
Este trabajo examina la hipótesis de la existencia de combates singulares incruentos y danzas guerreras entre las sociedades ibéricas. A través de una metodología multidisciplinar, combinando el análisis de fuentes literarias grecorromanas con el de las fuentes iconográficas y marcos históricos comparables, esta investigación desafía la existencia de duelos incruentos en la península ibérica en la Antigüedad. En el registro literario se documentan ocho combates singulares entre los años 206 y 45 a. C., todos los cuales acabaron en la muerte de uno de los contendientes, a excepción de en un relato ambiguo. La iconografía representa de manera constante desenlaces fatales, con armas atravesando cuerpos o mostrando a los propios cadáveres. Las danzas guerreras se distinguen de estos combates por varios elementos, incluyendo la ausencia de una confrontación directa con las armas. Así, llegamos a la conclusión de que los duelos incruentos son proyecciones anacrónicas de códigos de honor modernos en contextos antiguos. Por otro lado, mostramos cómo en la iconografía ibérica se diferencia entre el combate mortal y las danzas guerreras grupales.
El problema de la cronología de la cerámica ibérica es una cuestión intrínseca al propio material. La deficiencia documental a la hora de excavar sus contextos de aparición ha dado lugar a que estas producciones hayan comenzado a aglutinarse en torno a talleres, series y pintores sólo desde los últimos años del siglo XX y los primeros del s. XXI. Este mismo problema ha repercutido también en el caso de Cabecico del Tesoro, donde la necrópolis se encuentra aún inédita noventa años después del inicio de las excavaciones. Así pues, la revisión directa de todas las piezas de la necrópolis y la identificación de algunos materiales importados y/o imitados en sepulturas que carecían de datación permiten no sólo ofrecer fechas para la producción local del taller del Verdolay, sino también aglutinar sus series productivas e incluso buscar el origen de estas. El trabajo propone la hipótesis que el arranque del taller coincide con el final de la Segunda Guerra Púnica y con un posible traslado de artesanos venidos de otras regiones como la Edetania en busca de nuevos mercados tras la destrucción de los oppida en los que se encontraban afincados.
Este trabajo presenta los resultados de un estudio sistemático sobre más de 170 emplazamientos con Equipos de Molienda Rupestre (EMR) ubicados en el noroeste peninsular analizados en los últimos años. Hasta ahora, la ausencia de estudios detallados dificultaba la comprensión y contextualización de estos conjuntos, a pesar de su importancia para el conocimiento de la Prehistoria Reciente en esta región. Su relevancia radica tanto en su vinculación con espacios de representación como en su singularidad dentro del contexto ibérico. En este estudio se ha llevado a cabo un análisis tipológico de los EMR en relación con la producción de molinos y morteros, examinando su distribución territorial en la región. Para ello, se ha empleado la fotogrametría como herramienta principal, lo que ha permitido obtener datos volumétricos y morfométricos de 1.144 estructuras, compuestas por 502 molinos y 642 morteros. Los principales resultados del análisis tecno-morfológico evidencian la existencia de una convención técnica y una Cadena Técnico Operativa en la elaboración de estas estructuras. Asimismo, se han identificado hasta cuatro tipologías diferenciadas de EMR, en las que se establecen relaciones entre los componentes de los artefactos (molinos y morteros), así como variaciones en su tamaño y volumen de trabajo.
Este artículo tiene como objetivo proponer nuevas interpretaciones sobre el papel de la mujer en las comunidades de la Edad del Hierro ibérica en el sureste de la Península Ibérica. A partir del estudio de varias necrópolis situadas en esta zona, se propone un modelo de organización social en el que la mujer constituye un eje esencial de las estructuras de poder. Estas necrópolis abarcan un amplio marco cronológico que muestra la evolución de esta sociedad a lo largo de los siglos. Gracias a los estudios antropológicos de los restos óseos de las tumbas, se conoce la elevada presencia de mujeres en las necrópolis de los siglos centrales del primer milenio a. C. Muchas de ellas se encuentran además en lugares destacados, inaugurando espacios funerarios que darán orden a la necrópolis y donde posteriormente se enterrarán nuevas tumbas. Asimismo, los ajuares funerarios que las acompañan revelan un alto estatus social, a menudo relacionado con actividades productivas, como la textil, que eran de gran importancia en la estructura económica de estas comunidades.
Este artículo analiza el papel de las bellotas en la vida cotidiana y en el imaginario colectivo de las comunidades meseteñas de la II Edad del Hierro, centrado especialmente en el oppidum de Numancia. A partir del estudio de fuentes clásicas se examina el clima y el consumo de bellotas, relacionándolos con las evidencias arqueobotánicas del registro arqueológico. Se explora el aprovechamiento de las bellotas de encinas y otras especies del género Quercus, destacando su relevancia económica y alimenticia, así como la iconografía de la bellota como un indicador simbólico de su valor social y cultural. A través de un enfoque SIG, se presentan mapas de usos potenciales del suelo que contextualizan la disponibilidad de recursos forestales en el entorno de Numancia, complementados con estimaciones sobre la población del oppidum y su territorio. Finalmente, se discuten las capacidades productivas de la bellota y su aporte nutricional, evaluando su potencial como recurso alimenticio en un contexto marcado por limitaciones agrícolas y climáticas. Las conclusiones subrayan la importancia de las bellotas no solo como alimento, sino también como elemento integrador en la economía y el imaginario numantino.
El topónimo pliniano Ossigitania se muestra en la actualidad como un ámbito ambiguo, vagamente definido por las fuentes escritas y por su aparente constatación epigráfica, que lo sitúa en el Alto Guadalquivir. La ubicación y delimitación de este territorio y su teórica capital, Ossigi Latonium, ha generado un dilatado debate historiográfico que consensua en emplazarlo, no sin reticencias, en el paraje actual de Cerro Alcalá (Jimena/Torres, Jaén). En este trabajo se recoge y analiza la información epigráfica y textual, se valoran los datos arqueológicos y se establece un punto de partida para la implementación de una metodología arqueológica mediante la que plantear nuevas aproximaciones al conocimiento histórico de la Ossigitania.
Uno de los debates intelectuales más relevantes es el planteado por los nuevos materialismos y realismos en filosofía, sociología y ciencias naturales. Desde una pluralidad de disciplinas, se vindica el papel de los objetos materiales en la producción de mundo y de sociedad, y se critican las concepciones hegemónicas que consideran la materia como un receptáculo inerte y pasivo a merced de las obras, designios y deseos de un sujeto autónomo. Autorías como Latour, DeLanda, Meillassoux o Barad proponen aproximaciones no antropocéntricas en las que se enfatiza la importancia de los ensamblajes materiales, la vitalidad de la materia y la contingencia en la configuración de las sociedades no tan solo humanas. Hasta el momento, las repercusiones en arqueología del debate neomaterialista han sido limitadas tanto en alcance como en profundidad. Los primeros ecos han sido agrupados bajo la etiqueta "arqueología simétrica", aunque los potenciales efectos en los planos ontológico y epistemológico de nuestra disciplina superan los límites de esta corriente y de la propia arqueología. El principal objetivo de este trabajo es situar los términos generales del debate y apuntar cuáles son sus fuentes intelectuales primarias, para que la discusión en arqueología, presente y por venir, tenga lugar con el mayor conocimiento de causa. La relevancia de lo que está en juego involucra disciplinas vecinas, en especial la historia del arte, con la que la arqueología comparte problemas y retos. Finalmente, reflexionamos sobre los primeros impactos en la investigación arqueológica de los enfoques neomaterialistas y neorrealistas, y advertimos sobre el riesgo de convertir estas perspectivas en meras especulaciones teóricas, sin aplicaciones metodológicas claras.
En la presente publicación se analiza el tratamiento especial que recibió el cráneo en varios contextos funerarios de la Edad del Bronce y la I Edad del Hierro en el suroeste de la península ibérica. Tras abordar los casos de estudio, se propone a partir de múltiples paralelos arqueológicos y de fuentes escritas de Próximo Oriente, el Mediterráneo y Centroeuropa entre el III y I milenios a.C., así como etnográficos, que el alma o una de las fuerzas vitales que componen al individuo residió en la cabeza. En base a ello, se reflexiona sobre las bases filosóficas y antropológicas en las que descansa esta idea, haciendo hincapié en el principio de participación como marco teórico.
Los poblados de Campos (1881) y Almizaraque (1905-06) en el Bajo Almanzora y Los Millares (1892) en el Bajo Andarax permitieron a Luis Siret sistematizar el Calcolítico del Sureste de la península ibérica. En la década de los años setenta y ochenta del siglo XX se retomaron las excavaciones en Campos (1976-77, 1985-86) por la Universidad de La Laguna y de Almizaraque (1979-83) por la Universidad Complutense y de Valladolid, que contribuyeron a clarificar significativos aspectos de las excavaciones de Siret. Sin embargo, por la intensidad de las excavaciones de Siret en Almizaraque y la destrucción parcial de Campos, dificultaron una adecuada comprensión de los sistemas de fortificación en ambos poblados, generándose incluso dudas sobre la presencia o no de sistemas de fortificación. Por esos años también se amplió la investigación de la Universidad de La Laguna a dos nuevos poblados fortificados, del Bajo Almanzora, Zájara (1987, 1990), también excavado por Siret en 1904, y Puente de Santa Bárbara (1991). A partir del estudio de la documentación Siret en el Museo Arqueológico Nacional, parcialmente inédita, de Almizaraque y Zájara, de la documentación publicada por Siret en sus excavaciones en Campos y Almizaraque (1890 y 1908) y de las campañas más recientes, se plantea una reevaluación de los sistemas de fortificación calcolíticos en el Bajo Almanzora. Almizaraque y Campos debieron tener recintos concéntricos, de los que conocemos dos en Almizaraque y el más interno con doble muralla en Campos, mientras que los asentamientos más pequeños, Zájara y Puente de Santa Bárbara tienen murallas perimetrales, al menos en los sectores más accesibles. Respecto a las dimensiones reales de sus dos poblados más importantes, Almizaraque y Campos, pudieron tener entre 6 y 12 ha, unas dimensiones comparables a Las Pilas y Los Millares, e incluso superarlas. En cambio, Zájara con 1,88 ha y Puente de Santa Bárbara con 1,50 ha, tuvieron funciones de apoyo, el primero de control visual de la desembocadura del río Almanzora para Campos y el segundo vigilando el vado del río Almanzora para acceder a la mina de cobre de Cerro Minado.
Durante los trabajos de control de movimientos de tierras para la ejecución de la variante de la N-435, Trigueros-Beas (2015) se descubrieron los restos de cinco cistas en las entidades arqueológicas denominadas «Los Torcales 1 y 6». Como parte del ajuar de la reducción ósea de la cista 2 apareció un vaso de los denominados rippenvase por Schubart en su estudio de los ajuares de las necrópolis del Bronce del Suroeste. Cronológicamente los situó en el Bronce del Suroeste II (1100/1000-800/700 a. C.). La evolución de la investigación los ha retrotraído al Bronce Pleno del Suroeste con una cronología entre el 2070/1930-1170/1050 a. C. Sin embargo, a través del análisis de una serie de nuevas piezas podemos acotar su cronología entre el 1875/1850-1500/1400 a. C., convirtiéndose en un indicador de la primera mitad del segundo milenio a. C. para el Bronce Pleno del Suroeste.
Al parecer, fue Marco Terencio Varrón, el erudito universal romano, quien sostuvo que el término lancea no tenía un origen latino, sino hispano. Según los testimonios de la toponimia y la antroponimia, dicho término debería buscarse en el ámbito lusitano, como lo ha señalado la investigación. A este resultado se contraponen aquí los monumentos arqueológicos correspondientes, como las estelas de lanzas del sur de Aragón y de la región de Baetulo. Estas son consideradas los relieves decorados prerromanos más significativos de la Edad del Hierro en el norte de la península ibérica. Sin embargo, el presente análisis las identifica como lápidas romanas del período imperial, características de una región específica del interior entre Zaragoza, Lérida y Teruel. Los comitentes podrían haber sido grupos sociales emergentes, como los libertos, que surgieron a finales del siglo I y principios del siglo II d.C. Para ellos, la representación funeraria mediante lanzas ofrecía un medio de expresión que les permitía, por un lado, proyectar su propia identidad y, por otro, manifestar al mismo tiempo una adhesión a los valores tradicionales.