
Álvaro Cubillo de Aragón preparó la edición de sus poemas y algunas comedias, y le dio un curioso título, El enano de las musas. Decidió dedicársela a un ilustre mecenas que, entre otros títulos, era Caballero de la Orden de Calatrava: Sebastián López Hierro de Castro. Pero lo que había pasado inadvertido hasta la fecha es que tales distinciones ocultaban el origen portugués y converso del dedicatario, primo y cuñado de Manuel Cortizos. Ambos pertenecían a la élite de hombres de negocios lusos que, en sustitución de los banqueros alemanes e italianos, contribuían a financiar la monarquía de los Habsburgo. Sin embargo, al mismo tiempo, tenían que recurrir, entre otras, a estrategias culturales para disipar las sospechas de criptojudaísmo que perseguían a la comunidad lusa y esquivar las amenazas del Santo Oficio. Tampoco Cubillo de Aragón era cristiano viejo, pues procedía de familia morisca. Desvelaremos la historia de su mecenas y trataremos de descubrir las razones de tan insólito pacto entre minorías.
Fraile portugués, instruido en la prédica en el antiguo convento agustino de Salamanca ?desaparecido en los fragores de la guerra de la Independencia?, Simón de Castelblanco constituye un ejemplo de escritor barroco olvidado por la historiografía literaria. Autor de literatura sacra y profana, a él pertenecen una hagiografía sobre el santo patrón de la ciudad charra, Juan de Sahagún (1669), y Trabajos del vicio (1680), una novela larga que responde a los patrones moralistas del género a finales del seiscientos. Aunque autor menor, la figura de Castelblanco no carece de importancia pues se trata de un representante, en vida y en obra, del espíritu del último Barroco. En el presente trabajo me propongo, a partir de los escasos datos que se conservan del fraile, elaborar una semblanza de carácter bio-bibliográfico en la que dilucidaré aspectos particulares, nunca antes planteados, que arrojarán luz sobre la obra y la vida del agustino.
Uno de los aspectos del teatro de Juan Ruiz de Alarcón que más ha llamado la atención de la crítica es la presencia de la magia en muchas de sus comedias. Tanto protagonismo ha propiciado que algunos estudiosos lo hayan interpretado como una señal de su heterodoxia religiosa y política. En el presente trabajo, aprovechando el debate teológico de La cueva de Salamanca, se demostrará que la postura del dramaturgo sobre la magia es escrupulosa, ortodoxa y normativa.
El presente trabajo parte de una larga reflexión sobre un cuadro creado por Antonio Pérez Rubio (1822-1888) titulado Intriga contra Francisco de Quevedo y Villegas en los jardines del palacio del Buen Retiro, un óleo sobre lienzo de 55 x 90 cm que ha sido pintado hacia 1876, y actualmente almacenado en el Museo Nacional del Prado de Madrid.Se trata en este artículo de definir e interpretar las modalidades de una recepción transecular —siglos XVII y XIX— a la vez que transmedial —Arte, Historia y Literatura— tal y como aparecen en este óleo de Pérez Rubio sobre la figura de Quevedo. Además de la vertiente interdisciplinar, trabajar en recepción implica esclarecer dos componentes precisos: la interpretación ética y la representación estética de dicha recepción.
En los primeros años de la novela bizantina española, desde el Clareo hasta el Persiles, tres de las cuatro obras publicadas durante este período presentan una imitación de la catábasis virgiliana. En este artículo se analizarán estos episodios atendiendo a su funcionalidad, sus semejanzas, sus diferencias y su adaptación al texto al que pertenecen, así como a la evolución del motivo a medida que también cambia el propio género.