
La teoría del conocimiento de Agustín de Hipona gira alrededor de la noción de iluminación. Más allá de la analogía, sin embargo, Agustín hace pocos esfuerzos para concretar cómo tiene lugar, exactamente, esta iluminación. El carácter abierto de la epistemología agustiniana ha dado lugar, a lo largo de la historia, a lecturas distintas y difícilmente conciliables entre sí: principalmente, la avicenista, la ontologista y la tomista. En 1929, Étienne Gilson publicó su estudio de referencia Introduction à l’étude de Saint Augustin, con el que propuso una lectura radicalmente diferente de las anteriormente planteadas a partir de un cambio sustancial de orientación de la pregunta de base. Gilson observa que, a partir de los textos de Agustín, no es posible responder a la pregunta sobre cómo tiene lugar la iluminación y debemos contentarnos con preguntarnos por qué es posible el conocimiento. Uno de los aspectos cruciales implicados en este debate es cómo debe interpretarse la expresión sui generis en un fragmento ampliamente comentado del De Trinitate (XII, 15, 24). Más allá de la descripción de las principales posiciones defendidas en esta querella hermenéutica, en este estudio proponemos razones de orden filológico que nos inclinan a refrendar la lectura de Gilson.
God’s self-revelation in the universe is due to His creation of all things through the Word or the Logos; creation so conceived is revelatory or expressive of its maker. It is the case, however, that the images and traces of God’s presence in the universe are not always perceived, leading at times to his denial. We will then investigate some of the reasons or causes for man’s obscured vision. Man’s vision or understanding requires healing if he is to attain his final end, and so we will speak of the need of the Incarnation which makes possible not only the restoration of man’s vision or understanding but also that most sublime elevation of the human person to a participation in God’s very life. And this process of divinization will also have repercussions for the state of the universe, since at the end of time the universe will be made a fitting dwelling place for men so perfected. My interest, then, will be in the three stages of salvation history: creation, redemption, and the parousia. At each of these stages we will see how beauty is at work, for God intends his creation to be ultimately a definitive theophany, a manifestation of God’s glory, of his beauty.
La amistad es un tópico tratado ampliamente por comentaristas de Aristóteles y Tomás de Aquino. Lo es también, aunque en menor medida, el conocimiento por connaturalidad afectiva como el conocimiento propio de la virtud moral. No obstante, la relación entre ambas no ha sido tan desarrollada debido a la cierta ambigüedad existente en cuanto a la calificación de la amistad como virtud, debido a que no se comporta como una disposición que disponga a una facultad determinada a su objeto propio como ocurre con las demás virtudes. De modo que el presente trabajo tiene un doble objetivo: primero, precisar el modo en que ha de ser entendida la amistad como virtud desde el pensamiento de Tomás de Aquino heredado de Aristóteles y, posteriormente, el lugar que tiene el conocimiento por connaturalidad en ella, precisando las condiciones para su existencia.
Mi principal objetivo en este artículo es recurrir a la investigación de algunos estudiosos excepcionales para efectuar algunas precisiones a la enseñanza de Étienne Gilson sobre la naturaleza de la filosofía cristiana. Al hacerlo, también pretendo volver más comprensible cómo es posible que Gilson, desde 1931 hasta el resto de su vida académica, tuviera tantas dificultades a la hora de hacer inteligible para sí mismo y para los demás precisamente lo que había querido decir con el término “filosofía cristiana”.
Este artículo presenta un panorama genérico sobre interesantes aspectos de la vida intelectual y académica del medievalista francés Étienne Gilson, filósofo de reconocido prestigio que ha contribuido notablemente en el desarrollo de nuestra cultura y la civilización. En el presente trabajo queremos entretejer una línea que recorra las etapas de formación y pensamiento que fue marcando su trayectoria y los diversos encuentros que llevó a cabo con los principales hombres y mujeres del mundo intelectual, no solo del ámbito francés, sino internacional. Creemos que puede ser un trabajo que contribuya al conocimiento de la obra y la vida de un notable intelectual de nuestra época.
Se ha extendido últimamente una interpretación de Aristóteles según la cual este defendía una autonomía del saber moral frente a las ciencias especulativas. Con más matices, se han sostenido tesis similares respecto de Tomás de Aquino. Esto rompería con una caracterización del pensamiento premoderno por la estrecha alianza entre saber especulativo y práctico: comprender el universo y nuestro lugar en él se consideraba el primer paso para saber cómo gobernar correctamente la propia vida. El presente trabajo recopila algunos pasajes del Comentario a la Ética Nicómaquea de Tomás de Aquino, particularmente del libro I, mostrando como en ellos la teoría moral es leída a la luz de la filosofía especulativa. Nos detendremos en alusiones a la teleología natural, los argumentos en favor de la unidad del fin último, la participación de los bienes particulares en un Bien separado subsistente y el argumento del ergon. Concluimos a la luz de estos textos que Tomás concede solo una autonomía relativa a la racionalidad práctica, que en su pensamiento quedaría en último término subordinada a la sabiduría especulativa.
Para Tomás de Aquino la finalidad del hombre consiste en la completa actualización de sus potencialidades, que va alcanzando en esta vida de manera progresiva a medida en que va afirmándose más y más en la plenitud del acto de ser. Por otra parte, el Aquinate entiende la eternidad no en el sentido de una vida interminable sino, más bien, como una vida que carece de sucesión de temporal y que, por lo mismo, posee actualidad plena. En cuanto lo ordenan a ella, las amistades fundadas en la virtud ponen al hombre en contacto con esa perfección última, produciéndole, en alguna medida, una experiencia psicológica de ausencia de sucesión cuando gozan de la compañía del amigo. El hombre incontinente, que obra de acuerdo con el movimiento incesante de sus pasiones y que posee su sensibilidad embotada por la sucesión de imágenes, en cambio, con frecuencia establece amistades fundadas sobre el mero placer o la utilidad. En la medida en que se cierran a la verdadera amistad, esas amistades, muy comunes en nuestra época, le producen al hombre más sufrimiento que placer, en especial porque lo mantienen sujeto al deseo ininterrumpido de bienes que nunca terminan por colmarlo, sumergiéndolo, en cierto modo, en el devenir de las cosas materiales.
El artículo analiza los diálogos de Casicíaco de San Agustín destacando la centralidad de la amistad y el diálogo como métodos pedagógicos y filosóficos. Influido por Platón y Cicerón, Agustín adapta el género dialógico integrando la interioridad y la búsqueda de la verdad divina, posicionando la filosofía como un modus vivendi orientado a la formación integral del ser humano. La amistad, concebida como un vínculo cimentado en la caridad cristiana, es clave en su método. Agustín entiende al amigo como una epifanía de Dios y afirma que la verdadera amistad requiere unión en la verdad y en el amor divino, superando así las concepciones clásicas. En el ámbito educativo, los diálogos delinean una paideia cristiana que combina las artes liberales con la fe, estableciendo un camino ascendente hacia la contemplación de Dios. Este modelo, basado en la razón y la fe, guía a los individuos hacia el orden intelectual y ético. El artículo concluye que los diálogos de Casicíaco no solo reflejan una búsqueda personal, sino también una indagación comunitaria en la que la filosofía y la amistad se entrelazan para alcanzar la verdad y el orden divino.
El objeto del presente artículo es esbozar las grandes líneas de la relación entre bien común político y bien particular en el Aquinate; mostrar la inviabilidad de formular una definición del bien común político en Sto. Tomás según el planteo liberal-individualista del conjunto de condiciones para la perfección de la persona; y, por último, detectar algunas apariciones de esta fórmula y de sus antecedentes en el seno de la doctrina de filósofos y teólogos tomistas de la primera mitad del s. XX.
En Linguistique et Philosophie : Essai sur les constantes philosophiques du langage (1969), Étienne Gilson examina algunas de las tesis más influyentes de la lingüística del siglo XX. El presente artículo se centra sobre todo en la discusión que Gilson hace de los aportes de los lingüistas Ferdinand de Saussure, Émile Benveniste y Noam Chomsky. Desde una perspectiva aristotélica, el autor destaca tanto los logros como las limitaciones de estas teorías, y argumenta que el fenómeno de la significación no puede comprenderse completamente sin recurrir a la filosofía. Según Gilson, el lenguaje no es solo un sistema de signos arbitrarios, conformado por numerosos elementos y normas, sino que requiere de una indagación metafísica que la lingüística históricamente tendió a ignorar o a subestimar.
Es de todos conocida la abundante reflexión que sobre la amistad ha dejado el pensamiento antiguo tanto griego cuanto latino. Basta recodar, como mínima muestra, al Lýsis platónico o a las Éticas aristotélicas (Nicomaquea y Eudemia), e incluso al Lelius ciceroniano, para ver cómo y con qué altura allí se perfilan los caracteres esenciales que transitan toda amistad. Sin embargo, lo que suele permanecer en las sombras, aún cuando las afirmaciones antiguas ofrezcan razones de conveniencia, es el por qué tal es amigo de cual, punto que parece abandonado en miras de un tratamiento universal del tema. Sin embargo, el mismo se propone como uno de los puntos fuertes del pensamiento cristiano, en particular del que propone Agustín de Hipona. Dar una respuesta a por qué una persona es amiga de otra, en la mirada del Hiponense, es el fin central del presente trabajo.
Gilson entiende, conforme a los principios metafísicos avistados por el teólogo Santo Tomás de Aquino, que, ante el encuentro del hombre en la experiencia sensible con un existente concreto que le es connatural, el intelecto concibe de manera evidente el ente y la esencia; y para evitar errar en la comprensión de la realidad por su ignorancia y aclarar las dificultades que implican, señala la exigencia tanto de dilucidar lo que significan tales nombres, como así también el modo en que se encuentran en los diversos existentes y, no menos importante, la correcta relación con las intenciones lógicas, justamente para evitar confundirlas con lo real.
¿A qué se refería Étienne Gilson cuando habló –a comienzos del siglo XX– de la existencia de un “espíritu de la filosofía medieval”? ¿No es cierto que la investigación respecto al denominado pensar medieval ya tenía elementos suficientes como para hallar al menos cuatro tipos de especulación en el período llamado medieval? Recordemos: el judaísmo, la corriente neoplatónica en sus diversas fases, la obra siríaca y su propia interpretación de Platón y de Aristóteles, el influyente pensamiento árabe, con su respectivo replanteamiento de los pensadores griegos.El presente artículo investiga los elementos que concurren a esa determinación y su validez actual.
Las cartas de Focio de Constantinopla (810/820-después de 893) conforman un valioso grupo de información sobre la vida de una de las figuras políticas e intelectuales más importantes de Bizancio. Ciertamente, además de los destacados destinatarios y remitentes, incluidos miembros de su familia, por doquier hay muestras de sus vastos conocimientos en diversas temáticas, como la mitología, política y teología. No obstante, pocos han sido los trabajos concernientes a las cartas en general y menos, en particular. Así, el objetivo de este trabajo es el análisis de la Ep. 256, dirigida a su hermano Tarasio, en la que lleva a cabo una revisión detallada del sentido de tres vocablos: περίψημα y κάθαρμα (1ª Cor. 4:13) y ἐκολάφισαν (Mt. 26:67). De este modo, se examinará la metodología empleada para demostrar el valor que asigna a cada término, así como las fuentes que usa como apoyo para su argumentación. Con ello se busca ampliar en el conocimiento que se tiene del análisis léxico de Focio y el vínculo entre las cartas y otros escritos, tanto del patriarca, como de otros autores.
El epistolario de Alcuino de York ofrece una visión profunda de la amistad en la Alta Edad Media, donde no solo se concebía como un vínculo afectivo, sino como un medio para la vida espiritual y el acercamiento a Dios. Inspirado en la tradición patrística, Alcuino desarrolla su concepción de la amistad a partir de la caritas Christi, viendo en sus amigos un reflejo de la divinidad. Su correspondencia evidencia que la amistad era fundamental en la estructura social y política de la época, involucrando a abades, monjes, reyes y laicos. En sus cartas, resalta la fidelitas como el pilar esencial de la verdadera amistad, subrayando la necesidad de confianza, sinceridad y compromiso mutuo. Además, su estilo epistolar está cargado de un intenso afecto, expresado mediante metáforas y referencias bíblicas. Para Alcuino, la amistad no es solo un don de Dios, sino un camino hacia la santidad, una riqueza espiritual que perdura más allá de la vida terrenal.
Este artículo intenta dar algunas claves interpretativas de la obra De Amicitia de Cicerón, explicando su génesis biográfica y rastreando su recepción de dos tesis platónico-aristotélicas: 1. La amistad solo se da entre los buenos y 2. La amistad supone una igualdad entre los amigos. Mostrando la continuidad entre el De Amicitia con sus antecedentes griegos, se intentará también indicar qué desafíos planteó el De Amicitia para la tradición filosófica y teológica posterior.
El trabajo tiene por objeto plantear el tema de la finitud del ente a partir de sus principios constitutivos, en la lectura que hace Gilson de Tomás de Aquino. Siendo la esencia, principio limitante y sujeto receptor del esse, parece recaer en ella la finitud entitativa. Sin embargo, exploramos la hipótesis de que el mismo esse – relativamente a la esencia -, es principio de tal finitud. Esto parece indicar Gilson al hablar de autodeterminación del esse, grado propio de intensidad, reciprocidad, y cantidad o medida de ser, todo lo cual supondría un aspecto potencial en el acto de ser. Ello cuestionaría la relación potencia-acto; recipiente-recibido sostenida por Aquino. Al respecto, entendemos que el desarrollo que hace Gilson de la noción de virtus essendi es clave para redefinir la hipótesis anterior, y responder al tema planteado.
En el presente artículo pretendemos hacer foco en los conceptos de voluntad natural y voluntad deliberativa en san Alberto Magno. Para este cometido, se analizan dos obras del Doctor Universal, estas son: la Summa de creaturis, redactada en 1242 y la Summa theologiae, de 1274. Estos escritos, publicados en dos etapas diferentes de la carrera intelectual del autor elegido, nos permiten realizar una evaluación respecto de los cambios de matices y expresiones respecto del tema elegido. Adicionalmente, este planteo permite establecer las bases teóricas para un próximo estudio sobre la posible influencia de la enseñanza del Maestro de Colonia, principalmente de lo expuesto en la Summa de creaturis, en la obra de santo Tomás de Aquino.
Gilson trata en diversos artículos las categorías historiográficas de Renacimiento y humanismo, constatando la ambigüedad e insuficiencia de esas etiquetas. Describe el “humanismo literario” del Renacimiento, pero advierte que hay un sentido más profundamente antropológico del “humanismo” fundado en la dignidad y valor de la naturaleza humana, muy lejos de los postulados del “humanismo ateo”. Sin embargo, ya en sus primeros escritos, introduce la novedosa expresión “humanismo cristiano”, donde la dignidad humana es llevada a plenitud por su apertura a lo sobrenatural. Por otro lado, quizás Gilson sea el primer pensador que introduce la expresión “humanismo cristiano” recogida años más tarde por otros autores y, finalmente, por el Magisterio de la Iglesia.
En este trabajo me propongo abordar de manera breve y esquemática dos asuntos importantes aludidos por Aristóteles en el Tratado sobre el alma y la interpretación que de ellos efectúa Tomás de Aquino en algunos pasajes de su obra. Estos dos asuntos son: uno, el de la definición misma del alma propuesta por Aristóteles al comienzo del Libro II del De anima y la versión que Santo Tomás ofrece de esa definición. El otro asunto es el carácter del intelecto como parte del alma, y a la vez su carácter de “separado” del alma y del compuesto, o sea, del hombre mismo. Esta última separación queda puesta de manifiesto en el momento de la muerte, cuando lo único inmortal que permanece es el intelecto o mente.