
Este artículo plantea que la música es más que un fenómeno físico-acústico, más que un conjunto de cuerpos sonoros; encierra múltiples esencias, saberes y sabores que dotan de sentido su influencia en la comunidad que la utiliza y se expresa a través de ella. Para desarrollar esta idea, se toma como referencia el alabao, canto ritual del Pacífico colombiano, especialmente observado en la cuenca del río Atrato, a partir de tres elementos fundamentales: la persona, la cotidianidad (en un territorio específico) y la música. Así mismo, se enfatiza en la perspectiva de que investigar la música no se limita únicamente a lo que se percibe con el oído.
En una época tecnologizada dominada por la distracción, escuchar música puede ser un acto revolucionario en lo más cotidiano. Así, en primer lugar, propongo reivindicar la forma musical y la capacidad de escucha como vectores de humanidad y fortalecimiento de los vínculos sociales. Es a esta vertiente a la que se refiere el concepto de resonancia de Hartmut Rosa, como remedio a la alienación y la aceleración que desembocan y tienen su origen en la distracción. En segunda instancia advierto las derivas de indiferencia y dispersión propias del digitalismo y uno de sus dispositivos clave, el teléfono inteligente, en cuanto pueden ser agentes de distracción e incapacitar para la escucha de música, en el sentido más humanista del término. En consonancia con el objeto de reflexión, el artículo es manifiestamente ensayístico y en cierto modo literario y poético, así como crítico en lo que concierne al sistema tecnológico digital.
Este artículo examina la convergencia de las corrientes artísticas modernas en Colombia a mediados del siglo xx, centrándose en la ópera Los hampones, reconocida como la única obra representativa del teatro total colombiano. Compuesta por Luis Antonio Escobar con libreto de Jorge Gaitán Durán, la ópera sintetiza las tendencias estéticas más relevantes de la época, en un contexto donde la cultura nacional buscaba consolidar su vínculo con el modernismo internacional. Estrenada en 1961, la obra se destaca por su innovación estética y su capacidad para fomentar el diálogo crítico; sin embargo, este trabajo compositivo cayó en el olvido prácticamente desde su estreno, pasando desapercibido para la musicología colombiana. Este estudio constituye la primera aproximación académica a la pieza, cuyo análisis musical revela un lenguaje compositivo ambicioso definido por armonías vanguardistas, timbres distintivos, texturas dinámicas y técnicas rítmicas poco convencionales. Estos elementos logran reflejar con precisión la tensión e introspección de los personajes, enmarcando la obra en un paisaje musical propio del modernismo sonoro del siglo xx. De este modo, el artículo reivindica una creación fundamental que, a pesar de su temprana desaparición del canon interpretativo, representa un hito de sofisticación técnica y vanguardia en la historia de la música académica en Colombia.
Este artículo elabora una introducción general a la filosofía de la música de Ernst Bloch en El espíritu de la utopía para demostrar la falsedad de dos de sus principales convicciones sobre la historia de la música, presentes a lo largo de su obra: (1) que la polifonía es un fenómeno exclusivamente europeo inventado durante la Edad Media y ausente en las demás culturas; (2) que la polifonía es históricamente posterior a la monodia. Afirmamos que se trata más bien de lo contrario: la polifonía es abundante en las músicas del mundo y es anterior a la monodia. Por último, se busca extraer las consecuencias de este descubrimiento en la teoría de la subjetividad sobre la que se asienta la filosofía de Bloch, y se postula a la vez la necesidad de complementar su idea del arte como expresión de la interioridad con la idea opuesta del arte como escucha del proceso del mundo y captura emotiva de la realidad.