
El presente artículo explora la génesis del «materialismo militante» en el discurso de Lenin, analizando su evolución a través de dos periodos fundamentales (1905-1909 y 1919-1922). Argumentaremos que las posiciones filosóficas de Lenin, lejos de constituir un sistema teórico abstracto, fueron una herramienta política moldeada por el contexto socio-histórico de la Rusia zarista y la revolución. El análisis se centra en la relación entre la lucha política de Lenin, sus debates con la intelectualidad rusa y la formación de las instituciones académicas soviéticas. Finalmente, el artículo reflexiona sobre el modelo de planificación socialista del conocimiento.
A partir de una mirada construida desde la filosofía política nuestroamericana y la epistemología crítica nos preguntamos sobre las potencias y los sesgos de la metáfora de Caliban para pensar el devenir político y emancipatorio en Latinoamérica. Recuperamos la postulación de Fernández Retamar sobre la “mirada calibanesca” como lugar de enunciación diferencial y emancipatorio constituido desde el “maldecir”. Damos cuenta de los personajes conceptuales que se despliegan en este teatro filosófico y del devenir del esclavo a partir de su maldecir en la lengua del opresor, mostrando las tramas entre raza y clase. Visibilizamos el sesgo epistemológico que posee la mirada calibanesca en torno a las mujeres, especialmente la de Sycorax, su madre asesinada por Próspero. Proponemos como contrapunto al devenir de Caliban un devenir mujer que supone la interseccionalidad de raza, clase, género y territorio. Lo hacemos desde los aportes críticos de Silvia Federici y Rita Segato a fin de renovar la mirada dialéctica Próspero-Caliban y denunciar la invisibilización y violencia sistemática sobre las mujeres, asumidas como territorios de disputa y venganza.
El artículo está dividido en dos secciones. La primera explicita la actitud teórica de Aristóteles cuando investiga el comportamiento de los seres vivos sintientes. Al respecto, su renuencia a emplear ideas universales bajo las cuales clasificar al particular, y el recurso a la metáfora analógica como estrategia recurrente para describir las capacidades y el “carácter” (Aristóteles, 1995, 488b13) de los sentientes. La segunda parte argumenta que sus textos biológicos no presentan la brecha insalvable entre animal humano y no humano, como sí puede colegirse de sus obras políticas. Concluimos que, a partir del examen de las capacidades de los animales sintientes, es atinada una distinción entre los que viven y los que viven bien, florecen o prosperan (Nussbaum, 2022). Esta distinción funda la consideración moral de los animales y la posibilidad de volverlos sujetos de derechos.
Este artículo explora la relación entre Étienne Balibar y Merleau-Ponty en lo que respecta a la convertibilidad de la violencia revolucionaria. Ambos autores consideran que la violencia es un elemento irreducible de la existencia humana y, a través de diferentes itinerarios intelectuales, analizan los riesgos que puede suponer para la política emancipadora el recurso a la violencia, siempre impredecible. La figura de la conversión hegeliana se enriquece en Balibar con una perspectiva psicoanalítica que le permite plantear la posibilidad de una violencia inconvertible. En Merleau-Ponty, por su parte, la violencia está trágicamente ligada a la contingencia para llegar a conclusiones similares. Consideramos que se trata de un diálogo filosófico sorprendentemente ausente en el trabajo sobre la violencia realizado por Balibar en el contexto de Violence et Civilité.
En el presente artículo exploraremos el nexo decisivo entre cultura, libertad y orden nuevo desde dos perspectivas convergentes que contribuyeron a desanquilosar a un materialismo histórico que había renunciado demasiado pronto a librar la batalla espiritual. Frente a la tentación de reducir al marxismo a una mera ciencia económica, ambos pensadores optaron por restituir su dimensión fundamental de filosofía de la praxis y asumieron que la transformación material del mundo no tendría lugar sin una paralela reforma moral e intelectual de los sujetos. Así, tanto para Gramsci como para Mariátegui, la cultura ocupó un lugar preponderante como escenario de una lucha decisiva para la forja de un nuevo orden de libertad que viniera a reemplazar al desgastado ideario liberal.