
Las malformaciones congénitas del antepié están presentes desde el nacimiento, pero pueden ser evolutivas. La sindactilia, la polidactilia y la clinodactilia son las afecciones más frecuentes, mientras que la hemimelia, la macrodactilia y las bridas amnióticas son más infrecuentes. La colaboración entre cirujanos, kinesiterapeutas, ortesistas y podólogos es esencial para proporcionar una atención específica al paciente. Debido al rápido crecimiento del pie en el primer año de vida, debe realizarse lo antes posible, para que el niño pueda adquirir la capacidad de caminar en las mejores condiciones posibles, anticipándose a cualquier necesidad de cirugía.
Aunque a veces está protegido, el pie puede verse gravemente afectado por quemaduras térmicas, eléctricas, químicas o, más raramente, radiológicas. La gravedad de la afección se ve amplificada por el impacto inmediato sobre la marcha y el calzado, así como por las posibles secuelas a largo plazo. La profundidad de las quemaduras, de primer a tercer grado o incluso carbonización, determina su manejo. Las quemaduras superficiales se curan espontáneamente, mientras que las profundas requieren escisión quirúrgica seguida de injerto de piel. Los procedimientos de urgencia, como las incisiones de descarga, son a veces esenciales para evitar complicaciones vasculares graves. En casos extremos, puede ser necesaria la amputación. La piel plantar, gruesa y poco elástica, es más resistente pero también más compleja de reconstruir. La piel dorsal, fina y frágil, suele verse más gravemente afectada por las quemaduras, con riesgo de retracción cicatricial y secuelas articulares. El uso de sustitutos dérmicos y colgajos puede mejorar los resultados funcionales y estéticos. Los cuidados posteriores incluyen rehabilitación, dispositivos ortopédicos, tratamiento de cicatrices, presoterapia y, a veces, tratamientos termales. Las secuelas incluyen bridas, hiperqueratosis, distrofias ungueales, dolor neuropático y deformaciones óseas. Los pacientes de riesgo, como los diabéticos o los que padecen arteritis, sufren mayores complicaciones y un peor pronóstico de la cicatrización. En los niños, las quemaduras en los pies son graves por el riesgo de deformaciones durante el crecimiento. Un tratamiento especializado y prolongado es esencial para limitar las secuelas funcionales. Las quemaduras del pie requieren un enfoque individualizado, multidisciplinario y prolongado para optimizar la recuperación funcional y limitar las complicaciones.
El pie y el tobillo forman un complejo cuyos daños degenerativos y traumáticos son muy frecuentes en los adultos. Las afecciones tumorales, infecciosas o inflamatorias específicas son más raras. La evaluación articular del tobillo y el pie en adultos se basa en una investigación anatómica rigurosa, cuyos objetivos principales son orientar el diagnóstico de la lesión y la función, y guiar con precisión el manejo terapéutico. La evaluación articular incluye la anamnesis para recopilar los antecedentes pertinentes de forma jerarquizada y una exploración física para evaluar las estructuras anatómicas que pueden estar afectadas y la función, en particular la marcha. Al final de esta evaluación, en la mayoría de los casos el médico está en condiciones de proponer las hipótesis diagnósticas más plausibles, que pueden confirmarse mediante estudios de imagen complementarios.
La neuralgia de Morton es un síndrome doloroso frecuente del antepié, que causa sensibilidad, ardor, hormigueo en la planta del pie y entumecimiento, y parestesias dolorosas en los dedos afectados. Se trata de una patología de un nervio intermetatarsiano por atrapamiento al nivel de su paso bajo el ligamento transverso intermetatarsiano, generalmente al nivel del 3° o 2° espacio intermetatarsiano. Se sugiere la presencia de una fibrosis perineural de los nervios interdigitales. A menudo es muy incapacitante, reduce la amplitud de la marcha, las actividades deportivas y/o profesionales y dificulta el calzado. El diagnóstico es sobre todo clínico, pero la ecografía e incluso la resonancia magnética pueden confirmarlo, precisar la localización, el número y el tamaño, y descartar diagnósticos asociados o diferenciales. Se recomienda el tratamiento conservador de primera intención que generalmente suele ser eficaz, sobre todo cuando la patología es reciente: consiste en tratar las causas y las consecuencias del neuroma. En caso de fracaso del tratamiento conservador, el neuroma se libera o se reseca quirúrgicamente, sin olvidar el tratamiento de los problemas estáticos asociados.