
El artículo da cuenta de un proceso de investigación artística basado en dos enfoques complementarios al momento de estudiar nuestra (inter)relación con la materia, uno propuesto desde el campo de la arqueología cognitiva contemporánea, Material Engagement Theory (MET), y el otro desde un marco extenso presente en las artes, las humanidades y las ciencias sociales desde inicios del S.XXI: el nuevo materialismo. En ese sentido, se presentan los aspectos fundantes sobre los que se proponen estos enfoques señalando cambios a nivel ontológico y epistemológico en relación a la materia, tomando a su vez en cuenta que estaríamos operando desde un marco cognitivo que reconoce la integración cerebro-cuerpo-mundo y en esa medida toma distancia crítica del dualismo cartesiano (mente/cuerpo). El presente texto busca dar cuenta de la relevancia que adquieren para el ámbito de la práctica y la investigación artística tales planteamientos, en la medida que nos ofrecen miradas críticas con el antropocentrismo en términos cognitivos y materiales al momento de estudiar el proceso creativo.
Este artículo propone una reflexión estética y filosófica sobre los modos de aparecer de las víctimas de la desaparición forzada en la fotografía chilena durante la dictadura cívico-militar (1973–1990). A partir del análisis de las prácticas de imagen desarrolladas por los familiares de personas detenidas desaparecidas, se examina la fotografía como un dispositivo capaz de sostener vínculos, memoria y resistencia política allí donde se quiso imponer el borramiento del cuerpo y la negación de la muerte. El texto articula estas prácticas con la obra performativa del artista chileno Hernán Parada González, cuya intervención desplaza el estatuto representacional de la imagen hacia una experiencia liminal en la que el cuerpo se abre como anclaje de memoria y tiempo de un otro. Desde un marco teórico que integra aportes de Hans Belting para girar hacia la filosofía de Henri Bergson, se sostiene que la imagen fotográfica no opera únicamente como documento o signo, sino como un umbral entre cuerpos y tiempos. En este sentido, la práctica artística analizada constituye una forma radical de resistencia ontológica frente al proyecto de borramiento que la desaparición forzada intentó imponer.
La transformación radical del dibujo a lo largo del siglo XX coincide con la expansión de teorías feministas decisivas en torno a la performatividad y la agencia del cuerpo y la materia. El objetivo general de este artículo consiste en abordar críticamente el creciente interés práctico y conceptual por la dimensión performativa en el dibujo, razonando una praxis artística que indaga en la nebulosa dimensión de lo intermedio. Se arguye que la interpretación semiótica de la gráfica como índex/índice permite desarrollar una conceptualización fundamental del trazo en relación con la acción. Desde aquí, la sinergia con disciplinas que se determinan en el movimiento y la expresión corporal, como la coreografía, conduce a un creciente entendimiento performativo del dibujo que desafía la lógica objetualizante del pensamiento tradicional, focalizando una visión de la acción como generadora de sentido. El giro performativo y la consolidación de estrategias interactivas (intra-activas) conlleva consecuencias profundas a nivel social, ecológico y político, al reivindicar el rol activo del sujeto en la dinámica relacional. Las conclusiones extraídas contribuyen de manera significativa a contextualizar nuevas tendencias en el dibujo contemporáneo, un fecundo campo de experimentación artística en los intersticios entre distintas disciplinas.
Este artículo presenta una revisión crítica del postvandalismo como fenómeno estético, político y curatorial en el arte contemporáneo, analizando su genealogía, principales estrategias, artistas, hitos expositivos y tensiones socio-espaciales. Se introducen precedentes artísticos desde John Divola y Gordon Matta-Clark hasta las pintoras expresionistas abstractas, y se aborda la consolidación del término por académicos y curadores como Stephen Burke. Se desentraña el papel de la espectacularización y el mercado en la activación y potencial despolitización de estas prácticas, y se revisan marcos teóricos que permiten comprender el postvandalismo como “resto” conflictivo y motor de agencia crítica en la producción de espacio público y digital. Además, se profundiza especialmente en la convergencia entre postvandalismo y arte postinternet, poniendo en relieve cómo ambas tendencias hibridan la acción urbana y la diseminación digital, y replantean la producción del espacio público contemporáneo a través de la viralidad y la participación colectiva. El estudio sostiene que el arte postvandálico, lejos de ser una mera estetización del daño, reactiva zonas de conflicto, identidades y memorias alternativas frente a la lógica mercantil y el consenso institucional. Se proponen líneas de investigación sobre las condiciones que podrían permitir mantener vivo el potencial activista y crítico de este arte insurgente.
En un mundo marcado por diversas crisis y narrativas hegemónicas, este artículo examina cómo tres propuestas artísticas chilenas —“Crisálida” (2021) de Margarita Carrasco, “Hackeo material” (2022-) de Dai-Liv y “Códigos encarnados” (2022) de Hypereikon y Sutilmetal— desplazan la centralidad humana al reivindicar formas de inteligencia no antropocéntricas. A través de los conceptos de bug (Wilkox, 2017), animalidad (González, 2021) y hackeo (Soria, 2021), se muestra cómo estas obras interpelan la corpo-política patriarcal-binaria-antropocéntrica, favoreciendo agencias subterráneas, colaborativas y disruptivas. Partiendo del origen computacional del término bug —una polilla que estropeó el Mark II en 1947—, el análisis cualitativo, situado en un marco ciberfeminista y de nuevos materialismos, revela la potencia política de lo microscópico y accidental para desestabilizar sistemas de poder e imaginar ecologías micropolíticas de resistencia.