
Este artículo realiza un recorrido por las principales aportaciones de la filósofa italiana Teresa de Lauretis al pensamiento feminista contemporáneo. Para ello, en un primer momento, nos centraremos en su propuesta genealógica y crítica del feminismo. Más allá de la opresión de género y de una concepción homogénea del patriarcado como sistema de poder, De Lauretis desplaza el eje fundacional tanto del feminismo llamado de la igualdad como de la diferencia, para descender a la materialidad de los cuerpos y sujetos. Por ello, analizaremos, en un segundo momento, su conocida teoría sobre la tecnología del género, como dispositivo simbólico-discursivo y representativo-visual, para finalizar en su propuesta más importante y polémica sobre una subjetividad excéntrica y descentrada.
En este texto, propongo leer las movilizaciones feministas de los años recientes como una «revuelta virtuosa» que tiene un fuerte componente ético-político por su capacidad de proponer una vida mejor que se declina no solo como vida vivible, sino como vida deseable, en la medida en que no apuesta solo a resistir al impacto del deterioro de las condiciones de reproducción de la existencia, sino también a reactivar e impulsar imaginarios alentadores de futuro. La hipótesis es que la movilización feminista en las regiones del Sur global impulsa imaginarios de futuro en un momento en el que la aspiración a un futuro deseable parecería haber sido clausurada por un contexto marcado fuertemente por la crisis. Los desafíos aquí no son pocos: las diferencias entre mujeres y la multiplicación de sujetos que puede observarse en las movilizaciones masivas invitan a revisar el problema de la identidad y del sujeto del feminismo. Se trata de saber si siempre es necesario un fundamento ontológico fuerte para un proyecto emancipador. Cuando observamos desde el interior de estas luchas, parece evidenciarse que la deconstrucción de las identidades no implica necesariamente el final de la política. No obstante, sí aparecen una serie de desafíos que hacen necesario ensayar articulaciones y formas de reunión novedosas. De esta última preocupación, nace la idea de una política feminista de lo común, con la que deseo apuntar a un horizonte de futuro esperanzador, no solo para el
En este artículo se analiza la fuerza agregativa de la amistad política entre mujeres para la acción “onlife”: en vida, en vivo y en línea, durante el ciclo de protestas feministas en México entre 2016 y 2021. En este periodo, lo político emerge prefigurando una comunidad de mujeres que se declaran vivas y que invocan a las desaparecidas y asesinadas como destino compartido. El movimiento empezó con hashtags como #VivasNosQueremos. Siguió con movilizaciones y acción directa en las redes digitales y en el espacio físico, para “que el miedo cambie de bando”. Su potencia logró desestabilizar los ejes ordenadores del antagonismo, mostrando que el poder está donde las mujeres se juntan, adoptando la propuesta asociativa de la política de Hannah Arendt. En su devenir como laboratorio de producción simbólica, las mujeres crearon palabras, heterotopías y espacios otros, tomas de monumentos, ocupaciones, artivismo y llamados a quemar y destruirlo todo, señalando al Estado como responsable con #MéxicoFeminicida.
Los debates contemporáneos en torno a la noción del consentimiento a menudo contraponen una comprensión del mismo en términos de ley y una comprensión del mismo en términos de deseo. De la mano del diagnóstico efectuado por Michel Foucault, ambos conceptos se articulan dentro del dispositivo de sexualidad moderno del cual, según el autor, es necesario liberarse. El artículo acompaña la invitación del autor a explorar una nueva cultura del sexo que se despliegue a partir del placer y no del deseo.
Hoy en día, una nueva corriente de teorización marxista-feminista queer sobre la familia-abolicionista está reavivando la voluntad de las feministas contemporáneas de imaginar, políticamente, lo que las liberadoras de la mujer de los años setenta llamaban “la maternidad contra la maternidad”. Al mismo tiempo, la expresión “momrade”, es decir, madre + camarada, ha circulado de forma persistente en el siglo XXI en foros en línea mantenidos por comunidades de madres y/o izquierdistas. Este artículo se pregunta: ¿qué pasaría si, en nombre de la abolición de la familia, nos tomáramos la broma totalmente en serio? ¿Qué convierte a una “mamá” en una “madre-camarada”, o viceversa? ¿De qué manera el trabajo de reproducción, concebiblemente, participa activamente en las luchas de clases, produciendo nuevos mundos (y desproduciendo otros)? ¿Cómo se deshacen las artes colectivas de la maternidad? ¿Y cómo funciona el verbo “maternar” (mothering) para abolir el estado actual de las cosas? El punto de partida elegido para explorar estas cuestiones es el concepto de xenohospitalidad, un término que tomo prestado de Helen Hester, una de las autoras del Manifiesto Xenofeminista, que lo define como la apertura a lo ajeno, una definición que relaciono estrechamente con la “camaradería”. Además, el significado del término “abolición de la familia”, aquí, se resume acertadamente con la fórmula “xenofam ≥ biofam”; abolir la familia no es destruir las relaciones de cuidado y crianza, sino, por el contrario, ampliarlas y hacerlas proliferar. Al reflexionar sobre las condiciones de posibilidad de tales relaciones de parentesco universalmente xenofamiliares —es decir, de camaradería—, este artículo aboga implícitamente por la utopía en los estudios feministas sobre el parentesco. Sin embargo, fundamenta esta utopía en experiencias de primera mano de trabajo informal de “doula de la muerte”. La labor de cuidar (mothering) a la propia madre se ofrece como una práctica potencial de des-maternarse (un-mothering) una misma y los demás. De hecho, el argumento gira en torno a estas observaciones auto-etnográficas sobre el duelo materno, porque el acontecimiento de la muerte de la madre de la autora interrumpió y se inmiscuyó en la teorización feminista implicada.