
El envejecimiento demográfico ha generado un aumento en la prevalencia de enfermedades crónicas, discapacidades y dependencia, acompañado de una mayor soledad, especialmente en las personas mayores. Estas circunstancias derivan en múltiples necesidades físicas, sociales, emocionales y espirituales, que los sistemas de salud tradicionales no logran cubrir completamente. Ante este panorama, el modelo de cuidados paliativos basados en la comunidad surge como una solución integral para atender estas demandas. Este movimiento promueve la solidaridad y la compasión ciudadana, complementando los cuidados paliativos tradicionales y generando un impacto positivo en la calidad de vida, el bienestar y las redes de apoyo de pacientes y familias.En este contexto, nace el proyecto “Meraki: construyendo comunidades compasivas para el final de la vida”, liderado por la carrera de Terapia Ocupacional de la Universidad Central de Chile. Este proyecto, financiado por fondos de Vinculación con el Medio, busca formar equipos sociosanitarios del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) en la Región Metropolitana, con el fin de construir comunidades compasivas y fortalecer las redes de cuidado al final de la vida. Esta sistematización documenta la experiencia, destacando su impacto formativo y su contribución al cambio cultural en el abordaje de la muerte y el final de la vida.
A través de esta declaración, el Colegio de Terapeutas Ocupacionales de Chile establece directrices para las intervenciones de los y las terapeutas ocupacionales como prestadores de cuidados paliativos en cualquier nivel o contexto de atención, enfatizando en estas acciones el abordaje de la ocupación como una expresión de la espiritualidad, la participación como componente de la salud y la autonomía como un ejercicio de la dignidad. Además, adhiere a colaborar con el fomento y la integración de sistemas de cuidado transversales, que aborden no solo el área de salud, sino también los ámbitos sociales y comunitarios. La terapia ocupacional contribuye significativamente a mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedades amenazantes o limitantes de la vida en todas las etapas de la enfermedad, desde el diagnóstico, las agudizaciones, los puntos de inflexión, el fin de vida y el duelo.
Este ensayo reflexiona sobre cómo el teatro fue el "ser ocupación" de la destacada actriz chilena Orietta Escámez Carrasco, a través de la sistematización del acompañamiento en su proceso de muerte. El teatro, siendo el espacio donde se desempeñaba ocupacionalmente como una práctica artística, no era solo individual, sino también un acto colectivo. Orietta personifica la relevancia de las ocupaciones colectivas en la construcción de sentido, conexión, dignidad y trascendencia en la vida y la muerte. El trabajo explora y vincula estas experiencias con el “Ikigai”, concepto japonés que significa “razón de vivir o razón de ser”, y la logoterapia de Viktor Frankl, centrada en la búsqueda de sentido. Ambos enfoques, aunque tradicionalmente individuales, son abordados desde una perspectiva colectiva, en alineación con las Terapias Ocupacionales del Sur, que destacan la ocupación como construcción multidimensional y compleja (Morin, 1999). En un contexto marcado por el envejecimiento poblacional, se destaca la urgencia de ofrecer herramientas y reflexiones que fortalezcan la práctica profesional en la atención al final de la vida, reconociendo la dignidad, identidad y derechos de cada persona como pilares fundamentales derivados de los conceptos señalados anteriormente. Esto no solo resalta la necesidad de intervenir desde una perspectiva humanitaria, sino que también invita a problematizar las prácticas profesionales, reconociendo la dimensión política de su quehacer (Oyarzún et al., 2012), y a adoptar una posición activa frente a las inequidades estructurales que afectan a muchas personas mayores que transitan los procesos de fin de vida.
Chile enfrenta un acelerado proceso de envejecimiento poblacional, caracterizado por una transición demográfica en la que disminuye la proporción de personas jóvenes y aumenta la de personas mayores. Este cambio conlleva implicancias biológicas, psicológicas, sociales y espirituales que influyen tanto en la calidad de vida de las personas mayores como en la manera en que enfrentan la muerte y el luto, desde una perspectiva cultural y gerontogeriátrica. Desde la terapia ocupacional, los rituales y simbolismos asociados al luto y la relación con las personas fallecidas se comprenden como inherentes al ser humano. La antropología, por su parte, destaca la relación entre la forma de vivir y la manera de enfrentar la muerte. En este contexto, las estructuras sociales y las desigualdades condicionan las experiencias de muerte y el acceso a recursos para afrontarla. Este ensayo analiza cómo los aspectos culturales, la espiritualidad y los determinantes sociales influyen en la vivencia del luto en las personas mayores en Chile, reconociendo la muerte como un proceso vital inevitable que atraviesa dimensiones individuales y colectivas.