
La debilidad del sindicalismo peruano tras las reformas de los años noventa suele interpretarse como el anuncio de una extinción de la conflictividad laboral. A partir de una serie anual homologada de indicadores de huelga (1994-2025) y una base de 25 000 eventos de protesta, se encontraron tres transformaciones que cuestionan esa lectura: primera, el eje huelguista migró del sector privado extractivo al público; segunda, el tamaño medio de las huelgas se multiplicó por más de cinco, sin acortar su duración; tercera, junto a los conflictos clásicos entre capital y trabajo emergen huelgas y protestas dirigidas al Estado como empleador, regulador y administrador presupuestal. El resultado son huelgas de mayor escala sin una institucionalización equivalente del conflicto.
En este dossier se presenta el estudio de cuatro casos nacionales: Bolivia, Chile, México y Perú, a partir de las transformaciones que han tenido lugar en cada uno de los países como consecuencia de la transnacionalización de las economías que han modificado la relación del sindicalismo con el Estado. Los autores muestran, con las especificidades respectivas, los cambios en la organización empresarial, en la legislación del trabajo, en los vínculos con los partidos políticos y en la conciencia obrera. A partir de un análisis de esos factores, se podrán comprender sociológicamente las transformaciones de las estructuras sindicales, no solo como resultado de políticas económicas, sino también en términos de las condiciones sociales que darían viabilidad al despliegue del nuevo modelo de desarrollo.
En el artículo se analiza la metamorfosis del sindicalismo mexicano en la coyuntura abierta por el cambio de régimen político de 2018 y el nuevo contexto internacional derivado de la entrada en vigor del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2020. Mediante un diseño de estudio de casos múltiples, se examinan tres sindicatos independientes surgidos tras la reforma laboral de 2019: el Sindicato Nacional Independiente de Trabajadores de Industrias y Servicios (SNITIS), la Liga Sindical Obrera Mexicana (LSOM) y el Sindicato Independiente de Trabajadores y Trabajadoras de la Industria Automotriz (SINTTIA). El hallazgo central es que, si bien han brotado nuevas experiencias sindicales independientes que muestran el potencial de esta apertura —como lo ilustran los estudios de caso revisados—, persisten numerosos factores que han limitado su alcance.
En el artículo se analizan los cambios en el sindicalismo mexicano en años recientes, en especial a partir de 2019. Desde una perspectiva históricosociológica, se muestra que este periodo se caracteriza por su ambigüedad: se percibe la lucha por la democracia sindical, pero también el fortalecimiento de sindicatos cooptados por líderes oportunistas o por el crimen organizado. Se expone que el propósito gubernamental de transformar el panorama sindical a través de leyes sin otras políticas de cambio político y social quedó rebasado por las condiciones estructurales del sistema y la infiltración del crimen organizado en algunas organizaciones sindicales, lo que despojó a los trabajadores de su herramienta para mejorar laboralmente y obtener un cambio social.
Los cambios producidos en los últimos cuarenta años en las estructuras y funcionamiento del sindicalismo y la Central Obrera Boliviana (COB) permiten advertir cómo el contexto político y económico nacional e internacional ha condicionado a los trabajadores asalariados y ha generado ciclos de crisis y auge del sindicalismo. Asimismo, la memoria histórica, la fuerza de organización y movilización, la identidad y sus reivindicaciones posicionan a la COB y a los sindicatos como protagonistas de la política y la trayectoria histórica de Bolivia. Frente a los gobiernos neoliberales (1985-2005), el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) (2006-2015), conducido por el movimiento campesino-indígena en un proyecto nacional-popular, ha dado protagonismo al sindicalismo boliviano y a sus dirigentes.