
El embarazo se asocia a cambios significativos en la mayoría de los aspectos de la hemostasia, en particular un aumento de los niveles circulantes de ciertos factores procoagulantes asociado a una disminución de los niveles de ciertos factores anticoagulantes y de la actividad fibrinolítica. Estos cambios contribuyen a crear un estado de hipercoagulabilidad, especialmente alrededor del término y en el periodo posparto. Probablemente forman parte de una compleja adaptación fisiológica que garantiza un control más rápido y eficaz de la hemorragia en el momento del parto, al tiempo que permite la expansión de la circulación materna y fetal en la interfase uteroplacentaria durante el embarazo. Sin embargo, este estado procoagulante también predispone a las embarazadas a sufrir complicaciones trombóticas. El conocimiento de estos cambios es esencial para la correcta interpretación de las pruebas de hemostasia durante la gestación y el posparto, y ayuda a evitar ciertas trampas diagnósticas. Las patologías descubiertas incidentalmente durante el embarazo o el embarazo preexistente, como la deficiencia de factor o la trombopatía, requieren un seguimiento, idealmente en una consulta especializada en hemostasia. Es necesaria una anamnesis cuidadosa y específica para diagnosticarlas y seguir su evolución. Además, la gestión del parto y del periodo periparto tiene sus propias especificidades. Las anomalías adquiridas también pueden afectar directamente a determinadas proteínas de la hemostasia, como en la hemofilia A adquirida o la deficiencia del factor XI. También pueden reflejar ciertas complicaciones obstétricas, como microangiopatías trombóticas, coagulación intravascular diseminada y/o coagulopatía inducida por fármacos, que deben detectarse lo antes posible, ya que pueden ser situaciones potencialmente mortales para las pacientes.
La amenorrea es uno de los principales motivos de consulta en ginecología, endocrinología y medicina de la reproducción. La ausencia de ciclo menstrual en niñas después de los 15 años, con o sin desarrollo puberal aparente, se conoce como amenorrea primaria (AP). Cuando se interrumpe la menstruación en una mujer que antes menstruaba, se habla de amenorrea secundaria (AS). La distinción clásica entre AP y AS es, de hecho, algo artificial, ya que sus causas se sobreponen. Simplemente subraya que, en la mayoría de los casos, la AP se debe a causas cromosómicas y genéticas, mientras que la AS suele ser secundaria a enfermedades adquiridas. Sin embargo, las causas genéticas también pueden manifestarse mediante AS y las enfermedades no genéticas mediante AP. Después de la pubertad, la ausencia de menstruación es fisiológica durante el embarazo, la lactancia y la menopausia. Fuera de estos periodos, la existencia de ciclos menstruales regulares es indicativa del buen funcionamiento del eje hipotálamo-hipófisis-gónadas y del mecanismo ovulatorio, así como de la integridad del órgano diana uterino. Por lo tanto, cualquier interrupción del ciclo menstrual más allá de 2-3 meses, incluso después de interrumpir la anticoncepción oral, es anormal y justifica una investigación etiológica antes de considerar cualquier tratamiento. La amenorrea es un signo de alteración en el eje hipotálamo-hipófiso-ovárico o de una anomalía anatómica del útero y/o la vagina. La exploración hormonal de primera línea incluye la determinación plasmática o sérica de las gonadotropinas hipofisarias −hormona luteinizante (LH), hormona folículoestimulante (FSH)−, del estradiol, de la prolactina y la medición sistemática de la gonadotropina coriónica humana si hay desarrollo puberal. La existencia de un perfil de déficit gonadótropo (estradiol bajo y LH y FSH bajas o no elevadas) debe conducir siempre a una prueba de prolactina y a una resonancia magnética de la región hipotalamohipofisaria y, si estas pruebas son normales, a una cuantificación del índice de masa corporal, de la actividad física y a una encuesta dietética rigurosa. En caso de FSH elevada asociada a niveles variables de estradiol, se sospecha una insuficiencia ovárica prematura, por lo que se debe realizar un cariotipo en primera línea y buscar una mutación o premutación del gen FMR1 responsable del síndrome del cromosoma X frágil. Al mismo tiempo, se busca una causa autoinmunitaria. Si estas pruebas no revelan ninguna anomalía significativa y no hay antecedentes de lesiones ováricas iatrogénicas, debe realizarse una investigación genética en un entorno especializado, utilizando técnicas de secuenciación de nueva generación. En los casos de amenorrea primaria o secundaria, siempre debe investigarse el síndrome de ovario poliquístico, dada su elevada prevalencia, sobre todo en presencia de signos de hiperandrogenismo o de antecedentes que sugieran una anovulación crónica. En esta investigación, la ecografía ovárica con evaluación precisa del volumen ovárico y el recuento de folículos antrales desempeña un papel importante junto con las pruebas hormonales mencionadas anteriormente y la medición de la testosterona plasmática. En este contexto, la medición de la hormona antimülleriana puede ser útil, pero su valor diagnóstico es imperfecto y sigue siendo objeto de debate a pesar de las recomendaciones del último consenso de 2023. En caso de AP o AS, el tratamiento con estroprogestágenos sin una investigación etiológica previa siempre está injustificado. Una vez identificada la causa, se propone un tratamiento etiológico o, en su defecto, una terapia hormonal sustitutiva. La amenorrea puede ir precedida de irregularidades menstruales (oligo/espaniomenorrea) que tienen un valor semiológico similar. La investigación de la amenorrea conduce necesariamente al descubrimiento de patologías que se detallan en otros artículos de la EMC. Aquí sólo se tratan los principales aspectos del diagnóstico.
Este artículo profundiza en la aplicación de la inteligencia artificial (IA) en el campo de la ginecología, centrándose en las patologías benignas y los cánceres ginecológicos. Tras introducir los principios fundamentales de la IA, el artículo explora varios modelos, como la regresión logística, el árbol de decisiones, el bosque aleatorio y el aumento de gradiente extremo. En la sección dedicada a las patologías ginecológicas benignas, el artículo examina la contribución de la IA al diagnóstico, la realidad aumentada/virtual, el tratamiento quirúrgico, la endometriosis, la investigación de terapias y su papel en la enseñanza de la ginecología. El núcleo del artículo se centra en la aplicación de la IA en los cánceres ginecológicos, analizando su papel específico en el diagnóstico, el pronóstico y la terapia del cáncer de cuello de útero, el cáncer de endometrio, el sarcoma uterino y el cáncer de ovario. En conclusión, el artículo destaca los importantes avances que ha hecho posible la IA en ginecología, al tiempo que reconoce sus limitaciones actuales. También mira hacia el futuro, destacando los retos éticos y deontológicos y las oportunidades para mejorar la precisión del diagnóstico y las opciones terapéuticas. Este resumen ofrece una visión rigurosa de las aplicaciones actuales y potenciales de la IA en ginecología, destacando su papel crucial en la mejora de la atención ginecológica.
Desde hace más de cuarenta y cinco años, es posible tener un embarazo después de un trasplante de hígado (TH), bajo supervisión médica regular. Una vez que la función hepática se ha recuperado y siempre que el tratamiento inmunosupresor se adapte adecuadamente, el embarazo es posible tras un período mínimo de un año después del TH. Si bien el riesgo de rechazo no aumenta con el embarazo, se recomienda, como para cualquier mujer candidata a un trasplante de órgano sólido, que la paciente acuda a una consulta preconcepcional, ya que durante el embarazo pueden aparecer ciertas enfermedades maternas con repercusión fetal (preeclampsia, colestasis). Cabe señalar que algunos estudios informan de tasas de prematuridad y morbimortalidad materna superiores a las que se observan en mujeres de la misma edad que no se han sometido a un trasplante. Como los tratamientos inmunosupresores pueden ser teratogénicos, hay que preparar el embarazo. La lactancia debe considerarse caso por caso en función de los tratamientos.
En los últimos 30 años, las técnicas de cesárea han evolucionado hacia una simplificación de los pasos quirúrgicos. Al mismo tiempo, se han realizado estudios a gran escala para probar diferentes variantes técnicas y su impacto en el riesgo de complicaciones maternas a corto o largo plazo. La técnica de Misgav-Ladach y sus variantes (Joel-Cohen, Stark) se asocia con una reducción de la duración de la intervención y de la morbilidad materna inmediata, y se ha impuesto desde hace unos veinte años, sustituyendo a la incisión clásica de Pfannenstiel. La técnica de Mouchel, que implica una sección de los músculos rectos sin despegamiento aponeurótico, es útil en casos de útero cicatricial y tejidos adheridos. Entre las modificaciones técnicas generalmente realizadas y recientemente validadas por las recomendaciones para la práctica clínica del Colegio Nacional de Ginecólogos y Obstetras Franceses se encuentran: la ausencia de despegamiento sistemático de la vejiga debido a un posible aumento del riesgo de lesión vesical, problemas esfinterianos o complicaciones hemorrágicas; el ensanchamiento de la histerotomía con los dedos y en sentido craneocaudal; la realización de un alumbramiento dirigido de la placenta pero sin extracción manual para reducir el riesgo de hemorragia; la ausencia de cierre del peritoneo visceral o parietal. Sin embargo, el cierre del útero en uno o dos planos, la exteriorización o no del útero, la utilización de un plano subcutáneo o el tipo de cierre cutáneo (sutura continua intradérmica o grapas) no se asocian a ningún beneficio clínico demostrado. Por último, hay casos especiales (obesidad, placenta previa, placenta acreta, etc.) que requieren un manejo adaptado a cada caso.
Las afecciones ginecológicas infantiles son un motivo frecuente de consulta en la práctica privada, y los profesionales deben ser conscientes de la naturaleza específica de estas afecciones. El conocimiento del examen pélvico de recién nacidas y niñas y del desarrollo puberal clínico y ecográfico son la base para un tratamiento adecuado. Este artículo ofrece una descripción anatómica de las afecciones que afectan a la vulva y el clítoris, las anomalías congénitas de la vagina y el útero y las masas ováricas. La observación del desarrollo somático y la exploración ginecológica externa suelen ser las únicas medidas esenciales y suficientes para el cuidado de las niñas. Se describen los métodos de inspección de la vulva, que deben realizarse sin restricciones en presencia de la familia. La vulvitis y la vulvovaginitis en las niñas son, con diferencia, los motivos de consulta más frecuentes. Su diagnóstico es clínico y no requiere la toma de una muestra, pero sí recomendaciones para el aseo y la micción. Las distintas afecciones infecciosas de la vulva se describen detalladamente para ayudar al profesional a detectar la presencia de un cuerpo extraño y tratar adecuadamente una infección bacteriana. Algunos trastornos de la vulva y el clítoris (liquen, prolapso uretral) son particularidades pediátricas que no deben pasarse por alto. La ecografía pélvica es el examen clave para detectar anomalías en el desarrollo de la vagina y el útero, y para diagnosticar masas ováricas. La resonancia magnética (RM) pélvica es un complemento importante para la clasificación de las malformaciones müllerianas y la naturaleza de una masa ovárica. Son poco frecuentes y suelen ser benignas; el síntoma principal es el dolor y la complicación principal es la torsión de los anexos. Se consideran las distintas etiologías, describiendo el tratamiento de urgencia de la torsión anexial, las particularidades de los quistes ováricos fetales y una descripción de los distintos tumores ováricos orgánicos según el tipo de tejido.
El cáncer de cuello de útero sigue siendo un importante problema de salud pública, y recientemente han aparecido nuevas herramientas de cribado de lesiones precancerosas que complementan la prevención primaria mediante vacunación, cuyo uso juicioso garantiza una prevención secundaria eficaz. La infección persistente por un virus del papiloma de alto riesgo (VPH-AR) está en el origen de los fenómenos que conducen al cáncer, y esta infección está muy extendida. El aclaramiento viral permite al menos una reducción de la carga viral por debajo del umbral de detección viral susceptible de causar lesiones con un bajo riesgo de lesiones (pre)malignas durante un periodo prolongado de 5 años. Las dos herramientas de cribado utilizadas en Francia son la citología, que se prefiere entre los 25 y los 30 años, con una repetición de la prueba a los 26 y después cada 3 años, debido a la alta prevalencia de infecciones por VPH-AR y a la prevalencia relativamente baja de lesiones de alto grado en este grupo de edad, y las pruebas virológicas, que son más sensibles que la citología después de los 30 años (que deben repetirse cada 5 años si son negativas), cuando la circulación del VPH es menor pero es más probable que aparezcan lesiones de alto grado. En el caso de la citología ASCUS (células escamosas atípicas de significado indeterminado), el triaje se basa en la prueba del VPH y, en las pacientes mayores de 30 años, en la citología convencional. El plan nacional francés de cribado organizado del cáncer de cuello de útero se aplica actualmente en todas las regiones y está dirigido por las estructuras regionales de cribado. Su objetivo es aumentar la aceptación, sobre todo entre las pacientes que no se someten a cribado o lo hacen de forma deficiente (y las técnicas de automuestreo vaginal y urinario en estas poblaciones podrían contribuir a ello), y permitir un mejor seguimiento de las pruebas de cribado positivas. Además de este cribado organizado, algunos grupos de pacientes deberían beneficiarse de un seguimiento personalizado especial: las personas inmunodeprimidas y las pacientes mayores de 65 años que no han tenido seguimiento o han tenido un seguimiento deficiente, así como las pacientes con lesiones de alto grado.
El prolapso de órganos pélvicos (POP) se caracteriza por la protrusión de una pared vaginal en el lumen de la vagina debido a un defecto de suspensión o soporte. El POP puede ser asintomático y no requerir tratamiento, pero también puede provocar síntomas, como sensación de pesadez vaginal, síntomas urinarios o anorrectales, lo que afecta considerablemente a la calidad de vida de la mujer. El tratamiento es necesario cuando la paciente presenta síntomas que interfieren en su vida cotidiana. La cirugía del prolapso puede realizarse por vía abdominal (preferiblemente por laparoscopia) utilizando dispositivos protésicos (promontofijación o sacrocolpopexia), o por vía vaginal. Los implantes de refuerzo protésico colocados por vía vaginal han sido prohibidos y, por tanto, ya no se utilizan. Existen varias técnicas quirúrgicas vaginales para corregir el POP, pero no hay una recomendación preferida específica para cada situación clínica. Se describirán las diferentes técnicas quirúrgicas utilizadas para corregir el POP por vía vaginal, excluyendo la cirugía con refuerzo protésico en línea con las recomendaciones actuales. La elección del abordaje quirúrgico debe tener en cuenta el estado de salud de la paciente, la edad, el estadio del prolapso, los compartimentos implicados, la actividad sexual, los antecedentes y el deseo de preservar la fertilidad.
Los tumores benignos del ovario son una patología ginecológica frecuente. La evaluación preterapéutica, que incluye al menos una ecografía pélvica y un análisis de marcadores tumorales, es esencial para evitar operar innecesariamente un quiste funcional, pero sobre todo para distinguir los tumores orgánicos benignos de los malignos. La laparoscopia es actualmente la vía de acceso preferida; las indicaciones para la laparotomía se limitan principalmente a las masas sospechosas. Sea cual sea la vía de acceso, el primer tiempo de la intervención comporta una exploración abdominopélvica completa y una citología peritoneal. Las mujeres en edad fértil son principalmente operadas por quistectomía y las mujeres menopáusicas por anexectomía unilateral o bilateral.
El cáncer de cuello uterino es el cuarto cáncer más frecuente en la mujer en los países desarrollados. A pesar de los avances terapéuticos de los últimos años, se producen alrededor de un 30% de recidivas. El pronóstico de las pacientes con una recidiva es especialmente sombrío, con una supervivencia mediana de unos 13-17 meses. Sin embargo, algunas recidivas locorregionales pueden ser tributarias de un tratamiento curativo local, lo que conlleva mejores tasas de supervivencia. La extirpación quirúrgica de la recidiva en monobloque permite lograr tasas de supervivencia global a los cinco años del 27,4% al 54% y de supervivencia sin progresión del 34,4% al 35,8%, pero a costa de una elevada morbimortalidad. Sólo son candidatas al tratamiento quirúrgico las pacientes que presentan una recidiva locorregional aislada que, mediante una exhaustiva evaluación preoperatoria e intraoperatoria, se considera resecable dentro de un margen sano con intención curativa. La escisión quirúrgica en monobloque supone una intervención pesada y mutilante, con la necesidad de realizar en el mismo tiempo quirúrgico intervenciones de llenado de la vacuidad pélvica y de reconstrucción digestiva, urinaria, vaginal y perineal. De este modo, sólo un pequeño número de pacientes pueden ser candidatas. El tratamiento de las recidivas locales y locorregionales del cáncer de cuello uterino debe centralizarse en centros expertos. Además, se debe informar a las pacientes acerca de las posibles alternativas, en particular mediante quimioterapia combinada con terapias dirigidas o inmunoterapias, que han mostrado resultados alentadores en los últimos años.
La hernia de la cúpula diafragmática es una patología poco frecuente que afecta aproximadamente a 1 de cada 3.000 nacimientos y que puede ser grave. El diagnóstico prenatal es posible en el 60-90% de los casos, lo que permite hacer una estimación del pronóstico para optimizar la atención a los niños. Esto requiere ecografías fetales diagnósticas, tomas de muestras invasivas para investigaciones cromosómicas y genéticas, y resonancia magnética fetal. En algunos casos, puede proponerse la cirugía in utero con oclusión traqueal por fetoscopia para mejorar la supervivencia. La hernia de cúpula sigue siendo una enfermedad compleja que requiere un tratamiento pre- y postnatal multidisciplinario en centros experimentados, con la participación de obstetras, radiólogos, genetistas, especialistas en cuidados intensivos y cirujanos pediátricos.
La cirugía de la incontinencia urinaria afecta a una de cada diez mujeres. Es cierto que se trata de una afección benigna, pero su impacto en la calidad de vida puede ser grave. Para la incontinencia urinaria de esfuerzo, se propone la reeducación perineal, posiblemente combinada con la reducción de peso, como tratamiento de primera línea. También pueden probarse dispositivos intravaginales (como los pesarios). Si estas terapias no invasivas fracasan, y si la mujer tiene muchas molestias, puede proponerse la cirugía. Las técnicas mínimamente invasivas que utilizan una banda suburetral e inyecciones periuretrales de un agente de llenado se consideran las técnicas con la mejor relación beneficio/riesgo en la actualidad. En caso de incontinencia urinaria de urgencia (síndrome de hiperactividad vesical), tras el fracaso de la rehabilitación, la neuromodulación del nervio ciático poplíteo interno y los medicamentos, se puede proponer realizar inyecciones de toxina botulínica en el detrusor o una neuromodulación sacra (técnica más invasiva). En este artículo se detallan estas diferentes técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas para el tratamiento de la incontinencia urinaria en la mujer, así como los principales resultados asociados.
Las sinequias son adherencias intrauterinas que afectan a la fertilidad de las pacientes. En la mayoría de los casos, son de origen postraumático. La gestión de las interrupciones del embarazo en el primer trimestre y las retenciones posparto son los principales factores que contribuyen a ello. La sinequia es responsable de trastornos del ciclo y abortos precoces recurrentes. La histeroscopia y la histerosonografía son los métodos de referencia para restablecer una cavidad uterina de tamaño normal y un endometrio funcional, a fin de permitir la fecundación y la implantación. Se recomienda el uso de un histeroscopio de pequeño diámetro (5 mm) e instrumentos sin energía o con energía bipolar. El ecoguiado facilita el tratamiento de las sinequias graves y limita el riesgo de perforación peroperatoria. El principal riesgo del tratamiento es la recidiva, sobre todo en los casos graves, en los que a veces son necesarias varias intervenciones. Se recomienda realizar una histeroscopia diagnóstica a las 3-6 semanas para identificar y tratar estas recidivas. Se están estudiando y utilizando diversos métodos físicos, moleculares y celulares para la prevención primaria y secundaria de las sinequias postoperatorias.
Durante mucho tiempo, el análisis del ácido desoxirribonucleico (ADN) fetal plasmático ha permanecido limitado a la determinación del sexo fetal y al genotipado rhesus fetal (RHD) por razones tecnológicas. Desde 2008, es posible diagnosticar la trisomía 21, y posteriormente otras aneuploidías en el feto, a partir de una muestra de sangre de la madre gracias al análisis del ADN libre circulante (ADNlc) de origen placentario. En la literatura se han descrito numerosas técnicas, pero el principio básico es siempre el mismo: el ADN materno y el fetal no se separan, sino que se cuantifica el ADN circulante para identificar la fracción de ADN en exceso (deficitaria) del cromosoma implicado cuando el feto es portador de una aneuploidía (o de una anomalía segmentaria). En la actualidad se ha demostrado ampliamente que el rendimiento del cribado prenatal de la trisomía 21 mediante la prueba del ADNlc es excelente (sensibilidad y especificidad superiores al 99%). Las pruebas de ADNlc pueden utilizarse ahora para el cribado de otras anomalías cromosómicas (trisomías 18, 13 o autosómicas raras; deleciones o duplicaciones de más de 7 Mb; algunos síndromes de microdeleción). Con el uso cada vez más frecuente de estas pruebas, han surgido casos de falsos negativos y falsos positivos. Anomalías citogenéticas maternas somáticas o tumorales, gemelos evanescentes portadores de anomalías cromosómicas o incluso anomalías cromosómicas limitadas solo a la placenta, constituyen otros ejemplos descritos como generadores de resultados falsos positivos o no interpretables, aunque sigan siendo infrecuentes en la población general. El constante perfeccionamiento de estas pruebas ha contribuido a introducir cambios profundos y recientes en cuanto al cribado de las anomalías cromosómicas fetales en Francia y en el resto del mundo.
Durante el trabajo de parto, el feto utilizará diversos mecanismos de regulación para mantener su consumo de oxígeno a pesar del inicio de las contracciones uterinas. Los más importantes son los fenómenos de adaptación cardiovascular, que dan lugar a cambios en la frecuencia cardíaca y el flujo sanguíneo en los distintos territorios fetales. Este conocimiento permite interpretar mejor los cambios en los registros de la frecuencia cardíaca fetal utilizados para la vigilancia del feto durante el trabajo de parto. El feto también es capaz de modificar su metabolismo energético y el intercambio de gases a nivel tisular. El conocimiento de estos últimos permite analizar mejor los resultados de los gases sanguíneos en el cordón umbilical, ya se tomen durante el trabajo de parto (segunda vía) o en el momento del parto.
En el ámbito de la medicina de la reproducción, la infertilidad femenina de origen endocrino es muy frecuente como causa principal o como componente de la infertilidad. El síndrome de ovarios poliquísticos (SOP), presente en el 5-10% de las mujeres en edad fértil, es extremadamente frecuente. Este cuadro causa una anovulación o una disfunción crónica y necesita un tratamiento global, en particular metabólico y preventivo. Los hipogonadismos hipogonadótropos funcionales o secundarios a una hiperprolactinemia también se diagnostican con frecuencia, al igual que las disminuciones de la reserva ovárica. Por último, las insuficiencias ováricas prematuras (IOP) verdaderas son raras y los hipogonadismos hipogonadótropos no funcionales aún más infrecuentes. Los avances recientes en genética han permitido aumentar drásticamente el número de genes conocidos implicados en las IOP y los hipogonadismos hipogonadótropos congénitos. Estos descubrimientos mejoran los conocimientos del eje gonadótropo y permiten optimizar el tratamiento de las pacientes y de su familia. Sin embargo, las nuevas técnicas utilizadas en genética también permiten el descubrimiento de variantes cuyo significado no siempre se conoce. El pronóstico de fertilidad en caso de SOP o de hipogonadismo hipogonadótropo es bueno. Por desgracia, aún es muy desfavorable en caso de IOP, salvo en la donación de ovocitos. En todos los casos, un diagnóstico de patología endocrina causante de anovulación o de disovulación no exime de la realización del espermograma, de una exploración de la cavidad uterina y/o de la permeabilidad tubárica si es preciso, con el riesgo de perder un tiempo precioso a la paciente y/o a la pareja.
El dolor pélvico crónico es un motivo frecuente de consulta en ginecología y abarca una serie de molestias que se presentan con más de 6 meses de evolución, y pueden ser muy incapacitantes en la vida de una mujer. Este dolor puede repercutir en el bienestar psicológico y social de la paciente. Las causas son numerosas y variadas, y las especialidades implicadas son múltiples. Esto implica una errancia diagnóstica frecuente y, por lo tanto, un tratamiento a menudo retrasado. Es importante formarse en la atención médica a estas pacientes, desde la anamnesis detallada hasta el manejo terapéutico, que debe llevarse a cabo de forma multidisciplinaria.
Las complicaciones de la cirugía laparoscópica son las mismas que las de todas las intervenciones ginecológicas. Casi todas estas pueden realizarse por esta vía de acceso. Sólo las complicaciones de la colocación del material de laparoscopia son específicas. Se deben prevenir con el gran rigor que guía este tiempo esencial. El diagnóstico de las complicaciones postoperatorias se basa en un estrecho seguimiento clínico por el cirujano o los miembros de su equipo. En caso de duda sobre el diagnóstico de una complicación, puede recurrirse a la cirugía laparoscópica para una reintervención postoperatoria precoz, menos traumática y sin riesgos. Esta posibilidad debe darse a conocer y utilizarse para permitir un diagnóstico más precoz. La prevención de las complicaciones comienza con la consulta preoperatoria, y continúa durante la operación cumpliendo las listas de comprobación que se han hecho obligatorias, y siguiendo las normas de disección. Gestionar la relación con la paciente es vital para evitar retrasar el diagnóstico y limitar el riesgo de problemas medicolegales. Por último, las consecuencias psicológicas de este incidente para el cirujano y la paciente no deben subestimarse y deben tratarse en una fase temprana. El cirujano necesita tanto apoyo como la paciente.
La primera menstruación marca el final de la pubertad. La amenorrea es un motivo frecuente de consulta en la adolescencia. Es un síntoma que, tras descartar un embarazo, debe ser objeto de un abordaje diagnóstico y terapéutico, sin subestimarlo.