
Este artículo presenta y considera el Archivo Carol Smith a la luz de las diferentes valencias que le da Jacques Derrida a la noción de «impresión» en Mal de archivo. Una impresión freudiana (1995). Este archivo, recientemente donado al Museo de la Solidaridad Salvador Allende, consiste en una serie de materiales impresos recopilados por la profesora estadounidense Carol Smith durante su estadía en Chile en 1972. Este artículo, la primera publicación sobre este acervo, narra la historia de la transformación de esta colección personal en archivo, desde su conformación en 1972 hasta su actual repatriación. El artículo propone el proceso de la Unidad Popular como un gobierno que sabía excepcional y por lo mismo quiso producir su propia memoria, como un movimiento con voluntad o «fiebre» de archivo. Editorial Nacional Quimantú, cuyas publicaciones conforman la mayoría de los materiales de este archivo, es testimonio de esta voluntad. El artículo releva el valor de esta colección como un movimiento a contrapelo del «dispositivo desaparecedor» (Calveiro) implementado por la dictadura, el que también intentó borrar las huellas del proceso histórico de la Unidad Popular, desde/en un presente asediado por otras máquinas institucionales de olvido y borradura.
Este artículo examina las prácticas artísticas de Clemencia Echeverri, Juan Manuel Echavarría y Nadia Granados como intervenciones estéticas en la «necromáquina» colombiana, un dispositivo de poder que ha naturalizado la violencia y la muerte a través de décadas de conflicto armado, narcotráfico, paramilitarismo y violencia estatal. Ampliando el concepto de intervención de los estudios culturales hacia la dimensión de la experiencia perceptual y afectiva, argumento que estas prácticas introducen fricciones y cortocircuitos en los mecanismos discursivo-afectivos que sostienen el dispositivo necropolítico. Para ello, Echeverri recurre a una estética de lo sublime que opera en dos momentos articulados: un exceso sensorial que disuelve momentáneamente la consistencia del yo y un anclaje semántico que permite reconstituirlo en una relación afectiva distinta con la violencia. Echavarría despliega una estética forense que moviliza la indexicalidad de objetos y cuerpos para producir un «efecto de verdad» que interrumpe la normalización y amplifica las prácticas comunitarias de memoria y resistencia. Granados confronta el entumecimiento sensorial con múltiples registros de choque simultáneos que revelan los mecanismos de la necromáquina y obligan al espectador a reconocer su propia complicidad con la violencia. Las tres estrategias comparten la capacidad de transformar al sujeto distanciado en un sujeto sensibilizado y potencialmente dispuesto a la resistencia, lo que les confiere a estas obras un valor social y político que trasciende los criterios convencionales del campo del arte.
Este artículo examina el catálogo de Empresa Letras, proyecto editorial dirigido por Amanda Labarca entre fines de la década de 1920 y comienzos de la de 1940, con el propósito de comprender sus estrategias comerciales, culturales y materiales dentro del campo editorial chileno. A partir del registro de 348 libros distribuidos en 13 colecciones, de las cuales se revisaron 12, el estudio analiza la composición del catálogo, sus autores, géneros, nacionalidades, públicos lectores y formas de circulación. Se sostiene que Empresa Letras articuló una doble vocación: por un lado, la difusión de literatura, pensamiento, divulgación científica y obras de prestigio internacional, por otro, la inserción en un mercado masivo mediante libros baratos, colecciones populares, literatura policial y títulos de alto potencial comercial. El análisis muestra una fuerte presencia de autores europeos, especialmente franceses e ingleses, una baja representación de autorías femeninas y latinoamericanas, y una relación compleja con prácticas editoriales de reproducción, traducción y eventual apropiación de materiales extranjeros. En conjunto, el artículo propone reconsiderar a Labarca no solo como intelectual, educadora y feminista, sino también como agente editorial activa en la modernización cultural chilena.
Este artículo aborda las distancias epistemológicas entre la estética occidental y las ontologías relacionales, a través del análisis del "enigma de Schultes" en relación con la planta del yagé (Banisteriopsis caapi). En la tradición occidental, la estética ha sido dominada por una perspectiva antropocéntrica que separa al sujeto del objeto, consolidada en los trabajos de Kant, Hegel y Croce. En contraste, la ontología animista de los pueblos amazónicos considera que plantas como el yagé poseen agencia, conciencia e inteligencia, lo que les permite participar activamente en procesos de significación y conocimiento. La capacidad de los informantes de Schultes para identificar variantes de yagé sin recurrir a los sentidos convencionales desafía las nociones científicas occidentales, mostrando que el yagé es más que un objeto de estudio. Basándonos en la semiótica de Peirce, sugerimos que el yagé expande la cognición humana al amplificar la capacidad sensorial, permitiendo nuevas formas de interacción con el entorno natural. Finalmente, se propone que la ontología amerindia de base animista es una "ecosofía sonora", un enfoque multisensorial que reintegra lo humano y lo no humano en una estética relacional, desafiando el paradigma monocular occidental y el excepcionalismo humano desde el cual opera la ciencia moderna.