
El propósito de este artículo es examinar el papel de la idea de suspensión en el marco de la comprensión filosófica de la universidad, con el fin de analizar el alcance de la exigencia de ‘suspensión’ que pueda endilgarse a la relación entre formación e instituciones educativas. La tesis que quiero defender es que la suspensión es exigible a las instituciones educativas como condición de posibilidad de la formación. El artículo se organiza de la siguiente manera: en primer lugar, se explora la idea de suspensión y sus fundamentos filosóficos. En segundo lugar, se analizan las tensiones que implica la relación entre suspensión e institución —en particular, institución educativa— a partir de las críticas que Nietzsche dirige a los establecimientos educativos, entendidas aquí como una tensión entre continente y contenido. Finalmente, se presenta una conclusión.
El artículo examina el concepto de formación desde una perspectiva fenomenológica y muestra cómo la subjetividad se constituye en el entrelazamiento de pasividad y actividad. Parte de la distinción entre adquisición y aprendizaje (Krashen) y establece su correlato con las síntesis pasivas y activas en Husserl. La adquisición se entiende como recepción pasiva de significados lingüísticos y culturales, mientras que el aprendizaje supone tematización y apropiación reflexiva. Sobre esta base, la formación se caracteriza en cinco ejes: pasividad originaria, mundo de la vida, apropiación, performance fenomenológica y cuidado del alma. En la tradición instaurada por Comenio se sitúa la formación en la estructura misma del ser; en Husserl, en la pasividad y el mundo de la vida; y en Patočka, en el cuidado del alma como ejercicio de libertad y responsabilidad. La formación se concibe, entonces, como reapropiación de sentido en circunstancias singulares, donde el sujeto se constituye en intersubjetividad, afectividad y vulnerabilidad histórica. En conclusión, se propone que el cuidado del alma constituye el núcleo ético de la educación: un doble movimiento de alzarse en la subjetividad y conmoverse en la intersubjetividad, que transforma la fragilidad en posibilidad de libertad y de vida compartida.
La filosofía de la educación constituye una parte significativa del legado intelectual de Jan Patočka. El objetivo de este artículo es cartografiar parcialmente este terreno, relativamente poco conocido y que hasta ahora no ha sido analizado de manera sistemática en relación con el conjunto de la obra filosófica del autor.2 Abordar esta problemática en su totalidad, incluidos los textos vinculados con la línea de pensamiento socrático-platónica, superaría con creces las posibilidades de este artículo acotado. Por ello, la atención se centra en dos conjuntos temáticos seleccionados: por un lado, los textos de Patočka dedicados a la pedagogía y a la filosofía de la educación escritos antes de 1945; por otro, sus estudios sobre Comenio que datan, con excepción de uno, de la posguerra y que lo inspiraron a formular su concepción de la denominada pedagogía de la ‘conversión hacia la apertura y el amor’, orientada a superar el particularismo, el egoísmo, el egocentrismo y el odio que de ellos se desprende. En esta pedagogía de la conversión, Patočka veía una esperanza para la ‘era poseuropea’. El artículo se apoya también en algunos textos del autor dedicados a la filosofía sistemática —en particular, la filosofía de la historia y la filosofía de la existencia— escritos después de 1945, así como en su correspondencia con el comeniólogo y filósofo de la educación alemán Klaus Schaller.
La Bildung (formación) es, según Hegel, el proceso por el cual lo particular se supera en lo universal o, en otras palabras, implica la elevación del individuo y del conjunto social. Por eso, la Bildung también puede entenderse como la configuración de una cultura o de un pueblo, así como el cultivo de ciertas orientaciones individuales y comunitarias. La Filosofía del derecho de Hegel muestra que el individuo formado es aquel que, aun sabiéndose ciudadano privado, se reconoce partícipe de un proceso más amplio e integrado en un orden espiritual. En el proceso mediante el cual los grupos humanos han ido otorgando un sello racional a la realidad social, se generan instituciones y formas supraindividuales del trabajo, la economía, el lenguaje, la justicia y la educación escolar y superior. Éstas no son invenciones caprichosas de los individuos, sino expresiones de una racionalidad inherente al mundo. Todas ellas constituyen la Bildung de una sociedad. En este artículo interesa una de estas instancias: la justicia. El texto sostiene que, en Hegel, la justicia debe entenderse como la elevación del individuo de lo meramente particular a lo universal; es decir, como una justicia formativa. No se trata de asumirla solamente mediante procesos punitivos que afirman el poder del Estado, sino como la oportunidad de conferir a la realidad un sello racional: los ciudadanos deben verse a sí mismos como más racionales, y la realidad social debe encarnar también esa racionalidad. El artículo tiene tres secciones: la primera comenta el asunto, poco explorado por los estudiosos, de la justicia en la Filosofía del derecho de Hegel; la segunda se ocupa de la formación en esta obra y pregunta cómo una institución como la justicia implica formación, sosteniendo que, para Hegel, se trata de una institución formativa; la última sección presenta la idea de una justicia formativa para el caso concreto de la Colombia actual.
Al igual que en otras regiones del planeta, en la última década Latinoamérica se ha enfrentado al intento de reducir o, incluso, eliminar espacios de enseñanza de la filosofía tanto en universidades como en la etapa escolar. El presente artículo indaga por los sentidos de la enseñanza de la filosofía y de la educación que entran en tensión ante esta tendencia. El texto se desarrolla en tres pasos. 1. A partir de las trayectorias de la enseñanza de la filosofía en Iberoamérica,2 se evidencia la creciente tendencia a limitar la enseñanza de la filosofía a la instrucción y la educación a un camino cerrado de preparación para el trabajo y la vida social. 2. Se distingue entre instrucción y formación,3 para mostrar que el concepto de formación permite reconocer otros sentidos de la enseñanza de la filosofía y de la educación, distintos de la educación para la renta, donde el individuo se enfrenta a un camino abierto4 a partir de la relación que establece con el saber.5 3. Retornando al proyecto educativo comeniano (Pampaedia), se expone la reducción que implica concebir la escuela únicamente desde dichos propósitos. Enseñar todo a todos y totalmente exige ampliar las fronteras de la educación para la renta.6 En suma, el artículo busca mostrar que las discusiones actuales sobre la necesidad de la enseñanza de la filosofía requieren trascender el examen de la capacidad de la disciplina para vincularse a proyectos específicos y, por el contrario, volver a las ideas primigenias sobre el sentido formativo, y no sólo instructivo, de la escuela; por ello, resulta necesario retornar a Comenio.