
La muñeca, de la puertorriqueña fallecida en Barcelona, Carmela Eulate Sanjurjo; La rosa muerta, de la peruana fallecida en Madrid, Aurora Cáceres y Tea Rooms. Mujeres obreras, de la española exiliada en México, Luisa Carnés, ilustran etapas y dimensiones de los feminismos panhispánicos en el tránsito al siglo XX. Además de exponer las circulaciones transatlánticas de las escritoras, con frecuencia compensatorias de los exilios y desplazamientos experimentados en sus propias naciones, las obras han sido soslayadas y despolitizadas por las historias literarias de sus países de origen y acogida. Propongo leer estas novelas como un continuum de condiciones de posibilidad para la crítica al sistema patriarcal en distintos ámbitos socioéticos: el burgués (La muñeca); el campo artístico e intelectual (La rosa muerta); y los sectores populares (Tea Rooms), con la opresión de las mujeres por clase y por sexo. Vistas en red, estas obras iluminan espacios de viabilidad, intersecciones y sesgos de agendas reivindicativas centradas en las mujeres y en sus complejos tránsitos a la modernidad. Pese a sus distancias estético-ideológicas, presentan a personajes femeninos cuyos cuerpos incómodos constituyen una instancia epistemológica. La “reinstrumentalización” del cuerpo femenino, tradicional locus de opresión y violencia, lo torna anclaje de un “conocimiento sudoroso” basado en la sensorialidad, el desgaste y la vivencia. Este conocimiento es “aguafiestas” (Ahmed, 2017) al iluminar y problematizar lo naturalizado y posibilitar venganzas epistémicas. Sin embargo, también es aguafiestas frente al feminismo, debido al crudo realismo con que se plasman las tensiones y los límites de los proyectos emancipatorios femeninos.
This article explores the permeability of artistic spaces in two texts by the American writer Bess Streeter Aldrich. In her novel A Lantern in Her Hand (1928) and in her autobiographical essay “How I Mix Stories with Doughnuts” (1921), the Nebraskan author portrays, respectively, the lives of two women artists, Abbie Deal’s and her own, in their struggle to obtain a private room in the American West. Drawing on the concept of “a semiprivate room” and on the unique features of Western spaces, the article demonstrates how both texts challenge spatial and gendered conventions and show alternative spaces for artistic production. These spaces occupy a liminal position between the public and the private, the domestic and the artistic, thus questioning the notion of separate spheres.