Customer churn in the banking sector represents a critical challenge due to intense market competition and the high costs associated with customer loss. This article presents a multi-criteria comparison of four advanced supervised models: Neural Network, XGBoost, LightGBM, and CatBoost, which were applied to the churn prediction problem using real banking datasets. The evaluation focuses on three fundamental dimensions: predictive performance, computational efficiency, and model explainability. In terms of predictive performance, standard metrics such as Accuracy, Precision, Recall, and F1-Score were used, along with ROC and Precision-Recall curves. The results showed that CatBoost achieved the highest overall performance with an Accuracy of 0.868 and an F1-score of 0.596, followed by LightGBM and XGBoost, slightly outperforming the neural network in recall and overall balance. Regarding efficiency, LightGBM stood out for its fast training and prediction speed, while CatBoost demonstrated strong stability without the need for manual encoding of categorical variables. For interpretability, Shapley Additive exPlanations (SHAP) techniques were applied to analyze the contribution of key variables, which is essential in regulated banking contexts. The combination of results identified CatBoost as the model with the best balance between precision, efficiency, and explainability. Therefore, the multi-criteria comparative approach provides a robust basis for selecting predictive models in the financial industry, maximizing customer retention, and optimizing strategic decision-making.
Introducción: la vía que conecta Alóag–Santo Domingo es uno de los ejes que conecta las regiones costa y sierra del Ecuador, presenta alta recurrencia de deslizamientos debido a condiciones geomorfológicas, climáticas y antrópicas, mientras que la información existente resulta limitada y poco dinámica; en este contexto, la geomática y la teledetección permiten generar cartografía actualizada para la identificación de zonas críticas. Objetivos: Analizar espacialmente la vulnerabilidad a deslizamientos en la vía Alóag–Santo Domingo, durante el período julio 2024 – junio 2025, mediante el uso geomática para generar cartografía técnica y especializada que permita delimitar zonas críticas. Metodología: el estudio se realizó utilizando un diseño no experimental, transversal y correlacional con enfoque mixto. Para procesar y descargar datos de sensores remotos (SRTM, CHIRPS, Sentinel-1 y Sentinel-2), se utilizó Google Earth Engine. Las variables se normalizaron a través de la lógica difusa para realizar un análisis multicriterio y evaluar la susceptibilidad, que fue validada usando métricas estadísticas como tasa de éxito y AUC. Resultados: las variables con mayor peso fueron la pendiente, acumulación de flujo y orientación, con un índice de consistencia AHP de 0.04, las métricas de validación indicaron un AUC de 0.82 y un 85.71% de deslizamientos concentrados en zonas de alta y muy alta susceptibilidad. Conclusiones: la integración de geomática, análisis multicriterio y lógica difusa permite generar modelos robustos, reproducibles y actualizables para la evaluación de susceptibilidad, siendo una metodología replicable que fortalece la gestión preventiva del riesgo. Área de estudio general: Ambiente. Área de estudio específica: Gestión de Riesgos y Desastres Naturales. Tipo de artículo: Artículo original.
La investigación se enfocó en determinar la relación existente entre la procrastinación y el estrés académicos en alumnos de educación superior, para lo cual se llevó a cabo un estudio con enfoque cuantitativo de alcance correlacional, e implementando un diseño no experimental y de corte transversal. La muestra aplicada estuvo compuesta por 384 estudiantes que se seleccionaron promedio de un muestreo de carácter no probabilístico por conveniencia. Asimismo, la información se obtuvo por medio de la integración de un cuestionario conformado por 10 ítems desde la perspectiva de la escala Likert, cuya confiabilidad tuvo un Alfa de Cronbach de 0.821, procesando la información en el software IBM SPSS Statistics, con ayuda de estadísticos descriptivos, así como de la prueba de normalidad tanto de Kolmogorov-Smirnov y el coeficiente de correlación de Spearman, lo cual permitió encontrar hallazgos sobre un predominio solo de nivel medio, tanto de la procrastinación como del estrés académico, destacando que no existe una relación de forma estadística entre (ρ = -0,007; p = 0,897). Por lo cual, se concluye que la procrastinación y estrés académico tienen un comportamiento independiente, y que no tienen ninguna incidencia en la población estudiada.
"Preguntamos con mucha frecuencia qué aprenden los niños pequeños. Deberíamos preguntarnos, con igual urgencia, en qué tipo de relaciones lo aprenden." Suzanne Denham, Emotion Development Laboratory, George Mason University Hay una paradoja que acompaña la producción académica sobre primera infancia desde hace al menos treinta años: mientras la evidencia científica sobre el desarrollo socioemocional temprano ha crecido a un ritmo sin precedentes, la distancia entre esa evidencia y quienes crían y educan niños menores de seis años permanece obstinadamente amplia. Los hallazgos se acumulan en revistas especializadas, se debaten en congresos internacionales y se sintetizan en reportes técnicos de organismos multilaterales. Los padres, entretanto, navegan en un océano de información inconsistente, atravesado por recomendaciones contradictorias, narrativas simplificadas y, con demasiada frecuencia, por culpa. Este libro nació de la incomodidad que esa paradoja me ha producido durante dos décadas de trabajo en investigación, formación de posgrado y consultoría de políticas públicas en América Latina y Europa. No escribí este texto para divulgar. La divulgación tiene sus propios géneros, sus propios artesanos y sus propias virtudes, y no pretendo disputarle ese espacio. Lo que aquí se ofrece es algo distinto: un texto universitario de referencia que somete los fundamentos conceptuales, los hallazgos empíricos y los debates metodológicos de la disciplina al escrutinio que merecen cuando el destinatario es un lector formado. El estudiante de posgrado en psicología educativa o en ciencias de la familia, el profesional de atención temprana que busca actualizar sus marcos interpretativos, el investigador que se inicia en el campo: para ellos está escrito, no para el padre que quiere saber si debe limitar las pantallas de su hijo de dos años o para la madre que pregunta si es normal que su hija de cuatro llore al entrar al jardín. Aunque, dicho esto, no excluyo que algunos padres con formación universitaria encuentren aquí respuestas más satisfactorias que las que les proporciona la industria del parenting. La primera infancia como objeto de estudio tiene una historia relativamente corta si se mide en décadas de investigación sistemática, pero profunda si se mide en la densidad de sus transformaciones conceptuales. Cuando Bowlby formuló su teoría del apego en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, lo hizo apoyándose en la etología, en la teoría de sistemas y en una observación clínica minuciosa que los métodos cuantitativos de la época no habrían podido capturar con la misma riqueza. Cuando Ainsworth desarrolló el procedimiento de la Situación Extraña en la década de 1970, abrió una ventana empírica que, décadas más tarde, seguimos mirando para entender cómo la calidad del vínculo temprano organiza la arquitectura emocional de una persona. Las teorías clásicas no están ahí para ser reverenciadas: están para ser sometidas a la evidencia contemporánea, confirmadas donde corresponda, matizadas donde sea necesario y abandonadas cuando la acumulación de datos lo exija. Ese es el tratamiento que recibirán en estas páginas. Tres principios organizadores atraviesan el libro de manera transversal. El primero es el de la interacción constitutiva entre biología y experiencia. El desarrollo socioemocional no es la maduración de un programa genético ni la simple impresión del entorno sobre una arcilla maleable. Es el resultado de una conversación continua, que comienza antes del nacimiento, entre un organismo con disposiciones constitucionales específicas y un entorno relacional que las activa, modifica o inhibe. La neurociencia de los últimos quince años, con sus técnicas de neuroimagen funcional aplicadas a poblaciones pediátricas, ha dado sustancia empírica a lo que antes era un principio conceptual: los cuidados tempranos dejan huellas físicas en circuitos cerebrales, en la metilación del ADN, en la reactividad del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. Esas huellas no son, afortunadamente, inamovibles, pero tampoco son triviales. El concepto de plasticidad neuronal, tan frecuentemente invocado para consolar a padres angustiados, no debe convertirse en un borrón y cuenta nueva que minimice el impacto acumulativo de la adversidad temprana. El segundo principio es el de la embeddedness contextual, o lo que prefiero llamar, siguiendo a Bronfenbrenner, el carácter sistémicamente situado del desarrollo. Ningún niño se desarrolla en el vacío de una díada aséptica. Se desarrolla en una familia con su historia, con sus recursos económicos y sus pérdidas, con sus modos propios de entender qué significa ser un buen padre o una buena madre. Esa familia vive en un barrio, en una ciudad, en un país, en un momento histórico particular. El confinamiento pandémico de 2020 y 2021 fue, entre otras cosas, un experimento natural que demostró de manera brutal cómo los microsistemas familiares, cuando son privados de los recursos de los ecosistemas circundantes la escuela, la red de pares, los abuelos, el parque, colapsan bajo una presión para la que no estaban diseñados. Los estudios longitudinales de seguimiento post-pandemia que se citan en el capítulo cuatro ofrecen datos que ningún tomador de decisiones debería ignorar. El tercer principio es el de la pluralidad de trayectorias válidas. Una de las deudas más significativas de la psicología del desarrollo, y de la investigación sobre crianza en particular, es su tendencia a universalizar trayectorias que fueron descritas en poblaciones muy específicas mayoritariamente blancas, de clase media, angloparlantes, urbanas y a tratar las desviaciones de esa trayectoria como patologías o déficits. Los estudios transculturales recientes, las investigaciones sobre crianza indígena y afrodescendiente en América Latina, y el creciente cuerpo de trabajo sobre variabilidad temperamental han erosionado la pretensión de un desarrollo socioemocional normativo universal. En este libro se intentará, de manera consistente, distinguir entre aquello que parece genuinamente universal la necesidad de un vínculo de apego, la emergencia de la empatía, la función organizadora del lenguaje en la regulación emocional y aquello que es, más probablemente, específico de contextos culturales particulares. Una nota sobre el título merece atención antes de avanzar. El desarrollo socioemocional en los niños menores de 6 años: un desafío para los padres podría leerse, en una primera aproximación, como un texto que coloca en los padres el peso de la responsabilidad por el desarrollo de sus hijos. No es esa la intención, ni sería coherente con el marco teórico que sostiene el libro. El desafío que enuncia el título es, simultáneamente, un desafío para los padres, para las instituciones educativas, para los sistemas de salud, para las políticas públicas y para los investigadores. Que los padres aparezcan en el título no los hace los únicos responsables: los hace los actores más próximos, los que operan en el microsistema más inmediato y de mayor impacto en los primeros años de vida. Pero un niño de tres años que crece en un hogar con inseguridad alimentaria severa, en un barrio con violencia cotidiana y con una madre que trabaja doce horas diarias en condiciones de informalidad laboral no está enfrentando un problema de crianza. Está enfrentando un problema político. La distinción importa. La estructura del libro sigue una lógica acumulativa. El primer capítulo establece los cimientos: define el constructor de desarrollo socioemocional frente a constructos afines, examina las bases neurobiológicas del desarrollo emocional temprano y revisa tanto las teorías clásicas como los modelos contemporáneos que proveen marcos para pensar los primeros seis años de vida. El segundo capítulo despliega la secuencia temporal de los hitos del desarrollo, desde la sonrisa social del primer mes hasta la regulación emocional mediada por el lenguaje que emerge entre los tres y los seis años, con atención especial a los factores de variabilidad individual y a los instrumentos de evaluación disponibles en contextos hispanohablantes. El tercer capítulo desplaza el foco hacia los padres: sus estilos, su sensibilidad, su capacidad de mentalización, su propia salud mental, y la dinámica coparental como variable frecuentemente subestimada en la investigación. El cuarto capítulo amplía el ángulo hacia el contexto: la pobreza, la tecnología, la calidad del entorno educativo, la diversidad cultural y las secuelas de la pandemia. El quinto revisa de manera crítica la evidencia sobre intervenciones y programas de parentalidad positiva, de aprendizaje socioemocional, comunitarios y tecnológicos con particular atención a la brecha que existe entre la eficacia demostrada en condiciones controladas y la efectividad real en los contextos latinoamericanos. El sexto, finalmente, asume el rol que le corresponde al cierre de un texto académico riguroso: nombrar lo que no sabemos, identificar las limitaciones metodológicas del campo y proponer una agenda de investigación y práctica que sea, al mismo tiempo, científicamente fundada y políticamente realista. Cada capítulo se abre con un epígrafe de un investigador activo en el campo, no de un filósofo cuya cita sirva de ornamento retórico sin anclaje empírico. Cada uno cierra con un apartado de discusión crítica y con preguntas de reflexión pensadas para el trabajo en seminario o para la reflexión individual. Las referencias bibliográficas de cada capítulo no son un inventario: son una conversación con la literatura, y el lector encontrará en ellas tanto los textos fundacionales del campo como los artículos más recientes, muchos de ellos publicados entre 2021 y 2025. Debo decir algo sobre el lugar desde el que escribo, porque la transparencia epistémica es parte de la honestidad académica. He pasado veintidós años investigando el desarrollo socioemocional en contextos latinoamericanos y europeos, he dirigido tesis doctorales en ambos continentes, he sido consultor de UNICEF y de la OEI en programas de crianza positiva y he formado a varios miles de profesionales de atención temprana en talleres y cursos de posgrado. Ese recorrido me ha dejado convicciones teóricas que no pretendo disimular. Creo que el modelo bioecológico de Bronfenbrenner-Morris sigue siendo el marco más útil para pensar el desarrollo en contextos complejos. Creo que la función reflectiva parental, en el sentido que le da Fonagy, es probablemente el mecanismo más potente disponible para mejorar los resultados socioemocionales de los niños sin recurrir a intervenciones costosas e inaccesibles para la mayoría. Y creo que la investigación latinoamericana sobre primera infancia, aunque ha crecido notablemente en la última década, sigue subestimándose a sí misma cuando acepta el papel de réplica periférica de los grandes estudios anglófonos en lugar de formular preguntas propias desde sus propias realidades. Esas convicciones son argumentos, no dogmas. Donde la evidencia las contradiga, lo señalaré. Donde el debate esté genuinamente abierto, lo presentaré como tal. El lector no encontrará en este libro una voz que pretenda haber resuelto preguntas que la disciplina todavía está aprendiendo a formular con precisión. Este texto es el resultado de un proceso de escritura sostenido a lo largo de dos años, interrumpido varias veces por los compromisos de la investigación activa, enriquecido por las discusiones en los seminarios de posgrado que he tenido el privilegio de facilitar, y corregido a veces con incomodidad por los señalamientos de colegas que leyeron versiones anteriores. A todos ellos les debo más de lo que las convenciones académicas permiten expresar en un prólogo. A los estudiantes, que son en última instancia la razón de existir de cualquier libro universitario, les debo la honestidad de haberme esforzado en cada página por ser riguroso sin ser oscuro, y por ser accesible sin ser superficial. Si en algún momento este libro les permite ver el mundo emocional de un niño de dos años con ojos un poco más claros y, como consecuencia, actuar con un poco más de sensibilidad hacia él, habrá cumplido su propósito.
El manejo de las malformaciones congénitas con indicación quirúrgica ha experimentado un cambio de paradigma debido a la transición desde intervenciones posnatales reactivas hacia un modelo proactivo de planificación interdisciplinaria. Esta investigación analiza el impacto de la integración entre la medicina materno-fetal, la neonatología, la cardiología y la cirugía pediátrica en el pronóstico de los recién nacidos con anomalías estructurales mayores. Mediante una revisión crítica y documental de la literatura científica de los últimos años, se evalúa la eficacia de la estratificación prenatal de riesgo y la aplicación de protocolos estandarizados e intervenciones de alta complejidad como los procedimientos Ex-Utero Intrapartum Treatment (EXIT), la técnica SIMIL-EXIT y la microcirugía fetal intrauterina. Los resultados demuestran que la toma de decisiones conjuntas, la educación y consejería familiar estructurada, y la planificación precisa de la vía, lugar y momento del nacimiento reducen significativamente la morbimortalidad perinatal, evitan la ventilación mecánica invasiva y la morbilidad pulmonar asociada, acortan la estancia en la unidad de cuidados intensivos neonatales y optimizan la transición adaptativa del neonato, mejorando el desarrollo motor y cognitivo a largo plazo.