
Brevemente se analiza el cuento “Hierbas aromáticas”, de Ángel Bonomini. En primera instancia, se parte de algunas reflexiones en torno a la literatura fantástica y del concepto de región paraxial de Rosemary Jackson para explicar un espacio intermedio que se abre dentro del cuento, en donde convergen diferentes dimensiones: el sueño y la vigilia, la vida y la muerte, la verdad y la ficción. Para la configuración de este espacio, el autor se sirve de una variedad de recursos metaficcionales y la superposición de planos diegéticos que evidencian la artificialidad del relato. Esta arista autoreflexiva habla de un deseo de pensar la literatura desde sí misma. Finalmente, la convergencia del carácter fantástico y metaficcional crea un contrapunto donde los amantes que protagonizan el cuento revelan una dimensión que trasciende la articulación del mecanismo literario y toda explicación racional
Uno de los problemas que conciernen tanto a filósofos como a historiadores podría formularse de esta manera: ¿cuál es nuestra relación con la historia? Pero la tarea del filósofo y la del historiador ante este problema es diferente. En este trabajo nos proponemos desarrollar una serie de intuiciones acerca de la experiencia de la historia desde un enfoque fenomenológico. ¿Cómo es nuestra experiencia de la historia? Lo que vamos a defender es que la experiencia de la historia forma parte de nuestro modo de ser y que nuestra vida cotidiana se despliega en un horizonte histórico. Este horizonte es intersubjetivo, es decir, social, y en él se entrelazan diversas generaciones que se dejan motivar e influir unas por otras. Defendemos que el estudio de la historia no tiene como finalidad comprender el pasado, sino el presente, y para ello las narrativas ocupan un lugar central.
Se busca redefinir epistemológica y políticamente la bioética, tomando en consideración las transformaciones metafísicas a las que estamos asistiendo en los tiempos actuales. En este derrotero de redefinición, consideramos que se trata de investigar las condiciones por las cuales lo que es llegó a ser lo que es, y de ese modo planificar las coordenadas de lo porvenir. Para ello proponemos un seguimiento histórico de las condiciones contextuales en que aparece la bioética como un campo disciplinar de investigación y de transformación de realidades sociohistóricas. En tal recorrido vemos primero, las disputas epistemológicas e institucionales de la bioética en su origen, y el modo en que la bioética se incardina en los procesos de conciencia ecológica y del advenimiento del capitaloceno. Se propone suplantar la ética con una bioética, asentada en el principio precautorio, en la heurística del temor y en una ciencia posnormal alejada del poder y al servicio de la comunidad.
Pese a su experimentación técnica y su prosa notable, los cuentos de Juan Vicente Melo han carecido de interés crítico fuera de su natal Veracruz. Este artículo busca provocar relecturas propositivas de su obra mediante el análisis estilístico y formal del peculiar narrador de uno de sus cuentos (“Viernes: La hora inmóvil”), de su libro Fin de semana (1964), y su vínculo con las ideas del deseo y la violencia miméticos de René Girard. La hipótesis es que el relato propone un narrador acusador que rompe sus límites de focalización y posee facultades de omnisciencia e influencia mental para impulsar la violencia transgeneracional y causar la muerte sacrificial del protagonista, por lo que podría caracterizarse como un espíritu del mal.
En este trabajo se examinan las condiciones históricas en las que se acuñó la categoría “pueblos originarios” en la perspectiva de relevar la categoría “indígena” en discursos de índole social-cultural; asimismo, se discuten los contextos políticos, culturales y sociales de la emergencia de dicha categoría en la política, la academia y los medios de comunicación. Entre aquellas condiciones se consigna la generalización de las luchas por la reivindicación de los “derechos” y las “identidades” de los pueblos indígenas en el horizonte de la descolonización y los discursos “progresistas” inspirados en la jerga de los “estudios culturales”. El trabajo presume que las aplicaciones de la categoría no ha sido objeto de una discusión académica rigurosa que ofrezca respuestas sobre su fundamentación epistemológica, conceptual y semántica, asimismo critica su condición retórica y su tendencia a esencializar lo relativo a la condición indígena.