incluyen bridas, hiperqueratosis, distrofias ungueales, dolor neuropático y deformaciones óseas. Los pacientes de riesgo, como los diabéticos o los que padecen arteritis, sufren mayores complicaciones y un peor pronóstico de la cicatrización. En los niños, las quemaduras en los pies son graves por el riesgo de deformaciones durante el crecimiento. Un tratamiento especializado y prolongado es esencial para limitar las secuelas funcionales. Las quemaduras del pie requieren un enfoque individualizado, multidisciplinario y prolongado para optimizar la recuperación funcional y limitar las complicaciones.
El pie y el tobillo forman un complejo cuyos daños degenerativos y traumáticos son muy frecuentes en los adultos. Las afecciones tumorales, infecciosas o inflamatorias específicas son más raras. La evaluación articular del tobillo y el pie en adultos se basa en una investigación anatómica rigurosa, cuyos objetivos principales son orientar el diagnóstico de la lesión y la función, y guiar con precisión el manejo terapéutico. La evaluación articular incluye la anamnesis para recopilar los antecedentes pertinentes de forma jerarquizada y una exploración física para evaluar las estructuras anatómicas que pueden estar afectadas y la función, en particular la marcha. Al final de esta evaluación, en la mayoría de los casos el médico está en condiciones de proponer las hipótesis diagnósticas más plausibles, que pueden confirmarse mediante estudios de imagen complementarios.
La neuralgia de Morton es un síndrome doloroso frecuente del antepié, que causa sensibilidad, ardor, hormigueo en la planta del pie y entumecimiento, y parestesias dolorosas en los dedos afectados. Se trata de una patología de un nervio intermetatarsiano por atrapamiento al nivel de su paso bajo el ligamento transverso intermetatarsiano, generalmente al nivel del 3° o 2° espacio intermetatarsiano. Se sugiere la presencia de una fibrosis perineural de los nervios interdigitales. A menudo es muy incapacitante, reduce la amplitud de la marcha, las actividades deportivas y/o profesionales y dificulta el calzado. El diagnóstico es sobre todo clínico, pero la ecografía e incluso la resonancia magnética pueden confirmarlo, precisar la localización, el número y el tamaño, y descartar diagnósticos asociados o diferenciales. Se recomienda el tratamiento conservador de primera intención que generalmente suele ser eficaz, sobre todo cuando la patología es reciente: consiste en tratar las causas y las consecuencias del neuroma. En caso de fracaso del tratamiento conservador, el neuroma se libera o se reseca quirúrgicamente, sin olvidar el tratamiento de los problemas estáticos asociados.
El calzado deportivo es aquel diseñado para practicar una actividad deportiva. Por lo tanto, debe cumplir su función principal de calzar el pie, es decir, cubrirlo y protegerlo del entorno exterior, respetando sus características mecánicas y biológicas, así como optimizar todas las funciones principales que requiere el deporte para el que ha sido diseñado, con el fin de favorecer los movimientos técnicos, mejorar el rendimiento y reducir el riesgo de lesiones. Teniendo en cuenta la diversidad de usos, entornos y limitaciones según el deporte practicado, es evidente que estas funciones generales varían según la práctica deportiva. Por ello, los fabricantes proponen soluciones técnicas y/o materiales para optimizar los parámetros clave que componen estas funciones principales. En el ámbito del calzado para correr, los principales parámetros biomecánicos son la amortiguación, el impulso, la rigidez torsional y flexional, el drop, el peso y la adherencia. Por lo tanto, evaluar un calzado deportivo equivale a evaluar su adaptación al pie del deportista y las funciones que se esperan de él en la práctica deportiva. Existen tres procesos principales para probar el calzado deportivo, que pueden o no evaluar estos parámetros por separado. Las pruebas de desgaste consisten en probar el calzado en el pie (ponérselo, ponerse de pie y dar unos pasos), es decir, probar la interacción pie/calzado sin estar en situación de uso, para evaluar únicamente su adaptación al pie. Las pruebas de producto consisten en evaluar las medidas físicas del calzado con máquinas de prueba sin el usuario, es decir, cuantificar únicamente las funciones esperadas del calzado en un entorno estandarizado. Las pruebas de uso consisten en una simulación de la práctica deportiva del deportista con el calzado deportivo que se va a probar, lo que permite evaluar conjuntamente estos dos aspectos: la interacción entre el pie y el calzado y las funciones esperadas. Este artículo se centra en las pruebas de desgaste y las pruebas mecánicas y métricas del calzado. En cuanto a las pruebas de uso, la evaluación de la comodidad y el ajuste se presentará a partir de datos subjetivos percibidos por el usuario (escalas) o de mediciones objetivas. Se mostrarán las metodologías que se deben utilizar, los límites de estas medidas y sus complementariedades. Las pruebas de producto presentadas se centran en las medidas físicas del calzado, como la regulación térmica, el peso, el grosor de las suelas y el drop, la amortiguación y la rigidez longitudinal. Se detallarán las metodologías y los vínculos con las principales funciones previstas durante el uso. En un segundo artículo se presentarán las pruebas de uso. Por consiguiente, este artículo pretende servir de ayuda para decidir qué pruebas utilizar a la hora de evaluar las cualidades de un calzado deportivo.
La tomografía computarizada de haz cónico (TCHC) permite realizar análisis tridimensionales en carga, sobre todo para el tobillo y el pie. No se trata de una tecnología nueva: se utiliza en cirugía dental y maxilofacial desde 1996, donde ha suplantado a la radiografía panorámica. La novedad reside en el hecho de haber colocado el dispositivo en el suelo en 2012 para obtener imágenes en 3D en carga, inicialmente del tobillo y el pie, y después de la rodilla y la pelvis. Así se ahorra tiempo, radiaciones ionizantes y dinero. En la actualidad, su uso es cada vez mayor, aunque se ve frenado por la falta de presupuesto específico para el procedimiento y por los frenos psicológicos inherentes a cualquier avance tecnológico. Es esencial una aclaración, porque hay que ser conscientes de la importancia de esta tecnología. La radiografía convencional está plagada de sesgos considerables, que a menudo hacen necesario el uso de imágenes adicionales, lo que provoca retrasos en el diagnóstico y una radiación innecesaria y costosa. Proyectar un volumen sobre un plano distorsiona la imagen e invalida cualquier medición precisa, lo que resulta intolerable con la llegada de la medicina a medida y personalizada. El HC es un haz en forma de cono que gira alrededor del miembro (en carga si es necesario) en menos de 1 minuto, para una irradiación equivalente a la de los rayos X estándar, que suelen ser múltiples (un haz cónico corresponde a 2,5 rayos X). Está indicado en todos los casos de patología del pie y del tobillo. Sus indicaciones se han ampliado ahora al miembro superior, la rodilla, la pelvis y, pronto, la columna vertebral. Esta revolución ha hecho necesaria la creación y evaluación científica de nuevos métodos de medición, de ahí el concepto recientemente desarrollado de biometría 3D, que requiere el uso de programas informáticos para identificar puntos de referencia anatómicos y segmentar automáticamente los huesos para permitir todo tipo de mediciones. El HC se ha convertido en un elemento esencial para la planificación quirúrgica optimizada del miembro inferior. La inteligencia artificial aportará nuevas soluciones diagnósticas, pronósticas y terapéuticas. En podología, una de las aplicaciones directas de estas tecnologías será la evaluación de terapias y el diseño asistido por ordenador, cuyos primeros actores están surgiendo en la actualidad.
La principal característica del miembro inferior es que soporta el peso del cuerpo y garantiza su movimiento. Como tal, funciona básicamente como una cadena cerrada y, a diferencia del miembro superior, da prioridad a la estabilidad sobre la movilidad. La cadera pertenece al complejo lumbopelvifemoral. Su profundidad, su congruencia y la gruesa masa muscular que la recubre garantizan una estabilidad que resulta económica gracias al brazo de palanca del cuello femoral y también a la fuerte sujeción lateral que representa el deltoides glúteo de Farabeuf, prolongado hasta la rodilla por el tracto iliotibial. La rodilla es doblemente dependiente: del equilibrio gravitatorio suprayacente y de la estabilidad del segmento subyacente en el suelo. Su movilidad, sobre todo sagital, tiene que hacer frente a las rotaciones del tronco que se le transmiten, lo que se ve dificultado por la total incongruencia de esta unión. Este hecho se compensa con un formidable sistema capsuloligamentoso, al que se añade el aparato meniscal, que garantiza la estabilidad y la movilidad. Este complejo está sostenido por un aparato extensor muy potente, aliviado a su vez, en cadena cerrada, por un aparato extensor posterior (isquiosurales y gastrocnemio). Las tensiones son más o menos proporcionales a la flexión de la rodilla. El tobillo y el pie funcionan como una unidad tridimensional. La estabilidad va acompañada de los cambios necesarios para colocar bien el pie en el suelo, y el pie debe ser suficientemente flexible como para adaptarse y, al mismo tiempo, suficientemente rígido como para transmitir correctamente las tensiones a las que está sometido. Para cumplir estas especificaciones, además de una estructura articular que garantiza una deformabilidad controlada, el pie dispone de un entramado plantar que combina potentes estructuras pasivas con estructuras suplementarias activas. Desde un punto de vista dinámico, el pie, que suele estar calzado, debe absorber la tensión, propulsar el cuerpo, en particular durante la aceleración y al subir una pendiente, y pivotar al despegarse del suelo.
Los sesamoideos del gran artejo (hallux) forman parte de la articulación metatarsofalangosesamoidea del primer radio. Por analogía con las semillas de sésamo, se trata de dos huesos de pequeño tamaño, muy densos, situados bajo la cabeza del primer metatarsiano, que los estabiliza mediante una cresta sagital llamada crista, que estabiliza el centrado de los sesamoideos hasta 30° de flexión dorsal de la articulación metatarsofalángica del gran artejo; por encima de 30° de flexión dorsal, la articulación se estabiliza activamente por tensión capsuloligamentaria y muscular. Estos huesos se encuentran empotrados en un complejo viscoelástico capsulotendinoaponeurótico, que se inserta en la base de la primera falange; pueden ser uni o plurifragmentarios e incluso en casos excepcionales pueden estar ausentes. Los sesamoideos son importantes desde el punto de vista biomecánico, pues están sometidos a tensiones de tracción muy importantes; pueden verse afectados de forma traumática, microtraumática, degenerativa, inflamatoria o infecciosa. El dedo de «césped» corresponde a una lesión traumática particular, porque se trata de una asociación lesional que puede consistir en una fractura de los sesamoideos asociada a lesiones capsuloligamentarias, tendinosas y musculares. La afectación patológica de los sesamoideos y las secuelas de los tratamientos quirúrgicos inapropiados, como la resección de ambos sesamoideos, pueden provocar una invalidez dolorosa de evolución larga y difícil de tratar. El tratamiento funcional siempre se propone como primera elección, salvo en caso de fractura desplazada o de patología infecciosa de los sesamoideos. El tratamiento quirúrgico sigue siendo excepcional, debe adaptarse a las lesiones que se van a tratar y se propone cuando fracasa el tratamiento funcional. La artroscopia metatarsofalángica es una técnica interesante para el tratamiento de las lesiones sesamoideas, en particular la sesamoidectomía. La principal ventaja de la artroscopia es que se puede realizar una sesamoidectomía parcial o total por vía mínimamente invasiva sin lesionar la cubierta fibrosa del sesamoideo. El riesgo de desestabilización de la articulación metatarsofalángica es menor.
El pie edematoso es la consecuencia de la acumulación de líquido en el plano dermohipodérmico. Se debe a un exceso de filtración capilar, casi siempre por hipertensión venosa, asociado a un déficit en el drenaje linfático. La etiología más frecuente es la insuficiencia venosa crónica primaria. El linfedema es poco frecuente, pero debe detectarse lo antes posible a fin de prevenir las complicaciones de su cronicidad, que están constituidas por los trastornos tróficos, funcionales y de la estática y la dinámica bipodales. El diagnóstico del pie edematoso es esencialmente clínico; busca la desaparición de los relieves del pie, el signo de la fóvea y el signo de Stemmer, en presencia de un aumento del volumen del pie. El diagnóstico diferencial debe hacerse con la infiltración grasa sin edema. El tratamiento sintomático, lo más precoz posible, se basa en la compresión, principalmente mediante vendajes inelásticos, incluso mixtos, y en la kinesiterapia de drenaje. La educación del paciente es esencial para prevenir o hacerse cargo de los episodios de edema.
Los traumatismos de tobillo en niños y adolescentes son un motivo frecuente de consulta. Afectan mayoritariamente a niños que practican deporte. La frecuencia de las lesiones observadas varía en función de la edad y la madurez ósea del niño. En los niños jóvenes, no púberes y con un cartílago de crecimiento con capacidad de regeneración, los desprendimientos epifisarios son más frecuentes que las lesiones ligamentarias. Las fracturas en adolescentes suelen ser fracturas de transición (de Tillaux, de Mac Farland). Es vital comprender el mecanismo de la lesión para adaptar el tratamiento lo mejor posible. La complicación más frecuente de estas fracturas es la epifisiodesis postraumática; más raramente y a medio y largo plazo, la algodistrofia (frecuencia y diagnóstico en aumento), y la artrosis precoz en caso de tratamiento insuficiente. Esto justifica la vigilancia hasta la madurez esquelética. Los esguinces de tobillo son frecuentes en pediatría, pero a menudo benignos. En general, los esguinces en niños son más frecuentes a partir de la edad en que se vuelven más activos físicamente (alrededor de los 5 años). Los niños que practican deportes de club con regularidad pueden ser más propensos a sufrir esguinces debido a los movimientos repetitivos y los impactos asociados a estas actividades. Además de las fracturas, los diagnósticos diferenciales de los esguinces son principalmente la sinostosis, la apófisis anterior del calcáneo demasiado larga (TLAP, too-long anterior process) y las lesiones osteocondrales de la cúpula del astrágalo. El tratamiento de los esguinces sigue un esquema diagnóstico y terapéutico preciso. Es importante tener en cuenta las capacidades psicomotoras del niño y su morfotipo (obesidad, sobrepeso, deformación del pie, etc.), para adaptar las actividades y prevenir las lesiones de tobillo, ya sean óseas o ligamentarias.
El «pie diabético» incluye una serie de síndromes en los que la interacción de la pérdida de la sensación protectora por la presencia de neuropatía sensitiva, el cambio en los puntos de presión a causa de la neuropatía motora, la disfunción autonómica y la disminución del flujo sanguíneo por enfermedad vascular periférica pueden dar lugar a la aparición de lesiones o úlceras inducidas por traumatismos menores que pasan «desapercibidos». Esta situación conlleva una importante morbilidad y un riesgo de amputación elevado. Se puede prevenir con la aplicación de programas de prevención, basados en la detección precoz de neuropatía, evaluación de factores de riesgo asociados, junto a aplicación de un programa estructurado de educación y tratamiento de los factores de riesgo. Incluyen el manejo óptimo de la lesión aguda, con antibioterapia específica y cuidados que favorecen un cicatrización correcta y temprana.
Las férulas de reposo son dispositivos médicos externos diseñados para reducir y limitar la evolución de las malformaciones del pie y aliviar el dolor y la inflamación. Las deformaciones de los dedos de los pies son muy frecuentes, con mayor incidencia en las mujeres, se agravan con el envejecimiento y repercuten en la calidad de vida. Flexibles o rígidas, estándar o moldeables, se aplican con mayor frecuencia en el antepié, al nivel de las articulaciones metatarsofalángicas e interfalángicas, pero también son útiles para mantener posturas antálgicas en el mediopié o la bóveda plantar. Este tratamiento conservador debe ser la opción inicial antes de la cirugía.
La inestabilidad crónica del retropié es una afección extremadamente frecuente, a menudo relacionada con esguinces traumáticos mal tratados. La causa principal es la laxitud del ligamento lateral, resultado de una torsión antigua o reciente. En caso de inestabilidad crónica, el tratamiento médico con ortesis plantares y la rehabilitación son siempre esenciales. Sólo si esto falla se propone una solución quirúrgica, si es posible. La ligamentoplastia del ligamento colateral lateral es un procedimiento fiable y reproducible. Permite a los pacientes deportistas recuperar la estabilidad en poco tiempo y volver a su nivel deportivo en pocos meses. Sin embargo, no todas las inestabilidades se producen de la misma manera, debido a una amplia gama de causas. El pronóstico del resultado final depende, por tanto, de la patología de que se trate y del tipo de tratamiento utilizado o del número de procedimientos realizados. El tratamiento precoz de estas inestabilidades influye en la calidad del resultado. Muchas de estas inestabilidades se tratan con rehabilitación y plantillas estabilizadoras, debido a la falta de tratamiento inicial, y se curan rápidamente. El tratamiento quirúrgico es muy variado, desde simples procedimientos tisulares como la ligamentoplastia hasta correcciones óseas por osteotomía, alargamiento tendinoso o incluso artrodesis de uno o varios segmentos del tobillo y el pie. En la mayoría de los casos se trata de una inestabilidad ligamentosa debida a una laxitud lateral, lo que pone de manifiesto la fiabilidad del tratamiento médico y quirúrgico a corto, medio e incluso largo plazo.
La patología tendinosa extrínseca del pie es frecuente, pero todavía no se conoce con detalle. Pueden afectarse los tres grupos musculares: lateral, medial y anterior. El diagnóstico se confirma mediante ecografía, tomografía computarizada (TC) y resonancia magnética (RM), pero también por la visión directa que ofrece la tenoscopia. El tratamiento es ante todo médico, pero el estancamiento terapéutico puede conducir a la práctica de una sinovectomía, una sutura de las fisuras o las rupturas y, en ocasiones, a una tenodesis.
El diagnóstico de una desigualdad de longitud de los miembros inferiores (DLMI o anisomelia) se define por una diferencia en la longitud real de los segmentos óseos, una vez descartadas las anomalías articulares y los defectos de eje. Da lugar a la inclinación pélvica y a la incurvación de la columna vertebral. La valoración etiológica es un elemento esencial para establecer el pronóstico y elegir el plan de tratamiento: anomalías constitucionales o desigualdades de longitud adquiridas. El diagnóstico se establece a partir de la exploración física, primero en posición de pie y luego en decúbito. Permite identificar la etiología, las anomalías axiales, la movilidad, la inestabilidad articular y la contribución del pie a la desigualdad de longitud. Las mediciones de las longitudes y los ejes son complementarias en una radiografía panorámica anteroposterior de los miembros inferiores si el paciente no presenta una actitud viciosa. En caso contrario, las mediciones deben efectuarse en una radiografía lateral. La anisomelia es evolutiva y previsible en las malformaciones congénitas porque el porcentaje de desigualdad se mantiene constante. En los casos de aceleración de crecimiento temporal postraumático o postinfeccioso, la desigualdad no es regular. La determinación de la edad fisiológica del niño en la muñeca o el codo, conocida como edad ósea, es un criterio importante. Se han descrito varios métodos para predecir la DLMI final. También existen programas informáticos de cálculo. Las DLMI de longitud fisiológica (<1 cm) o muy bien toleradas (<2 cm) simplemente se vigilan. Para las desigualdades leves (<5 cm), el tratamiento es ortopédico con compensación dentro o fuera del calzado. Para las DLMI moderadas (5-10 cm), hay que elegir entre un zapato ortopédico y una prótesis. Para las DLMI graves (>10 cm) o muy graves (>15 cm), es inevitable el uso de una prótesis. A partir de los 2 cm de anisomelia se prevé un programa de igualación de longitud, con frenado de crecimiento o acortamiento extemporáneo y/o alargamiento progresivo con fijador externo o clavo intramedular.
Comprender el papel clave que desempeña el pie en la regulación postural ayuda a optimizar los tratamientos podales y a limitar algunos efectos potencialmente iatrogénicos. Adquirir o desarrollar una visión sistémica de las relaciones entre los pies y otras partes del cuerpo facilitará la comunicación interdisciplinaria y abrirá nuevas áreas terapéuticas. Desde un punto de vista biomecánico, el pie es la base de apoyo del cuerpo en posición de pie. Es una estructura compleja (26 huesos) y flexible que proporciona apoyo postural, controla las oscilaciones y se adapta al suelo. El pie y la pierna están unidos por la articulación tibiotarsiana (tobillo) y no pueden disociarse. Numerosos ligamentos y tendones de los músculos extrínsecos del pie hacen de puente alrededor de esta articulación y son esenciales para la posición de pie. Son los primeros en activarse y contribuyen a estabilizar y orientar la cabeza y la mirada. Desde un punto de vista neurosensorial, la planta del pie, el único sistema sensorial postural en contacto directo con la superficie terrestre, es una fuente de información clave para el sistema nervioso central. La piel plantar contiene un gran número de receptores. Algunos de estos sensores están situados en la dermis y permiten localizar el centro de presión plantar, cuyos movimientos estabilizan el centro de masa. Otros receptores, situados en la epidermis, transmiten información nociceptiva. Una activación importante de estos receptores puede provocar adaptaciones posturales, enmascarando la información de otros sensores posturales y perturbando su integración al nivel central. El pie, al permitir la percepción del suelo y el control inicial de las acciones, forma el sistema podal, que es la base del sistema postural.
La cirugía de la uña no se realiza con frecuencia en la mayoría de las consultas y suele suscitar temores, pero no es necesariamente más difícil que la cirugía cutánea convencional. Sin embargo, es minuciosa y requiere un perfecto conocimiento de la anatomía y de la fisiología de la uña, para operar procurando conservar al máximo la integridad del aparato ungueal. En este artículo, se abordarán las diferentes técnicas quirúrgicas habituales: técnicas de biopsia, cirugía de los tumores ungueales más frecuentes, así como el tratamiento de las melanoniquias longitudinales.
Las espondiloartritis son un grupo de artropatías inflamatorias crónicas que se caracterizan por una afectación axial y/o periférica con un doble mecanismo de entesopatía inflamatoria y/o de artritis, que pueden afectar en particular al pie. Engloban la espondilitis anquilosante, la artropatía psoriásica, las artritis reactivas y las formas asociadas a la enfermedad de Crohn o a la colitis ulcerosa, así como las formas indiferenciadas. Las presentaciones clínicas pueden ser muy diferentes en los pacientes afectados, pero las localizaciones de la enfermedad en el pie y el tobillo son frecuentes. El pie suele ser una ayuda en el diagnóstico de espondiloartritis y su afectación causará en ocasiones discapacidad funcional y dificultades terapéuticas. La talalgia por entesitis calcánea, inferior o posterior, es frecuente. Los otros cuadros de dolor del retropié pueden explicarse por bursitis (por delante del tendón calcáneo en la mayoría de los casos) e incluso por una tenosinovitis de los tendones tibial posterior o peroneos, incluso por una artritis del tobillo o subastragalina. Las afectaciones del antepié pueden ser de tipo dactilitis con dedos en salchicha o artritis de las articulaciones metatarsofalángicas o interfalángicas. Estas son más frecuentes y más destructivas en la artropatía psoriásica. El diagnóstico de afectación del pie en las espondiloartritis se basa en la anamnesis y la exploración física, pero las radiografías simples conservan un lugar en el seguimiento y la búsqueda de daños estructurales observables en algunas formas avanzadas. En caso de afectación reciente y cuando existen dificultades diagnósticas, la ecografía y la resonancia magnética pueden ser útiles en la actualidad. Los tratamientos sistémicos son muy eficaces hoy en día, con la utilización de nuevos tratamientos de fondo y, en particular, las bioterapias y las terapias dirigidas, sobre todo con los inhibidores de la cinasa Janus (JAK). Sin embargo, los tratamientos específicos podológicos conservan su lugar y no deben olvidarse.
El quinto varo comprende dos afecciones distintas: el juanete de sastre y el quinto varo supraducto o infraducto. El juanete de sastre es una prominencia excesiva del borde lateral de la cabeza del 5.° metatarsiano, causada por una hipertrofia de la cabeza metatarsiana o una desviación lateral de la parte distal del 5.° metatarsiano. El quinto varo supraducto es una deformación congénita causada por una hipertonía del aparato extensor, que sitúa el 5.° dedo del pie por encima del 4.° dedo. Si fracasa el tratamiento médico, en las formas dolorosas puede proponerse un tratamiento quirúrgico. El tratamiento quirúrgico del juanete de sastre está bien codificado según el análisis radiológico: exostosectomía u osteotomía del 5.° metatarsiano. El tratamiento quirúrgico del quinto varo es más controvertido. El procedimiento se centra esencialmente en los tejidos blandos, con acciones de relajación tendinosa, capsular, cutánea y articular de tipo artrólisis. También pueden efectuarse intervenciones óseas, sindactilias o transferencias tendinosas. El riesgo de recidiva es importante.