
Las pomas de olor fueron un tipo de joya muy popular que se utilizó durante la Edad Media y la Edad Moderna. En su interior se introducían sustancias como el ámbar o la algalia para evitar los malos olores y proteger a su dueño de las enfermedades. En el presente trabajo se abordará lo siguiente: qué eran las pomas, qué contenían, qué tipologías hubo y cómo se utilizaban. Así pues, se propone un acercamiento a estas alhajas no solo como un accesorio suntuoso, sino también como un objeto que tenía una función clara, evitar las afecciones.
La obra titulada Habitar en el Madrid del siglo XVIII. Formas de residencia y cultura material entre los servidores de la monarquía, tiene vocación de convertirse en un punto de partida para una renovación historiográfica mucho más profunda en el campo de la historia social, de la historia cultural, la historia de la vida cotidiana y la cultura material. No en vano, recientemente ha sido reconocida con el premio SEESXVIIII 2024 que la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII otorga a la mejor monografía dieciochista publicada en 2023. Se plantea la posibilidad de comprender la vivienda como un elemento vivo, una construcción socio – cultural, ahormada por las personas que la habitaban. Por lo tanto, las residencias serían un reflejo de estos actores sociales. Una imagen que, a su vez, permitiría definir a sus moradores.
Las contribuciones del presente dossier se han estructurado en tres ejes alrededor de la idea de seducción del olfato. El primero se centra en la cuestión del uso de los olores en la medicina y en la higiene, en particular para combatir la pestilencia y purificar el aire. El segundo eje se dedica a la fascinación por los olores como incentivo creativo e innovador de técnicas o artísticas. El tercero se enfoca en los potentes efectos de los perfumes en el campo de la espiritualidad y la devoción.En los últimos años, los cuerpos han recuperado centralidad en las investigaciones históricas, por lo que la materia sensible de las sociedades del pasado se posicionó como una vía de pesquisa plausible y originó el campo de los estudios sensoriales. El estudio de las sensaciones de los sujetos históricos resulta atrayente y pertinente ya que no son abstracciones intelectuales, sino experiencias vividas, que nos pueden cómo las sociedades han utilizado a los sentidos para ordenar e integrar a sus miembros. Los esquemas sensoriales son analizados de forma holística o individual, de modo que algunos sentidos han recibido más atención que otros. Durante largo tiempo, el olfato fue un sentido olvidado por los historiadores, sea por su sutileza, por la evanescencia de los testimonios o por el desprecio que se le tiene a causa de considerar el olor como un elemento de la vanidad. Al olfato, en efecto, se lo ha colocado en el nivel más bajo de la jerarquía de los sentidos, como lo demostró Anthony Synnott. Pero, desde el incienso de la misa, los rituales funerarios, los olores de la comida, hasta los perfumes del cuerpo, el olor es omnipresente e indispensable para comprender el vínculo social de los integrantes de una cultura.Los olores se perciben a través de filtros culturales y provocan sensaciones que nacen de una construcción social.
A finales de la Edad Media y principios del Renacimiento, la perfumería estaba muy presente en la sociedad. Existía un gran interés en aromatizar estancias de determinados edificios con motivo de algún festejo religioso o cultural, impregnar de olores algunas prendas de vestir y, sobre todo, perfumar la piel, el cabello e incluso la barba masculina. Evidentemente, la Corona de Castilla no era ajena a esta realidad odorífera, así lo demuestran diversas recetas técnicas de los siglos XV-XVI, conservadas en bibliotecas y archivos hispanos, que proporcionan una extraordinaria información para elaborar ciertas fragancias para su consumo diario. Con esta propuesta, ofrecemos un acercamiento al estudio de la perfumería castellana de aquellos momentos, a través del modo de fabricación y los ingredientes necesarios para obtener aguas de olor, aproximándonos así, a una perspectiva sensorial del ámbito oloroso de nuestros antepasados.
Las congregaciones marianas instituidas por los jesuitas a partir de 1563 participaron de un doble movimiento de defensa y expansión del catolicismo. Constituidas como bastión del papel fundamental de la Virgen María en la fe cristiana frente a la crítica de luteranos y calvinistas; también colaboraron decisivamente en la evangelización, considerada como un perfume que se extendería por todo el mundo. En este artículo, tras recordar la importancia que tuvo para los primeros jesuitas su devoción a Nuestra Señora, abordaremos algunas imágenes aromáticas que ocuparon los comentarios y meditaciones jesuitas acerca de la vida de la Madre de Dios y del rosario en su recorrido histórico. Y una de ellas, la del incensario identificado con la Virgen María del que partiría el humo perfumado de la palabra de Dios, nos llevará finalmente a considerar algunos ejemplos de prácticas evangelizadoras en Asia y América relacionadas con la fragancia de Nuestra Señora.