
La conmemoración del 250 aniversario de Alexander von Humboldt en 2019, fue una excelente oportunidad de reflexionar sobre el legado de este ilustre explorador. La atención que Humboldt recibía, se aprovechó para desarrollar una discusión sobre la actualidad de su pensamiento y sus logros científicos en su contexto histórico. No obstante, también se hizo evidente una serie de problemas en la interpretación de su obra: desde la heroización de su persona, que la convierte en un mito, o la apropiación e instrumentalización de su persona para fines ajenos a sus propios intereses, hasta la crítica postcolonial, que la ve como otro representante más del imperialismo europeo. Este artículo explica las distintas imágenes de Humboldt, los motivos en los que se basan estas interpretaciones y los problemas que generan. Finalmente, intenta ofrecer soluciones para llegar a una lectura más realista de su legado, más allá de su subestimación o de su sobrevaloración.
El artículo examina el uso de El federalista en los debates constituyentes argentinos de 1949. Muestra cómo, pese al cuestionamiento del Partido Peronista al liberalismo de la Constitución de 1853, la doctrina norteamericana –asociada a esa tradición– desempeñó un papel central en su argumentación. El peronismo recurrió estratégicamente a El federalista y al modelo estadounidense para defender tres ejes de su proyecto reformista: la reelección presidencial indefinida, la legitimidad del proceso constituyente y el carácter revolucionario de la reforma. En su conclusión, el artículo propone releer la reforma de 1949 como una reedición privilegiada del debate fundacional del constitucionalismo argentino: la disputa sobre la originalidad o autenticidad de la Constitución de 1853.
Alexis de Tocqueville y Judith Shklar leyeron El federalista con la misma pasión, pero con énfasis temáticos y modos de abordajes diferentes. Cuando posaron sus ojos europeos en la política y el pensamiento político estadounidense, sus miradas no siempre se cruzaron: él encontró una sociología política de la sociabilidad e instituciones democráticas; ella una psicología de las pasiones del electorado. Sin embargo, desde las primeras líneas artículo primero tanto Tocqueville como Shklar identificaron un lenguaje de la ciencia política tan novedoso como la revolución democrática moderna, un experimento que encontró en los Estados Unidos de fines del s. XVIII y principios de siglo XIX su primer laboratorio. Y gracias a su diálogo con Publius encontraron, tal vez sin haberlo buscado, una sensibilidad teórico-política que ponía a las emociones en primer lugar, y hacía del miedo una salvaguardia de la libertad.
El propósito de estas páginas es recrear –siguiendo las pautas de Walter Savage Landor– una conversación que tuvo lugar a finales de 1793 –el año del Terror– entre el historiador filósofo Edward Gibbon, el estadista y orador Edmund Burke y monseñor Charles Erskine, nuncio del Papa en Inglaterra. El trasfondo de esa conversación nos interesa aún al pensar en la forma política adecuada al presente: entre la Declinación y caída del Imperio romano y las Reflexiones sobre la Revolución en Francia –los títulos de las obras más conocidas de Gibbon y Burke– puede establecerse una relación paradigmática, en la que la Iglesia católica sería un tercer pilar. Gibbon y Burke formaban parte de la larga controversia sobre las afinidades electivas entre la Revolución (entendida como una violación de la res publica europea) y el Imperio