
El resurgimiento del nacionalismo y los enfoques transaccionales de la política exterior estadounidense —expresados con particular intensidad durante los mandatos de Donald Trump (2017-2021 y 2025-2029)— profundizaron la crisis del multilateralismo y la fragmentación del orden internacional. En este marco, el artículo analiza la evolución del financiamiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) entre los años 2000 y 2023 como un caso ilustrativo de las tensiones que atraviesan la gobernanza global en salud. Mediante un enfoque cualitativo basado en análisis documental, se muestra cómo la creciente dependencia de contribuciones voluntarias —del 43 % del presupuesto en 2000 al 87 % en 2023— ha reducido la autonomía institucional y ha profundizado las asimetrías de poder en el sistema internacional. El estudio sostiene que los mecanismos financieros no solo expresan, sino que también reproducen las dinámicas de un orden global en transición, caracterizado por el menor compromiso de las potencias tradicionales con la cooperación multilateral y la expansión de nuevos actores transnacionales privados. Desde perspectivas críticas latinoamericanas, se examina el impacto desigual de estas transformaciones en el Sur Global.
La pandemia de COVID-19 en América Latina estuvo acompañada de una infodemia inédita: una sobrecarga de información, tanto veraz como falsa, que obstaculizó la toma de decisiones sanitarias. En un artículo de la serie COVID- 19 y estrategia de respuesta, Chaccour y Vilasanjuan sostienen que en Brasil, Colombia, México y Perú la combinación de infodemia, trumpismo digital y competencia geopolítica debilitó la legitimidad democrática y la confianza institucional al alterar la percepción y el comportamiento de los ciudadanos. Esta erosión incentivó la polarización interna y facilitó la injerencia de potencias externas mediante estrategias de soft power y sharp power. El artículo compara cómo estas narrativas digitales influyeron en los países estudiados y argumenta que las estrategias comunicativas asociadas al trumpismo digital —basadas en la polarización, el descrédito de la ciencia y la difusión de noticias falsas— reforzaron las dinámicas de desinformación. Esta influencia fortaleció la polarización social y amplificó la circulación de información falsa en la región. Asimismo, en el artículo se demuestra que la infodemia actuó como un vector geopolítico, ya que potencias externas, en particular Estados Unidos, China y Rusia, la aprovecharon para proyectar poder blando mediante iniciativas como la “diplomacia de las vacunas”. Al mismo tiempo, la manipulación informativa en el marco de la infodemia permitió implementar campañas de desprestigio que socavaron la confianza en Occidente (Guevara, 26 de abril de 2023). El estudio concluye que la desinformación agravó la crisis de legitimidad democrática en la región. Específicamente, la infodemia disminuyó la efectividad de la política pública al dificultar la percepción social de la evidencia, lo cual, a su vez, impulsó la polarización social y permitió la injerencia externa mediante estrategias comunicativas.
La interacción entre securitización y desinformación configura lo que puede conceptualizarse como una geopolítica del miedo, donde cualquier situación percibida como amenaza se interpreta como un asunto de seguridad nacional o internacional, y la percepción se transforma en un recurso de poder que condiciona decisiones, alianzas y dinámicas de gobernanza global. Acontecimientos recientes, como la pandemia de COVID-19, evidenciaron cómo el miedo puede ser instrumentalizado para generar cohesión o fragmentación social. Durante este período, la difusión masiva de rumores, teorías conspirativas y discursos polarizantes amplificó la incertidumbre pública y debilitó la confianza en la ciencia y en las instituciones. De esta manera, la desinformación no solo es un fenómeno comunicativo, sino también una forma de poder blando (soft power) capaz de incidir en la toma de decisiones colectivas y en procesos de securitización de la política. El artículo tiene como objetivo ilustrar esta dinámica con el segundo mandato de Donald Trump caracterizado por un enfoque populista, unilateral y transaccional. En este marco, las redes sociales y la desinformación se consolidan como instrumentos estratégicos para la proyección de poder, la presión internacional y la configuración de agendas políticas.
En el presente artículo, se le dará un marco interpretativo a la identidad dual china a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en América Latina, y así se determinarán cuáles son los impactos de esta identidad dual en los países emergentes a los que asociamos al denominado Sur Global. Entendemos que es necesario abordarlo con una mirada que destaque el rol de China en un concierto internacional en crisis y en proceso de transformación. La República Popular China, como potencia sistémica, es la única nación del Sur Global que puede generar cambios en el orden internacional con iniciativas como la mencionada. Sin embargo, como veremos, para el caso de Latinoamérica —y puntualmente de Sudamérica a pesar del interés común por la iniciativa—, aún no se han concretado proyectos de envergadura que favorezcan un cambio productivo en la región. Para ello, en el presente trabajo se abordará desde una mirada global de cambio sistémico, lo que a la vez nos permite entender el rol del gigante asiático en el mundo, su accionar como potencia y su vínculo con el Sur Global, además de qué significa y qué impactos tiene la identidad dual para los países emergentes de América Latina miembros de la iniciativa.